
Los pangolines siguen entre los mamíferos más amenazados por el tráfico ilegal de fauna, y una revisión de su árbol evolutivo añadió una pieza decisiva para protegerlos. El Field Museum, en un comunicado de prensa, dio a conocer que sus investigadores confirmaron que el pangolín del Himalaya corresponde a una especie distinta, Manis aurita.
La revisión concluyó que Manis aurita es una especie viva diferente de pangolín asiático y que el nombre propuesto en 2025, Manis indoburmanica, en realidad se refiere al mismo animal. Según el comunicado, esa precisión puede reforzar la conservación, la genética forense aplicada a la fauna y el rastreo de la caza furtiva sobre uno de los mamíferos más objeto de tráfico ilegal del mundo.
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La conclusión aparece en un estudio publicado en la revista Communications Biology, que combinó datos genómicos y de morfología con material de museo, incluido el espécimen histórico que dio origen al nombre aurita en 1836.
El Field Museum subrayó que la confirmación afecta de forma directa la manera de identificar poblaciones, delimitar áreas de riesgo y planificar medidas de protección en Nepal y el norte de India.
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“Este hallazgo marca la culminación de más de cinco años de investigación que comenzaron en Nepal, donde documentamos por primera vez indicios de que los pangolines del Himalaya representaban un linaje evolutivo distinto”, afirmó Narayan Prasad Koju, investigador del Nepal Engineering College de Pokhara University y primer autor, según el comunicado del Field Museum.
Y agregó: “La confirmación de Manis aurita como especie válida demuestra la importancia de la investigación de largo plazo, la colaboración internacional y las colecciones de museo. Y, sobre todo, ofrece una base científica sólida para la planificación de la conservación, la genética forense aplicada a la fauna y los esfuerzos para proteger de la extinción a uno de los mamíferos más objeto de tráfico ilegal del mundo”.
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Para el museo, la utilidad del cambio no es solo taxonómica, ya que esta aclaración aporta una base científica para combatir la caza furtiva ilegal y sienta las bases para proteger a una especie amenazada y difícil de detectar.
El propio estudio en Communications Biology indicó que todas las especies de pangolín figuran en el Apéndice I de la CITES y remarcó que una identificación precisa es esencial para conservarlas. También recordó que hasta hace poco se reconocían ocho especies de este animal, cuatro en África y cuatro en Asia.
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Cómo se resolvió el enigma sobre el nombre de la especie
La duda surgía porque otro grupo había descrito en 2025 una supuesta especie nueva, Manis indoburmanica, para el linaje del Himalaya. El problema, según explicó el Field Museum, era que ese trabajo no había aclarado si ese animal ya tenía un nombre histórico válido.
Ese hallazgo los dejó ante un enigma taxonómico: cuál era la relación entre indoburmanica y aurita y si correspondían a una misma especie o a especies distintas. El punto decisivo llegó cuando un equipo de un museo de historia natural en Londres logró secuenciar ADN directamente del espécimen tipo histórico de la subespecie nepalesa aurita, un ejemplar que data de 1836 y tiene casi 190 años.
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El comunicado del Field Museum señaló que ese ADN histórico aportó la prueba definitiva: los ejemplares modernos del Himalaya coincidían con aurita. El estudio detalló lo mismo al ubicar el lectotipo de M. p. aurita dentro del clado genético conocido como MPB.

A partir de esa coincidencia, el trabajo concluyó que Manis indoburmanica y Manis aurita son la misma especie, y que el nombre correcto es el más antiguo.
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Según el estudio, el principio de prioridad de la nomenclatura zoológica obliga a conservar aurita, un nombre descrito en 1836, y deja a indoburmanica como sinónimo posterior.
Qué pruebas mostraron que se trata de una especie distinta
El respaldo principal vino de la genómica. El estudio reunió 55 conjuntos de secuenciación de genoma completo y 70 mitogenomas, y sus reconstrucciones filogenéticas separaron con claridad dos linajes profundos dentro de lo que antes se trataba de forma amplia como pangolín chino.
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Según Communications Biology, ambos clados divergieron hace alrededor de 1,8 millones de años y desde entonces permanecieron en gran parte aislados, con un intercambio genético mínimo con especies emparentadas. El trabajo añadió que las muestras atribuidas a Manis indoburmanica del sur del Tíbet quedaban firmemente insertas dentro del clado de M. aurita.
La morfología apuntó en la misma dirección. El Field Museum resumió esas diferencias con una fórmula sencilla de Anderson Feijó, curador adjunto de mamíferos del Field Museum y coautor correspondiente: “En comparación con el pangolín chino, el pangolín del Himalaya tiene un cuerpo más grande, una cola más larga y orejas más pequeñas”.
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El estudio desarrolló esas diferencias con mediciones del cuerpo y del cráneo. Señaló que M. aurita presenta una longitud media total de 95,2 centímetros, frente a 71,2 centímetros en M. pentadactyla en sentido estricto, además de una cola relativamente más larga y orejas más pequeñas.

La investigación también delimitó su distribución con mayor precisión. Según el artículo científico, la especie está restringida al Himalaya meridional, con ocurrencias confirmadas en Nepal, sur del Tíbet y el noreste de India, incluida Assam.
El comunicado del Field Museum resumió ese rango como Nepal y el norte de India, y recordó que trabajos previos habían extendido el linaje a partes de Bután y Myanmar. El estudio, sin embargo, pidió cautela sobre Myanmar y señaló que hacen falta más relevamientos para confirmar su presencia allí.
Por qué el hallazgo puede mejorar la protección
La confirmación de la especie tiene una consecuencia inmediata en los mercados ilegales, donde casi nunca aparecen animales completos. “En los mercados, en esencia, solo se encuentran escamas de pangolín, no los animales enteros, y eso dificulta saber qué especies están siendo cazadas y de dónde proceden”, explicó Feijó, según el comunicado del Field Museum.
Ese punto conecta con la genética forense aplicada a la fauna. En términos simples, consiste en usar ADN para identificar de qué especie procede un material decomisado y de qué zona podría venir, algo que el estudio consideró útil para ubicar focos de caza furtiva a partir de escamas incautadas.

El artículo científico añadió que su base de datos genómica, con mejor cobertura geográfica e inclusión de poblaciones antes no muestreadas, puede aumentar la precisión para determinar la procedencia de esas escamas. También advirtió que productos de M. aurita ya entraron en mercados regulados de medicina tradicional, lo que muestra que materiales de origen ilegal pueden circular por cadenas formales.
La delimitación correcta de la especie también afecta decisiones de manejo. “Antes, podía ocurrir que se introdujeran pangolines chinos en Nepal porque no se conocía la diferencia”, dijo Feijó en el comunicado del Field Museum. “Al definir las diferencias entre las especies y los límites de distribución de cada una, podemos tomar mejores decisiones de conservación”, agregó.
El comunicado añadió que ese trabajo dependió en gran medida de las colecciones del museo. “Nos permite acceder a más individuos a lo largo del área de distribución de la especie”, señaló Feijó, antes de remarcar que esos fondos hacen posible un muestreo más completo cuando los animales son difíciles de encontrar en estado silvestre.
Con una especie mejor definida, las medidas de protección pueden ajustarse con más precisión al animal que realmente habita el Himalaya meridional. Ese reconocimiento reduce errores en vigilancia, control del comercio y manejo de poblaciones en una de las líneas evolutivas más amenazadas del grupo.
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