Para comprender por qué existen los años bisiestos, hay que tomar en cuenta el movimiento de la Tierra alrededor del sol en el que se da un desfase por la duración de año trópico, lo que matemáticamente significa que, un año en realidad tiene un ciclo de vida de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 56 segundos, en lugar de sólo 365.
A fin de ajustar dicha cifra, fueron varios los calendarios y los siglos que se requirieron, procurando que a lo largo de toda esa serie de transiciones el diseño del calendario fuera lo más acertado respecto de la rotación de la Tierra, cálculo en el que participaron gobernantes, astrónomos y hasta un papa. El “año bisiesto” deriva del latín “bis sextus dies ante calendas martii (el sexto día antes del primer día de marzo).
Un día extra intercalado entre el 23 y 24 de febrero fue integrado por Julio César en el año 46 a.C. por lo que en su momento fue conocido como calendario juliano, que en un principio fue predominante en el mundo romano para después extenderse a lo largo de Europa. Después fue sustituido, de manera paulatina, por el calendario gregoriano, mismo que fue promulgado por el papa Gregorio XIII.
En el caso de Julio César, sucedió que señaló que el calendario romano no era totalmente puntual en relación al sol y, para aquel entonces ya habían transcurrido siglos de desfases, sumado a que en alguno de sus viajes tuvo oportunidad de conocer el calendario egipcio que le pareció más acertado e interesante. Sin embargo, no fue un tema que Julio César se tomara a la ligera y para ello llamó a Sosígenes de Alejandría, un conocido astrónomo que diseñó el nuevo y más puntual calendario.

El calendario diseñado por Sosígenes era muy similar al egipcio, contaba con 365 días y una variación cada cuatro años, lo que de alguna manera en ese momento resultó un desastre al no tomar en cuenta el desfase anterior, por lo que el 46 a.C. fue uno de los años más largos de la historia, pues duró 445 días en total.
Por lo anterior, el año juliano también es conocido como el año de la confusión, al que se le añadió un día extra cada cuatro años durante febrero, a fin de ajustar el calendario y no fue sino hasta 1582 que la mencionada adecuación desapareció para dar paso al calendario gregoriano, que es el que conocemos actualmente.
Ello fue a raíz de que el calendario de Julio César contaba con un error considerable, pues a pesar de incluir un día cada cuatro años, continuaba durando más de lo debido, es decir, 11 minutos y 14 segundos más, para lo que había que retrasarlo un día aproximadamente cada 130 años. Fue el papa Gregorio XIII quien se decidió a resolver el problema de desfases.
Como asesor, el Papa tomó al astrónomo y jesuita de origen alemán, Christopher Clavius, quien solucionó el problema realizando algunas excepciones a la regla de los años bisiestos, mismos que, bajo su consideración, se mantendrían cada cuatro años, excluyendo a aquellos años que fueran múltiplos de 100, aunque aquellos que fueran divisibles por 400 lo continuarían siendo, como lo fue el caso de los años 1600, 2000 y 2400.

Con ello, el desfase inicial de 11 minutos se redujo a medio minuto por año, el equivalente a un día cada 3,300 años y desde aquella reforma no ha habido cambios en el sistema. Sin embargo, eso no exentó al calendario de movimientos para modificarlo, como ocurrió en Francia en 1792 durante la Revolución Francesa, época en la que se adoptó el calendario republicano que fuera diseñado por el matemático Gilbert Romme.
El objetivo de dicho calendario era el eliminar las referencias religiosas y darle nuevos nombres a los meses, basados en fenómenos naturales o a la agricultura, además de modificar la duración de los mismos. Sin embargo tras la caída de Napoleón en 1814, se regresó a la versión de Julio César.
Si cada cuatros años no se añadiera un día al calendario, las estaciones terminarían desfasadas, sin contar que en un total de 694 años la navidad se tendría que celebrar en medio del verano en el hemisferio norte del planeta. Cabe señalar que fue también el papa Gregorio XIII quien incluyó las fechas en las que se habrían de celebrar las fechas religiosas.
Las ventajas y las desventajas de los años bisiestos quedan sobre las espaldas de quienes cumplen años el 29 de febrero, pues en teoría sólo pueden celebrarlo cada cuatro años, aunque eso los haría tener sólo la cuarta parte de su edad. Es decir, alguien que tuviera 56 años, sólo contaría con 14 años de edad si contara el número de veces que ha festejado su verdadera fecha de nacimiento.
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