(Foto: Especial)
(Foto: Especial)

Por José Ignacio Martínez Cortés*

Ante la llegada de un nuevo secretario de Hacienda, Arturo Herrera, es preciso repensar la política económica que brinde mayor confianza al inversionista para que en 2020 México pueda alcanzar una meta de crecimiento cercana al 2 por ciento. Para lo cual el presidente debe respaldar ampliamente al nuevo titular de la SHCP y brindarle margen de maniobra.

En la política económica confluyen los fines y objetivos que define el Estado en torno a la política tributaria, política fiscal, política comercial y política monetaria, para cubrir las necesidades de la sociedad. Por ello es muy importante el comportamiento de la economía mexicana que determinará la riqueza a crear para 2019 y con ello provocar que el ingreso laboral cubra mínimamente el gasto monetario de los hogares.

Por primera ocasión, la política económica después de 30 años considera una inversión pública en infraestructura básica para la zona con menor ingreso del país. Asimismo, se invierte en desarrollo humano, pero también, vía artículo 39 del Código Fiscal de la Federación, se incentiva y subsidia a la empresa.

El Paquete Económico 2019 considera recursos por cerca de 252,000 millones de pesos para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores; el programa Jóvenes Construyendo el Futuro tendrá 44,300 millones de pesos para brindar oportunidades de trabajo y estudio a 2.6 millones de jóvenes; y proyectos de infraestructura ferroviaria, carretera y aeroportuaria por un monto de 30.4 mmp, que potenciarán la conectividad interna y con el exterior del país.

López Obrador nombró a Artuero Herrera como sucesor de Carlos Urzúa (Foto: Especial)
López Obrador nombró a Artuero Herrera como sucesor de Carlos Urzúa (Foto: Especial)

Sin embargo, el gobierno de AMLO debe reactivar la economía para que a través de gasto-consumo se sostenga el déficit del gasto público (-6.1%). En 2018 el PIB fue de 2.0 mientras que la expectativa se reduce para 2019. Si bien el desarrollo económico de 2019 se sostendrá con el ISR, IVA e IEPS, debe buscarse en el mediano plazo que la nueva inversión física y el nuevo gasto social se transformen en un ingreso contributivo provocando con ello una política en torno a una Industrialización Orientada al Desarrollo (IOD).
La inversión física, el estímulo fiscal y el gasto social deben provocar la implosión del desarrollo económico a partir de 2021.

El problema en este momento que tiene la economía mexicana es la desarticulación que existe entre el nivel macroeconómico y el nivel mesoeconómico, ya que los programas de desarrollo, vg.r las políticas educativa, tecnológica, ambiental, de infraestructura, no pueden tener resultados duraderos ya que su presupuesta se asigna año con año y este varía según la relación que haya entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, por lo que su impacto en el nivel micro es menor de lo esperado, ya que se diluye y no se refleja en la creación de labor, por lo tanto, es el nivel Meta el que debe determinar, bajo la conducción de un Estado Promotor.

Para ello, es preciso que la estabilidad macroeconómica y el crecimiento sectorial tengan como objetivo el desarrollo territorial para consolidar la inversión pública en infraestructura básica (puertos, tendido férreo, carreteras, aeropuertos, inversión tecnológica (ciencia, investigación, desarrollo, innovación) e infraestructura social (educación, salud, cultura, trabajo) cuyo complemento sea la inversión privada (nacional e internacional) que redunde en la infraestructura empresarial (en empleo, equipo y maquinaria, gestión y transferencia tecnológica, logística comercial, etc.) aumentado la renta del país y así consolidar la coherencia social.

Se espera que el beneficio económico llegue a la mayoría de la población (Foto: Cuartoscuro)
Se espera que el beneficio económico llegue a la mayoría de la población (Foto: Cuartoscuro)

En este sentido, México necesita una revolución estructural, cuyo principal objetivo sea lograr las metas del desarrollo sostenible para 2030. Por ello es de suyo importante impulsar una planeación a largo plazo que permita diseñar, bajo la coherencia de políticas públicas, un crecimiento de 5%, bajo las siguientes estrategias de competitividad sistémica: a) fortalecer el Estado de Derecho (nivel meta) para contrarrestar la corrupción, reducir la inseguridad, fomentar la transparencia y robustecer la competencia económica, con ello el PIB por sí mismo estaría creciendo 2.5 por ciento; b) el nivel macro vía estabilidad económica (política tributaria, fiscal, monetaria y fiscal), aportaría, como lo ha hecho anualmente, un crecimiento de 2 por ciento; c) estas estratagemas incentivarían un punto porcentual generado por el nivel micro a raíz de las reformas estructurales, y d) bajo la coherencia de políticas públicas podría detonarse un desarrollo territorial sostenible, equitativo e inclusivo.

Es preciso impulsar la coherencia de políticas para el desarrollo, considerando la competitividad sistémica para que haya consistencia entre el plan de gobierno y los programas e instrumentos (nivel meta), por lo cual se debe contemplar los tres niveles de coherencia; a) horizontal, que adopta una perspectiva integral de la gobernabilidad (nivel meso); b) vertical, asegurando la correspondencia entre los objetivos que persiguen los empresarios y las acciones públicas (nivel micro), y c) temporal, que examina las políticas serán consistentes con las medidas que se tomen a lo largo del tiempo (nivel meso). Con ello se lograría que las políticas públicas sean lo más complementarias (y lo menos contradictorias) evitando duplicaciones, interferencias y contradicciones en las acciones de gobierno consolidando así los objetivos de una política de competitividad sistémica para el desarrollo.

Con los logros que México ha tenido en estos últimos 15 años, sin menoscabo, sí es posible construir un proyecto de nación de largo plazo donde los niveles Meta (Estado), Macro (política económica), Meso (programas de desarrollo territorial) y Micro (competencia económica) deben integrarse a través de políticas de coherencia pública generando un desarrollo equilibrado, incluyente y creciente.

Si bien el desarrollo económico de 2019 se sostendrá con el ISR, IVA e IEPS, debe buscarse en el mediano plazo que la nueva inversión física y el nuevo gasto social se transformen en un ingreso contributivo provocando con ello una política en torno a una Industrialización Orientada al Desarrollo (IOD).
La inversión física, el estímulo fiscal y el gasto social deben provocar la implosión del desarrollo económico a partir de 2021 Para consolidar desarrollo económico que reduzca las brechas de desigualdad mediante un crecimiento territorial equilibrado, homogéneo y equitativo.

Sin duda, el secretario Herrera debe convencer al presidente del alcance de los Criterios Generales de Política Económica 2020 para impulsar un desarrollo sostenible a través del crecimiento económico.

*Coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN) Profesor del Centro de Relaciones Internacionales, UNAM

Lo aquí publicado es responsabilidad del autor y no representa la postura editorial de este medio