Son mujeres las que reciben el 70% de ataques, amenazas de muerte y violación, además de insultos en las redes sociales y entre las comunicadoras que han recibido más odio y acoso se ubica Denise Dresser.
Tal escenario fue analizado por la socióloga Rossana Reguillo, en el programa televisivo de Sabina Berman, donde analizaron que esta práctica incluso ha sido usada por políticos y empresarios para amedrentar a periodistas o comunicadoras preferentemente, mientras que sólo a sus pares hombres apenas se manifiesta en un 30%.
“La que se lleva todo el odio posible es Denise Dresser la semana pasada tras publicar su columna descargamos 12,000 tuits de ataque, la otra es Peniley Ramírez y Frida Guerrera”, detalló Reguillo a Berman, ambas coincidieron en que este tipo de amenazas son mayores hacia mujeres que además tienen un componente sexual, las amenazan de violación, además de llamarlas “putas” y amenazarlas con seguirlas, acosarlas e incluso matarlas.
La violencia en redes contra las columnistas tiene en común la falta de argumentos y la descalificación a través del género. Muchas veces estas expresiones de odio transitan por el plano sexual: “locas”, “malcogidas”, “viejas”, “feas”.
“Es una forma común de desacreditar a mujeres en el espacio público que refleja la grave problemática de machismo que vive el país”, apuntaron.
La politóloga y escritora Denise Dresser lleva décadas dedicándose al análisis político y ha sido crítica tanto de los gobiernos anteriores como el actual de Andrés Manuel López Obrador, lo que le ha traído diversos detractores, ella misma ha denunciado en varias ocasiones que las tecnologías han amplificado estos mensajes que antes solo le llegaban vía correo electrónico.
Desde que recibió su primera amenaza de muerte en 2006, las oleadas de odio no han cesado, con más afluencia desde el gobierno actual, que tiene desde que ganó la presidencia ha mantenido cerca del 60% de aceptación entre la ciudadanía. La escritora se ha convertido en el blanco de los partidarios del presidente por sus duras críticas al Gobierno.
“Vivimos en una era de polarización política donde es muy común desacreditar al mensajero con comentarios misóginos, en lugar de escuchar el mensaje”, afirmó Dresser. “Nunca me enfrenté a un presidente que fuera tan sensible a la crítica en las redes sociales”, agregó.

Incluso en una columna a finales de mayo denunció esta práctica que traspasó a a vida real donde un hombre le gritó y amenazó mientras realizaba compras del súper.
“Muérete, chayotera”, me grita el hombre escondido detrás de un cubrebocas negro, y parado frente a mi carrito del supermercado hace unos meses. “Muérete, chayotera”, ruge una y otra vez, hostil, vociferante, entre las filas de frutas y verduras. Corro, salgo a la calle, volteo a ver si alguien me siguió o si alguien me espera afuera, acechante. No sé qué hacer, a quién llamar, a qué autoridad apelar. Me siento tan sola y desamparada como el día que recibí mi primera amenaza de muerte en 2006. Luego de esa elección turbulenta, en la cual voté por AMLO, pero me deslindé de su comportamiento postelectoral, llegó el primer macanazo a mi correo electrónico: “Andrés Manuel te manda decir que tienes dos opciones: Irte del País o un accidente automovilístico”. Al leerlo sentí pánico. Intuí que lo había enviado algún fanático, de esos que dañan sus causas, pero aun así no podía respirar. Recuerdo haberle hablado al director de Proceso quien me aconsejó denunciar, lo cual hice. No pasó nada, como suele suceder cuando alguien agrede a una mujer o una periodista o a una comunicadora.
Desde aquella primera amenaza hace quince años he recibido miles de mensajes similares o peores, de todos los bandos políticos, de priistas, panistas y anexas. Sólo que ahora Twitter y Facebook amplifican el vituperio verbal, la misoginia acendrada, el sexismo rampante que no rebate argumentos o ideas, y se centra en mi salud mental, mi sexualidad, mi edad, mi físico, mi género, la pareja que se me adjudica, el chayote que supuestamente recibí. Las redes se han vuelto tóxicas para las mujeres. Y no escribo desde la victimización; hablo desde la sororidad para acompañar a otras en vida pública, objetos de una violencia que desde las redes salta a las calles. El ciberacoso que es otra forma de acoso de género como lo explica la organización Ciberseguras.
La columna provocó la solidaridad sobre todo de colegas, pero además se manifestó el Programa de las Américas del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), quien retomó a otras columnistas que también han sido amenazadas e intimidadas.
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