
Los olivos se encuentran bajo amenaza. Entre los principales riesgos figuran el cambio climático, la pérdida acelerada de diversidad genética y la proliferación de plagas y enfermedades vinculadas a los sistemas de producción modernos, cada vez menos diversificados.
La comunidad investigadora internacional considera fundamental salvaguardar el patrimonio genético de los olivos, tanto de los ejemplares silvestres como de las variedades tradicionales cultivadas, no solo por una preocupación científica, sino porque tiene repercusiones directas en la seguridad alimentaria mundial.
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El resguardo a largo plazo de estos recursos resulta esencial para garantizar la producción futura de aceitunas y aceite, productos característicos de la cuenca mediterránea. Así, la conservación genética del olivo se plantea como una estrategia clave ante posibles catástrofes naturales, conflictos o crisis globales que puedan afectar la disponibilidad de este cultivo.
Frente a este escenario, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard comenzó a albergar semillas de olivo. Esta bóveda constituye una de las infraestructuras más seguras para la protección de recursos fitogenéticos.
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Ubicada en el ártico noruego y conocida internacionalmente como la “bóveda del fin del mundo”, ofrece almacenamiento seguro y prolongado para duplicados de semillas provenientes de bancos de germoplasma de todo el mundo. Está diseñada para resistir fallos eléctricos y catástrofes, aprovechando el permafrost natural para mantener las semillas a una temperatura estable de –18 °C, considerada óptima para su conservación a largo plazo.
Esta incorporación representa un paso relevante en la protección internacional de la especie, al reforzar las posibilidades de recuperación y preservación del olivo ante escenarios adversos. Desde este invierno, las semillas de olivo de las variedades más relevantes y sus poblaciones silvestres cuentan con un resguardo seguro en las cámaras subterráneas de Svalbard, como parte de un esfuerzo coordinado entre instituciones científicas europeas de referencia en biotecnología, bancos de germoplasma y recursos genéticos.
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Un aspecto particular del olivo es que, tradicionalmente, su multiplicación se realiza por reproducción vegetativa y no mediante semillas. Sin embargo, la preservación de la diversidad genética del olivo se vuelve indispensable, dado que fortalece la capacidad de adaptación de la especie frente a amenazas ambientales y sanitarias. Por este motivo, la decisión de conservar semillas en una instalación internacional constituye un enfoque excepcional dentro de las estrategias de resguardo de la especie.
El papel global de la Bóveda de Svalbard

La inclusión del olivo en la bóveda se realizó en el marco del proyecto europeo H2020 GEN4OLIVE, enfocado en la conservación, caracterización y valorización de los recursos genéticos de la especie. La iniciativa contó con la participación del Banco de Germoplasma Mundial de Olivo de la Universidad de Córdoba (BGMO-UCO), un banco de relevancia internacional para la investigación en oleicultura, responsable de seleccionar las 50 variedades de olivo más importantes y difundidas a nivel global.
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Las semillas se recolectaron de árboles de polinización libre pertenecientes a la colección del BGMO-UCO, que alberga un total de 700 variedades diferentes, incluidas algunas de poblaciones silvestres.
El proyecto integró además la colaboración de la Universidad de Granada, que identificó y recolectó semillas de cuatro poblaciones de acebuche —el olivo silvestre— procedentes de distintas regiones de la península ibérica y de las islas Canarias. Este esfuerzo conjunto permitió reunir un espectro representativo de la variabilidad genética del olivo cultivado y silvestre, cubriendo el mayor rango posible de diversidad.
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Recolección y logística del depósito
La recolección y procesamiento de las semillas implicó un meticuloso trabajo técnico. De cada muestra se recogieron más de 1.500 aceitunas, sometidas a procesos de eliminación de pulpa, limpieza de restos orgánicos y secado de los endocarpos, estructuras óseas que envuelven la semilla y la protegen de factores externos. Posteriormente, las muestras fueron clasificadas y etiquetadas según variedad, origen y código de recolección.

Las semillas se enviaron al Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) del INIA-CSIC, donde se realizaron ensayos de germinación para evaluar la viabilidad de cada lote. El CRF conservará una copia de seguridad de todas las semillas y será responsable de realizar controles cada diez años para verificar su capacidad de germinar en el futuro.
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Una parte de las semillas se almacena en recipientes herméticos a –18 °C, mientras que el resto se introduce en sobres especiales con información detallada sobre su origen y características, datos que también se incorporan a las bases de datos de NordGen, la entidad nórdica especializada en recursos genéticos que gestiona la bóveda de Svalbard.
El transporte desde España hasta la bóveda exigió una logística precisa, con trayectos terrestres y aéreos hasta la ciudad de Longyearbyen, próxima a la instalación ártica. Finalmente, las semillas fueron depositadas en las cámaras subterráneas de Svalbard, donde permanecerán almacenadas a largo plazo, protegidas frente a cualquier eventualidad.
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Cooperación europea y repercusiones
El depósito de semillas de olivo en la bóveda es la primera vez que se resguarda material genético del olivo en esta infraestructura global. Este logro es fruto de la cooperación internacional entre universidades, centros de investigación y organismos europeos, y constituye una garantía adicional para la conservación de un cultivo fundamental en los países mediterráneos. Además, refuerza la seguridad alimentaria global al asegurar la disponibilidad de recursos genéticos para las generaciones futuras.
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