El secreto detrás de la conservación de Leptis Magna, el tesoro romano que asombra al mundo

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982 y en peligro desde 2016 por la inestabilidad en Libia, la ciudad enfrenta hoy una carrera contra el tiempo para preservar un legado de dos mil años

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Vista amplia de ruinas antiguas, destacando una avenida con columnas de piedra en diversos estados de conservación y bloques de escombros bajo un cielo azul despejado.
Leptis Magna, ubicada a 130 km de Trípoli, es uno de los sitios arqueológicos romanos mejor conservados del mundo (Wikipedia)

A orillas del Mediterráneo, a unos 130 km de Trípoli, Leptis Magna, en la actual Libia, se erige como uno de los enclaves más emblemáticos del legado romano. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, la ciudad impresiona por la magnitud y el estado de conservación de sus ruinas, permitiendo vislumbrar el esplendor arquitectónico y urbano que alcanzó África del Norte durante el Imperio romano.

Leptis Magna es uno de los sitios arqueológicos mejor preservados de la Antigüedad porque sus estructuras permanecieron enterradas bajo las arenas del Sahara durante siglos, lo que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, permitió que “la ciudad conserve detalles arquitectónicos y decorativos que en otros sitios comparables han desaparecido con el tiempo“.

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La ciudad fue fundada originalmente por fenicios y vivió su apogeo bajo dominio romano, sobre todo durante el gobierno de Septimio Severo, nacido allí en 145 d.C. Bajo su mandato, la urbe experimentó una transformación monumental: fueron levantados foros, basílicas, templos y un puerto que impulsó el desarrollo económico regional.

El sitio destaca por su sistema de alcantarillado, mosaicos y columnas corintias que permanecen en pie, prueba de la ingeniería romana.

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El esplendor de Leptis Magna en la era de Septimio Severo

El gran impulso para Leptis Magna llegó en 193 d.C., cuando Septimio Severo fue proclamado emperador del Imperio romano. De acuerdo con el Heritage Daily, “convirtió a su ciudad natal en uno de los grandes centros monumentales de África romana, dotándola de edificaciones que rivalizaban incluso con las de la propia Roma”. Durante su reinado, se erigieron estructuras como el Arco de Septimio Severo, el foro nuevo y el mercado, que siguen asombrando a arqueólogos y visitantes por su escala y perfección.

Vista aérea de las ruinas de Leptis Magna con columnas romanas y un teatro antiguo junto al mar Mediterráneo, parcialmente agrietadas por un efecto digital.
El redescubrimiento de Leptis Magna en el siglo XX la transformó en uno de los principales destinos turísticos y científicos del norte de África (Imagen Ilustrativa Infobae)

Leptis Magna llegó a ocupar una vasta superficie, con un urbanismo planificado y una red de infraestructuras que incluía un puerto para las rutas comerciales del Mediterráneo. El historiador británico Simon Keay, de la Universidad de Southampton, indica en un informe de la revista Antiquity: “La integración de Leptis Magna al circuito económico imperial fue fundamental para su prosperidad y para la proyección de la cultura romana en el Magreb”.

Actualmente, los visitantes que logran acceder al sitio —cuyo paso es limitado por razones de seguridad— pueden recorrer avenidas flanqueadas por columnas y admirar relieves que ilustran escenas de la vida cotidiana, desde combates de gladiadores hasta procesiones religiosas. El silencio de las graderías de mármol y la ausencia de multitudes refuerzan la impresión de estar ante una ciudad detenida en el tiempo.

Asimismo, no solo por la magnitud de sus ruinas, sino también por el nivel de detalle alcanzado en sus grabados en piedra y por el sistema de drenaje, que evidencia los avances técnicos de la civilización romana. Según el arqueólogo italiano Paolo Matteini, “pocas ciudades antiguas permiten una lectura tan precisa de la vida urbana romana como Leptis Magna, gracias a la conservación de sus estructuras”.

De la prosperidad al abandono: siglos bajo las arenas

La decadencia de Leptis Magna comenzó tras la crisis del Imperio romano en el siglo III, cuando la ciudad perdió relevancia política y comercial. Después, fue víctima de invasiones y terremotos, lo que aceleró su despoblación. Finalmente, las arenas del Sahara cubrieron sus edificaciones, sellando su destino durante más de 1.000 años.

Vista aérea de un teatro romano en ruinas de piedra, con escalones semicirculares y múltiples columnas en la escena, un hombre de pie en el centro y el mar azul de fondo.
Las edificaciones monumentales como el Arco de Septimio Severo y el puerto reflejan la importancia comercial y cultural de Leptis Magna en el Imperio romano (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este proceso de abandono terminó por actuar como un mecanismo de conservación natural. La capa de arena protegió muros, mosaicos y esculturas contra el desgaste del clima, lo que permitió a los arqueólogos modernos encontrar una de las ciudades romanas mejor preservadas fuera de Italia. National Geographic señaló que “la recuperación de Leptis Magna ha ofrecido a la comunidad científica una ventana al urbanismo y la vida cotidiana en la antigüedad”.

Tras ser redescubierta en el siglo XX, Leptis Magna se transformó en uno de los destinos turísticos más importantes del norte de África, recibiendo miles de visitantes cada año hasta el estallido de los conflictos en Libia en la última década.

Patrimonio en peligro: desafíos para la conservación

En 2016, la UNESCO incluyó a Leptis Magna en la lista de Patrimonio de la Humanidad en peligro, a causa de la inestabilidad política y los conflictos armados en Libia. La organización alertó sobre “la falta de mantenimiento, la exposición a los elementos y la ausencia de especialistas en restauración”, factores que hoy amenazan la integridad de las ruinas.

La arqueóloga libia Fatima Gheriani, consultada por la agencia Reuters, advirtió: “El deterioro avanza a un ritmo preocupante. Sin una intervención internacional coordinada, corremos el riesgo de perder este legado irreemplazable”.

La reducción del turismo internacional, que en etapas anteriores contribuyó a financiar los trabajos de conservación, ha agravado la situación. Por ello, la experiencia está reservada para unos pocos y requiere permisos especiales.

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