Cada vez que un jugador de Fortnite en China o en Alemania  compra skin para su avatar, hace una importación digital desde los Estados Unidos.  (Getty Images)
Cada vez que un jugador de Fortnite en China o en Alemania  compra skin para su avatar, hace una importación digital desde los Estados Unidos.  (Getty Images)

A mediados de 2018, luego de meses de espera, los usuarios de internet en China finalmente pudieron sumarse al universo de Fortnite, que supera los 200 millones de jugadores registrados en el mundo. Si bien Epic Games, el estudio estadounidense detrás del video game, pertenece en un 40% a la inversora china Tencent, el fenómeno no había llegado al país con mayor censura en la red.

Al hacerlo, reveló que la nueva ola de globalización es digital. En general la palabra hace pensar en vigas de acero, soja o electrodomésticos; sin embargo, "la realidad es que la integración de las economías es cada vez más digital y sucede en invisibles ráfagas cotidianas", señaló Bloomberg Businessweek. Por ejemplo, en las horas que distintas personas pasan en Estados Unidos, Brasil, Corea, India, el Reino Unido y ahora China en la plataforma de Fortnite.

"La economía digital está en todas partes, y en buena medida es internacional sin que uno siquiera lo sepa", dijo a la publicación Anupam Chander, profesor de derecho de la Universidad de Georgetown especializado en comercio digital. Y si pocas veces se tiene una idea cabal de la escala de esta nueva ola de globalización es porque mucho del comercio digital elude las estadísticas oficiales, agregó Susan Lund, del Instituto Global McKinsey.

La globalización digital es menos visible, pero genera más riqueza que la circulación de bienes físicos. (iStock)
La globalización digital es menos visible, pero genera más riqueza que la circulación de bienes físicos. (iStock)

Los flujos de datos globales, cuya explosión en 2014 Lund documentó, generaron por sí mismos USD 2,8 billones aquel año, con lo cual tuvieron un impacto en la economía mundial más importante que la circulación de bienes físicos.

Existe una falsa noción —advirtió la Organización Mundial de Comercio— de que los containers llenos de DVDs, por ejemplo, se reemplazan por streaming. No radica allí la importancia de la globalización digital.

"Mientras que teóricamente es gratis jugar a Fortnite, su creador registró miles de millones de dólares en ingresos el año pasado", explicó Bloomberg. La razón: compras de atuendos, skins, bailes o gestos para personalizar los avatares. "Este tipo de transacciones, sin embargo, suele no registrarse adecuadamente en los datos económicos. Si un jugador en China o Alemania compra un atuendo diseñado en Carolina del Norte, en efecto está importando un bien digital desde los Estados Unidos, y colaborando en la manutención de un empleo bien pago en ese país".

Si se piensa en cifras nacionales, el director económico de Google, Hal Varian, puso como ejemplo el impacto que tendría el pago de los sistemas operativos de Apple y Android. Si a los Estados Unidos ingresaran divisas por cada vez que se instala ese software en un teléfono fabricado en China u otros centros productivos asiáticos, "de la noche a la mañana el déficit anual de USD 500.000 millones por bienes y servicios se reduciría en USD 120.000 millones".

A medida que los gobiernos nacionales intentan crear nuevas herramientas para dar marcos legales a la globalización digital aparecen una serie de paradojas.

Por caso, la Unión Europea, que defiende el libre comercio, implementó un Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) "que representa una barrera seria al comercio transfronterizo", señaló Bloomberg. "Los estrictos requisitos de la ley sobre cómo las empresas emplean y almacenan los datos personales constituyen un obstáculo molesto —y costoso— para las empresas que quieren hacer negocios en Europa, según sus críticos".

Y en cambio la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) que realizó Donald Trump, "un declarado proteccionista", contiene "las provisiones digitales más pro-comercio de todos los acuerdos", evaluó el artículo la norma que pasará por el Congreso estadounidense en 2019. Entre ellas consagra el derecho del libre flujo de datos en América del Norte y prohíbe cualquier exigencia gubernamental de conserver en servidores locales incluso información delicada.

Aunque pocos defienden la gran muralla de internet en China, como se llama a la censura oficial, en Occidente surgen preguntas sobre la necesidad de hacer más lento el cambio que, a este paso, no permite que la población se adapte. La intención sería evitar la dislocación masiva que la automatización y la primera ola de globalización causó en la industria de la manufactura en las décadas pasadas.

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