
El inminente cierre de "Le Beverley" dejará a París sin su última sala pornográfica, considerada el vestigio de un mundo engullido por la ascensión de internet y los cambios urbanos en las grandes ciudades.
"Ya no habrá más lugares pequeños y escondidos como este, donde las personas podían disfrutar, algunas de ellas con alguna minusvalía o sin posibilidades de ver pornografía en sus domicilios. La necesidad de sexo es muy humana", lamentó su gerente, Maurice Larouche, que ha pasado 34 de sus 74 años al frente de esta sala.
Ninguna de "las bienintencionadas" propuestas que ha recibido para reflotar el cine le convencieron, porque venían de gente que no conoce a fondo el negocio, ni en la parte técnica, ni en la humana. "Hay que saber tener un contacto medido con la clientela, ni mucho, ni poco. Hay que llevarse bien con ellos, pero sin ser demasiado amigo", explicó.
Los ingresos de taquilla han menguado en un 50% en la última década. Internet, que brinda a sus usuarios acceso ilimitado y gratuito de pornografía, influyó en la decadencia del sector de los cines "X", pero no ha sido el factor más importante ni el único.
"La clientela que viene aquí está desapareciendo", constató el gerente mientras atiende al goteo de espectadores, la mayoría de más de 50 años, que pagan USD 15 por un billete y entran y salen del local de manera furtiva.
La sala, con capacidad para 100 personas y en la que trabajan Larouche y otro empleado, está abierta desde el mediodía hasta las 20 horas, tiempo en que se proyectan dos películas de forma sucesiva e ininterrumpida.
En sus más de tres décadas al frente de "Le Beverley", el director de la sala aseguró no haberse encontrado con situaciones especialmente tensas, aunque confesó que sí se ha tenido que intervenir en algunos casos.
"¡Esto es un cine porno, claro que hay situaciones extrañas! Estamos vigilantes y si se pasan de la rosca intervenimos, pero eso sucede en contadas ocasiones", aseveró.
Larouche, casado y con hijos y nietos, aclaró que no se siente un bicho raro y señaló que su profesión es la gestión de la sala y "no tiene nada que ver" con el tipo de películas que se exhiben.
En un tono nostálgico, el hombre evocó que en los años 70, la época dorada de las salas pornográficas, París llegó a contar con unas 40. Hoy la suya es la última en aguantar. ¿Y qué sucederá cuándo baje la persiana?
"Además de morirnos de aburrimiento, supondrá una degradación social para París. La ciudad se convierte en una ciudad museo y se abren las puertas a locales mal frecuentados, de prostitución y de droga", denunció Larouche.
No solo en la capital francesa los cines pornográficos desaparecen, Madrid también dejó de tener ese tipo de espacios para adultos en 2015. Según el gerente, apenas las salas "X" de Japón son todavía rentables.
Con información de EFE
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