Vladimir Putin y Xi Jinping
Vladimir Putin y Xi Jinping

En los años de la Guerra Fría (1953-62) y hasta la disolución de la Unión Soviética (1989), el Kremlin operó en África para promover los levantamientos contra el colonialismo y por la liberación de los poderes europeos. Forjó estrechos vínculos militares y diplomáticos con varios países africanos y participó en las guerras internas de Angola, Etiopía y Mozambique. A la vez que promovía movimientos de guerrilla como el que encabezó el Che Guevara en Congo. En los noventa y la primera década del siglo XXI, Rusia tenía demasiados problemas internos como para ocuparse de una expansión. Vladimir Putin revirtió este rumbo drásticamente en los últimos años y comenzó a mirar nuevamente a África con avidez por sus recursos naturales y la posibilidad de expandir su poder político. Y en ese proceso no se vio enfrentado a Estados Unidos, como fue habitual por décadas, sino con China que tiene en África el terreno más propicio para su voracidad de recursos naturales y búsqueda de influencia.

El gobierno de Beijing tiene la capacidad de invertir y prestar grandes cantidades de dinero a los africanos. Ya financió más de 3.000 proyectos de infraestructura a gran escala y otorgó créditos por al menos 86.000 millones de dólares a los gobiernos del continente. Y la "diplomacia económica" se extiende más allá del nivel gubernamental: más de 10.000 pequeñas empresas chinas operan en el continente. La influencia de Estados Unidos está en retroceso en todo el mundo y sus máximos rivales, Rusia y China, están ocupando los espacios vacíos que dejó en África.

Desde que las naciones occidentales sancionaron a Rusia por anexarse a Crimea en 2014, Moscú firmó 19 acuerdos de cooperación militar con países de África subsahariana, incluidos Etiopía, Nigeria y Zimbabwe. Moscú también está detrás de los 54 votos de los estados miembros del continente en las Naciones Unidas, tres de los cuales forman parte del Consejo de Seguridad, y que pueden resultar muy importantes para las ambiciones globales de Putin.

Dmitri Bondarenko, antropólogo e historiador del Instituto de Estudios Africanos en Rusia, explicó que "Estados Unidos y las potencias europeas no son muy queridas en África. Y muchos ven a Rusia y China como los países que se opondrán a Occidente. De ahí que cualquier oferta que venga desde Moscú o Beijing sea bienvenida en la mayoría de los países africanos que necesitan financiamiento y mercados para expandir sus economías".

Institutos Confucio en África
Institutos Confucio en África

Más del 50% de los países del mundo con la tasa de crecimiento anual más alta de los últimos veinte años son africanos. Para 2030, se espera que el 43% de todos los africanos se unan a las clases media y alta, y el consumo de los hogares se prevé que llegará a los 2,5 billones de dólares. Para 2035, la cantidad de jóvenes que alcanzarán la edad de trabajar en África superará la del resto del mundo en su conjunto. África está despegando y nadie se quiere perder el vuelo inaugural.

Rusia demostró que está dispuesta a apostar en grande por este crecimiento. Entre 2010 y 2017, el comercio total ruso-africano aumentó de 1.600 millones de dólares a 4.200 millones. Pero esa es una cifra modesta si se la compara con la penetración china. Durante el mismo período, el comercio total de China con África subsahariana casi se duplicó y llegó a 165.000 millones de dólares. Mientras que Estados Unidos está en franca retirada. El comercio estadounidense en la región en esos siete años se redujo a la mitad, para llegar a 37.000 millones de dólares. Howard W. French explica la situación de esta manera en su libro "El segundo continente chino": "Al darse cuenta de que África había sido desechada por Occidente tras la Guerra Fría, Beijing consideró que el continente era el lugar perfecto para que las empresas chinas convirtieran África en la base para sus negocios internacionales. Sin duda, no perjudicó que África también fuera el depósito de una inmensa proporción de recursos globales, materias primas que eran vitales tanto para la extraordinaria expansión industrial de China como para su impulso general para la reconstrucción nacional".

El Politburó del PC Chino también apuesta por una expansión cultural. Abrió en África más de 50 institutos Confucio que cumplen la doble función de enseñar chino mandarín, promover la cultura china y difundir las ideas del aggiornamento económico-político del maoísmo. Las compañías tecnológicas como Huawei abrieron escuelas y universidades para enseñar tecnología. Tanzania es sede del Foro de Diplomacia Pública China-África que incorporó discusiones sobre cultura, bienestar público y bienestar tradicional para construir un entendimiento entre China y las naciones africanas, por lo que "ambas partes ya no tendrán que depender de la prensa occidental para informarse".

Las compañías tecnológicas como Huawei abrieron escuelas y universidades para enseñar tecnología (Reuters)
Las compañías tecnológicas como Huawei abrieron escuelas y universidades para enseñar tecnología (Reuters)

Además, el Foro sobre Cooperación con los Medios China-África se celebró en Beijing en junio pasado para mejorar el diálogo entre ambas partes y para permitir a China "ayudar a África a lograr la excelencia de los medios y el progreso sostenible en la digitalización". La cooperación mediática entre Rusia y África también se está fortaleciendo. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia lanzó un programa para capacitar a editores de alto nivel de medios africanos e invitó a decenas de periodistas a visitar los medios de comunicación rusos y hacer pasantías allí. Y ya hay inversiones rusas y chinas en medios de varios países africanos.

Cuando la República Centroafricana (CAR) pidió ayuda el año pasado para luchar contra las milicias sublevadas, el ex poder colonial, Francia, ofreció armas que había incautado en Somalia. Pero Rusia se opuso y envió nueve aviones cargados de armas junto con decenas de contratistas para entrenar al ejército centroafricano. De esa manera también se aseguraba de resguardar sus inversiones en los proyectos mineros que tiene en la región. Junto a las armas y los contratistas llegó Valery Zakharov, un oscuro personaje del ministerio de Defensa ruso que se convirtió en asesor de seguridad del presidente Faustin-Archange Touadera y procónsul de facto.

CAR vive una guerra civil desde 2013, cuando los rebeldes musulmanes llamados Séléka conquistaron la capital, Bangui, y depusieron al presidente François Bozizé. En respuesta a la violencia y el saqueo de Séléka, las milicias cristianas "anti-Balaka" (anti-machete) iniciaron una sangrienta limpieza étnica de la minoría musulmana del país.

Yevgeny Prigozhin con Vladimir Putin
Yevgeny Prigozhin con Vladimir Putin

Los Sélékas pronto se disolvieron y entregaron el poder sobre la capital a un gobierno reconocido internacionalmente. Pero el 80% del país todavía está gobernado por 14 diferentes milicias que luchan por el control del territorio y las minas de diamantes, oro, cobre o magnesio. El presidente Toudéra fue a pedir ayuda a Rusia para enfrentar a los grupos rebeldes y firmó un acuerdo para "explorar las posibilidades del desarrollo mutuamente beneficioso de los recursos naturales de África Central". Fue cuando Zakharov aterrizó en Bangui junto a 255 asesores militares oficiales y muchos más del Grupo Wagner, una empresa contratista militar privada vinculada al Kremlin formada por paramilitares que combate en Ucrania y Siria. El multimillonario que supuestamente está detrás de Wagner, Yevgeny Prigozhin, es un ex colega del presidente ruso Vladimir Putin en la KGB y está acusado por el fiscal estadounidense Robert Mueller de ser uno de los promotores de la interferencia del gobierno ruso en las elecciones estadounidenses para favorecer a Donald Trump. Tres periodistas rusos que viajaron a CAR para investigar el papel de Wagner en la guerra civil en ese país fueron asesinados bajo circunstancias sospechosas.

Zakharov, que vive en el Hotel Ledger Plaza de Bangui, construido por el ex dictador libio Muammar Gaddafi, negó todas las acusaciones ante el único periodista que logró entrevistarlo: "Algunos dicen que hay 5.000 spetsnaz (fuerzas especiales rusas). Pero, ¿por qué Rusia debería hacer eso? Estamos aquí de acuerdo con el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Nada más. Rusia ha estado en CAR desde 1964. Ayudamos a construir la infraestructura de este país. Había maestros rusos en las escuelas y médicos rusos en los hospitales. Y ahora estamos de vuelta". Yevgeny Shabayev, jefe de otra organización paramilitar de los Cosacos que provee combatientes a los contratistas de seguridad, calculó que podría haber 1.000 milicianos rusos en RCA y entre 5.000 y 10.000 en toda África, particularmente en Sudán, Sudán del Sur y Libia.

A pesar de esto, por ahora, Rusia está gozando de un período de relativas buenas relaciones con los países africanos en los que tiene intereses. China, que ya lleva décadas de penetración en el continente, está recibiendo gestos importantes de resistencia. El mes pasado, en Nairobi, Li Xuhang, embajador de China en Kenia, amenazó con una guerra comercial con la nación de África oriental. Esto se produjo después de una llamada del presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, para detener las importaciones de tilapia (una especie de pescado) china, que estaban inundando el mercado y perjudicando a la industria pesquera local. El gobierno chino respondió con enojo, diciendo que impondría sus propias sanciones a Kenia. También advirtió que podría retener los fondos de la segunda fase del ferrocarril (SGR), que unirá Nairobi con Mombasa, el principal puerto keniata en el Océano Índico. La construcción del SRG está financiado por la República Popular a un costo estimado de $ 3.200 millones de dólares y es el proyecto de infraestructura más grande la historia de Kenia. En unos pocos días la retórica bajó de tono y Beijing aclaró que su asociación estratégica con Kenia no se vería afectada y que "la importación de pescado no puede estar relacionada con otros proyectos conjuntos". Pero los keniatas ya no ven con buenos ojos la intromisión china.

Iniciativa Belt and Road
Iniciativa Belt and Road

Como parte de su Iniciativa Belt and Road, China financió otro ferrocarril de 4.000 millones de dólares que conecta a Etiopía, un país sin salida al mar, con el puerto de Djibouti, donde también abrió la primera fase de un proyecto de 3.500 millones para crear la zona de libre comercio más grande de África. Mientras tanto, en Zambia, está construyendo una planta de cemento al costo de 548 millones. Y varios otros países presentaron proyectos de gran envergadura a los emisarios de Beijing con la ilusión de que se concreten las inversiones. Es que China ofrece un menú único a los líderes africanos: préstamos, ayuda para el desarrollo y financiamiento de infraestructura, a cambio del acceso a los abundantes recursos naturales y los mercados emergentes del continente. El postre es aún más atractivo: Beijing no se entromete en sus asuntos internos y no exige el respeto a los derechos humanos.

Pero también quedaron proyectos a medio terminar, como un pueblo fantasma en Angola, daños ambientales y una espiral de deuda. El proyecto ferroviario etíope terminó costando un 30% más de lo previsto y el gobierno de Adís Abeba tuvo que pedir una reestructuración de la deuda a un muy alto precio. Kenia, que tiene el 72% de su deuda bilateral con China, tuvo un incidente diplomático después de que un importante inversionista chino calificara de "monos" a los keniatas. La prensa de Nairobi publica regularmente investigaciones de maltratos "esclavistas" a los trabajadores keniatas en las empresas chinas. En Zambia, nación productora de cobre, también muy endeudada con Beijing, también hubo un roce diplomático por la financiación de obras en organismos gubernamentales, como la compañía nacional de electricidad y la emisora estatal. Todo terminó con grandes manifestaciones en Lusaca con pancartas y camisetas con las inscripciones de "sayno2china" y "China = Hitler".

La política de penetración comercial y cultural china de largo plazo postergó por un largo tiempo la expansión militar. Pero el año pasado abrió su primera base fuera de China en Yibouti. Con su posición estratégica en el Cuerno de África, cerca de las rutas marítimas más transitadas del mundo, Yibouti también es sede de una gran base francesa, la única base estadounidense en África, un puesto italiano y la única base de Japón en el extranjero. Cuando Rusia quiso entrar en el juego e instalarse también allí, las otras potencias le cerraron el paso. Fue cuando decidió construir un gran centro de operaciones militares en la vecina Eritrea. Y el canciller Sergei Lavrov hizo una muy promocionada gira por Angola, Namibia, Mozambique, Etiopía y Zimbabwe, para firmar una serie de acuerdos para zonas económicas, exploración minera y, además, cooperación militar. Poco después, Dmitry Shugaev, el jefe político de las operaciones militares en el exterior, apareció en la cumbre del BRICS (los países emergentes) para anunciar la firma de un memorando de entendimiento con la Comunidad de Desarrollo del África Austral para la cooperación militar, incluyendo la formación de oficiales en bases rusas.

Paul Stronski de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional comentó en un ensayo que "Rusia siempre se sintió con derecho a tener un papel importante en África por los años en que ayudó a varios países en su lucha anticolonial. Cuando decidió regresar ya tenía a China muy instalada. Entonces, buscó entrar por sus industrias fuertes, la de armamentos y la de infraestructura para la extracción de petróleo. Hoy tienen casi el monopolio de la venta de armas en el continente africano".

Claro que casi dos décadas después de la penetración sino-rusa los africanos están viendo el fenómeno con más preocupación que esperanza. El ex presidente de Zambia, Michael Sata, describió el sentimiento que provoca esta "invasión" en un "paper" que presentó en la Universidad de Harvard: "La explotación colonial europea en comparación con la explotación china o rusa parece benigna. Aunque la explotación comercial fue igual de mala, los europeos invirtieron en servicios de infraestructura social y económica. La inversión chino-rusa se centra en sacar de África todo lo que pueda sacarse, sin tener en cuenta el bienestar de la población local".