
En África, científicos de diversos países encabezan un movimiento internacional para que la conservación de los hongos reciba la misma atención que la destinada a flora y fauna. La iniciativa ganó relevancia después del Congreso Internacional sobre Conservación de Hongos realizado en Cotonú, Benín, donde expertos de 27 países debatieron el papel esencial de estos organismos en los ecosistemas y la necesidad de políticas públicas específicas. El evento reunió a micólogos de Madagascar, Benín, Congo y Kenia, entre otros, que buscan posicionar la protección de los hongos en la agenda ambiental global.
Según el medio británico The Guardian, el 90% de las plantas terrestres dependen de hongos y participan en la fijación de carbono, lo que los coloca en el centro de los procesos ecológicos. Anna Ralaiveloarisoa, científica malgache considerada la primera micóloga nacida en Madagascar, señaló que menos del 1% de las cerca de 100.000 especies de hongos de la isla han sido descritas científicamente. Su trabajo enfrenta retos estructurales, como la falta de infraestructura y recursos, además de la ausencia de una red de especialistas locales.
Por otro lado, los hongos cumplen funciones esenciales como la nutrición de plantas, la fertilidad del suelo y el almacenamiento de carbono. Nourou Yorou, actual director general de la Agencia de Ciencia e Innovación de Benín, afirmó durante el congreso que la conservación fúngica ha dejado de ser marginal y se ha transformado en un movimiento con alcance global. El esfuerzo de los científicos africanos se suma a una creciente base de pruebas sobre el papel fundamental de los hongos en la estabilidad climática y la biodiversidad.
Un movimiento internacional en expansión

Mientras tanto, la protección de los hongos avanza a menor ritmo que la de animales y plantas. Las primeras organizaciones internacionales se formaron a partir de 2010, con la creación de la Sociedad Internacional para la Conservación de los Hongos y, en 2012, de la Fundación de los Hongos. La primera ley de conservación fúngica se aprobó en Chile en 2013 y, desde entonces, la inclusión de los hongos en normativas ambientales crece de manera gradual.
La colaboración internacional se refleja en iniciativas como Fundis en Norteamérica y la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN), fundada en 2021 por la bióloga evolutiva Toby Kiers. Estas organizaciones buscan integrar el conocimiento científico y tradicional, así como promover la conservación de los hongos como eje central de la salud de los ecosistemas.
Por su parte, el impacto de los hongos en el clima quedó documentado por un estudio reciente que estimó que hasta el 36% de las emisiones anuales de dióxido de carbono derivadas de combustibles fósiles se almacenan en el micelio subterráneo de los hongos micorrícicos. Esta función los posiciona como actores claves contra el cambio climático y en la protección de la biodiversidad.
Educación, legislación y desafíos en África

La conservación de los hongos también exige transformaciones en la educación y la percepción social. En Zimbabue, Cathy Sharp trabaja con escolares para fortalecer el conocimiento sobre hongos mediante talleres y encuestas en comunidades locales. En Congo, Sydney Ndolo Ebika impulsó la creación del primer fungario nacional para preservar especies y facilitar la investigación científica.
En Kenia, la micóloga Joyce Jefwa observa que el continente africano busca consolidar su papel en la conservación fúngica. Resalta la cooperación internacional como un motor para superar barreras y compartir recursos. La publicación de la Declaración de Cotonú tras el congreso en Benín establece prioridades globales y refuerza el liderazgo africano en la agenda científica.
Los especialistas advierten que la conservación de los hongos no se logra automáticamente al proteger plantas y animales. Un estudio publicado en la revista científica Nature en 2025 reveló que menos del 10% de los puntos críticos de biodiversidad fúngica están dentro de áreas naturales protegidas, debido a que la mayoría de las políticas de conservación históricamente han privilegiado fauna y flora, dejando fuera a los hongos.
Más allá del reconocimiento, un cambio de paradigma
La integración de los hongos en marcos legales y educativos varía entre países. David Minter, presidente de la Sociedad Internacional para la Conservación de los Hongos, sostiene: “en 2010 era habitual no mencionar a los hongos en temas de conservación”. Señala que en el futuro resultará excepcional no incluirlos. Esta evolución se refleja en el avance de iniciativas globales y en el creciente reconocimiento de la protección fúngica para la salud planetaria.
Según The Guardian, el impulso de los científicos africanos, respaldados por redes científicas de Europa, América y Asia, marca un periodo decisivo en la conservación de la biodiversidad. La necesidad de integrar a los hongos en las estrategias ambientales gana fuerza ante la crisis climática y la rápida disminución de especies a escala mundial.
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