Foto: Pixabay
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En México cada dos horas y media en promedio, una mujer es asesinada por el hecho de ser mujer, el Secretariado Ejecutivo advierten que en el primer cuatrimestre del 2019, han muerto 1,199 víctimas de la violencia machista.

Ante este panorama ¿a qué se enfrentan las trabajadoras sexuales? ¿qué las lleva a trabajar en condiciones de potencial agresión física o muerte?

A pesar de ser explotadas o amenazadas miles de mujeres en el país a quienes obligan a trabajar en el comercio sexual, hay muchas otras quienes lo hacen porque quieren, por el dinero o por la libertad que eso les otorga. Es el caso de Fanny, una joven de 24 años quien aparenta menos edad, morena, delgada, pequeña, poco voluptuosa, pero esa imagen de "chavita" es la que suelen buscar la mayoría de hombres que pagan por sus servicios.

Por pocas horas gana lo que muchas no obtienen en un mes, sueldos que les permiten tener una vida holgada, apoyar a sus familias y en muchos casos hasta poder estudiar. Es el caso de Fanny, quien relató en sus propias palabras en Pie de Página, el portal de la organización de periodistas mexicano cómo ha enfrentado este trabajo potencialmente mortal.

Foto: Archivo
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La joven asegura que no sólo es sexo lo que buscan los hombres también "es la compañía, porque les aportamos algo bueno. Porque se sienten bien con nosotras. Yo, gracias a Dios, siempre me he topado con gente muy buena, muy chida. Siempre que me voy me escriben: 'ay, me la pasé muy bien, muchas gracias'. Muchos me regalan cosas: flores, que el chocolatito… Y me he dado cuenta de que es más que nada porque te ganas a la gente. Les gusta platicar contigo. Les gusta que los escuches sin juzgar. Yo trato de escucharlos y si ellos me piden un consejo, pues se los doy".

El servicio se contrata por hora y en promedio la mayoría de hombres no tarda más de 15 minutos en el acto, sin embargo el tiempo restante tambien lo ocupa para hacerlios sentir bien en otros aspectos, ella les da un masaje pero también los escucha, la buscan por el juego de seducción, quiere sentirse atractivos potentes y hasta poderosos.

La "fantasía" de las jovencitas

Es común que le pidan disfrazarse, el de colegiala es el más usual: "Les gusta mucho esa idea del uniforme de secundaria, los uniformes verdes con gris de secundaria de gobierno… de hecho, si subes una foto así al Twitter, éste no para: retuit y retuit. De niñita, así de Lolita… También de monja o de secretaria… yo ésos no los cobro extra… pero si quieren algo especial, pues deben comprar el disfraz".

Sin embargo también le llegan a pedir que use mameluco de bebé: "yo me sentía mal de hacer eso, así de que '¿en qué estoy participando?'. Pero pues ya estás ahí; y también negarte es hacer que el güey se enfade y ponerte en riesgo. Esa vez yo sí me sentí mal conmigo misma; me dije: '¿en qué chingados estoy participando?'. Pero una compañera me dijo: 'mejor que lo desfoguen así, güey, en una fantasía, y no en algo real. Que vayan a andar ahí de pedófilos'. Mejor que lo hagan así…".

México ocupa el primer lugar mundial en abusos sexuales contra niños según una investigación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El estudio revela que la mayoría de los abusos se producen en el entorno familiar y siete de cada 100 adultos mexicanos encuestados revelaron haber sufrido abusos.

De cada diez víctimas, nueve son mujeres, y de cada ocho menores de edad que ingresan a un hospital por abuso sexual, siete son niñas.

Pudo estudiar

"Desde este medio, he podido avanzar mucho, porque de esto puedes pagar la escuela, puedes mantenerte sola. Yo me salí de casa de mi mamá, renté mi departamento, yo sola lo amueblé. Son cosas de las que me siento orgullosa. Me ha costado muchísimo ganarme el dinero, pero llegar a casa y darme cuenta de lo que he avanzado, pues vale la pena aguantar ciertas cosas.

"Pero, tampoco es mi proyecto de vida, porque te pones en riesgo cada que sales a trabajar. Yo me pongo a pensar en eso, qué tal que un día me topo a un güey bien loco y no regreso, o me meten un susto y voy a parar a un hospital. Y también me preocupa la angustia con la que vive todo el tiempo mi mamá. Porque yo dejo de contestar tantito el teléfono y mi mamá se pone súper espantada, pensando siempre lo peor".

No confía en los hombres

"Yo tenía una relación. Y yo al chavo le decía a lo que me dedicaba. Al principio él me dijo: me cuesta un güevo aceptarlo, pero yo quiero estar contigo. Y sí, estuvo un año conmigo, pero con muchos pedos. Cuando me regalaban flores, me la hacía de tos: eso ya no es trabajo, me decía.

"Pero además, (este trabajo) me quitó el gusto o la ilusión de creer que se puede estar con una sola persona. Para empezar, no tengo tiempo, y además, así como yo veo que todos los güeyes que van conmigo tienen esposas y novias, me cuesta trabajo confiar en los hombres.

"Una vez, un muchacho tenía a su novia en el teléfono. La vi cuando desbloqueó para contestar un mensaje. Y le dije: 'no manches, tu novia esta súper bonita. ¿Por qué contratas?'

El respondió: "La verdad es que no tengo ninguna queja, ella estudia, trabaja, todo bien, pero me aburre".

Planes a futuro

Fanny sabe que la belleza de sus juventud se irá deteriorando poco a poco. "Tengo una amiga de 34 años, ya casi no la contratan porque la consideran 'vieja' para esto y ella me dice que ahorre porque ella no lo hizo y ahora se arrepiente".

"Quiero tomar unos cursos de repostería y gastronomía. Pero terminando este año, lo que ya quiero es un negocio. Igual cuando tenga ese negocio, voy a tener que seguir trabajando en esto, un tiempo, en lo que arranca. Sé que este trabajo no es para siempre".

La adrenalina del desconocido

Durante 2017 y 2018 varias escorts de la Ciudad de México fueron asesinadas en hoteles, en torno a esto el novio de una de ellas resaltó que para algunas en atractiva la adrenalina de no saber con quién se encontrarán atrás de la puerta en un servicio, contó la reportera Lydiette Carrión, quien ha reportado cientos de feminicidios, incluso publicó el libro La Fosa del agua, detallando a las bandas que asesinaban mujeres en el Estado de México.

"A mí más bien me da miedo. Me ha llegado a pasar que abres la puerta, y en el burocito hay coca, mota, y un buen de cosas que… y entonces toda la hora estás así de 'que a este güey no se le suba y se aloque y me vaya a golpear'.  Y estando ahí ya no te conviene discutir con él; tienes ser sutil y aguantar. Yo le doy el servicio bien, y trato de salir lo más pronto de ahí".

Antes de abrir la puerta, Fanny ya ha emprendido una serie de medidas de seguridad que ha ido adoptando a lo largo de tres años de trabajo como escort. Empieza desde que le escriben por whatsapp para pedir información.

"Hay güeyes súper groseros, que te escriben un buen de cosas: de '¡cuánto!' y '¡afloja!' y así. Yo a esos ni les contesto. Desde que me escriben trato de analizarlos. Y sí, desde el inicio te das cuenta de cómo son. Pero hay veces que cuando te piden información son muy amables, y cuando llegas a dar el servicio se portan distinto.

Cocaína, gran valuarte para norteamerica (Foto: Archivo)
Cocaína, gran valuarte para norteamerica (Foto: Archivo)

Por ejemplo, llega y el cliente está drogadísimo, y aunque ella ya ha sido específica en que no se deja pegar ni morder, ya en la habitación el cliente la jala, la muerde, la golpea. "Es muy difícil aguantar este tipo de cosas".

En whatsapp Fanny es específica: el precio por hora; y sus condiciones: desde la higiene (por ejemplo, que dé o no besos dependerá de la higiene bucal del cliente) hasta el uso del condón.

"Tiene que ir muy marcado que todo es con protección. Les digo claro: 'yo no hago nada al natural. Así me pagues más, no cobro extra, no quiero hacerlo'".

Otra de las especificaciones no negociables es la hora: el último servicio que presta es de las ocho a las nueve de la noche. Entre las escorts se considera de "valientes" trabajar después de las nueve. Los locos, los alcohólicos, los desvelados son quienes buscan a una chica por la noche. Por lo general, los clientes menos riesgosos (aunque nada es seguro) son padres de familia, maridos, profesionistas, trabajadores que pueden darse una escapada al hotel por las tardes o las primeras horas de la noche: a la hora de la comida, "brincarse" una clase o una cita de trabajo, poco después de salir de la oficina".

Fanny no atiende a domicilio, lo más peligroso que existe. Tampoco bebe con los clientes.

"Nunca sabes si le van a echar algo a la bebida y, siempre, tienes que estar súper alerta si él saca algo de la mochila".

(Foto:iStock)
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Sobre esto último, de hecho, otro requisito es que antes de que ella atraviese esa puerta, el dinero y los condones deben estar sobre el buró; el cliente no tiene por qué sacar nada de su mochila una vez que ella está ahí. Así previene que sorpresivamente le saquen un arma, una cuerda.

Fanny recuerda que en una ocasión, una de sus compañeras fue atacada por un cliente, y ella alcanzó a encerrarse en el baño con su teléfono. "Ella nos mandaba audios, llorando, y se alcanzaba a escuchar los gritos del otro: "¡eres una puta!", y ella llorando en el baño y mandó el audio al grupo, ¡pero ella nunca reportó en qué hotel estaba! Era la desesperación de saber que algo pasaba y no poder hacer nada.

"Coincidió que una de las chicas estaba en el mismo hotel y escuchaba los gritos. Pensó: '¿que tal que sí es ella, pero qué tal que es una pareja y nada que ver?'. Pues le dijimos: 've, güey, toca y pregunta si está todo bien'. Fue a tocar ella, y sí era la chica. Entonces le dijo al güey que le bajara que si no le iba a armar un desmadre ahí. El cliente se vistió, se salió y ella no salió del baño hasta que él se fue".

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"Los del hotel ni se enteraron, o si se enteraron, no se quisieron meter. Igual cuando le hablaron a una patrulla, los policías le dijeron: 'no te pasó nada, no tienes ningún golpe'. Y el güey pudo salir sin broncas… Realmente no puedes hacer nada. No hay nadie que te defienda".

Una amiga suya fue asesinada hace un par de años un hotel de Tultitlán: "El güey la ahorcó y la ahogó dentro de un jacuzzi. Y fue muy feo porque ella ni siquiera era de aquí. Su familia no sabía que ella se dedicaba a esto. Y la familia no tenía los recursos. Obviamente una se pone en su lugar: me pudo haber pasado a mí".

Pero su carta más fuerte con respecto a la seguridad es su chofer.

"Nunca ando sola. Contrato un chofer, un amigo de muchos años que trae su taxi. Él me lleva, le envío el número de habitación, le digo cuánto tiempo voy a estar, y durante el servicio me va mandando mensajes. Cada 20, 30 minutos, me pregunta por mensaje: '¿Todo bien?' Todo bien. Pero si pasan 40, 45 minutos y no respondo marca el celular, y luego a la habitación directamente. Ahí, si nadie contesta, pues él subiría. Hasta ahora esto último no ha ocurrido".

Hasta ahora lo más grave que le ha pasado es que un hombre no quería dejarla salir. Ella terminó llamando por teléfono a su mamá. De alguna manera, la mamá convenció al hombre de dejar a la hija en paz. La madre recuerda que aquella noche Fanny le pidió platicar con ella un rato, de otra cosa, para que se pudiera calmar y llegar "como si nada" a casa.

"Siempre he pensado que aunque traigas seguridad, de la puerta para adentro estás sola".