
Científicos de Estados Unidos y el Reino Unido revelaron que los océanos están peligrosamente cerca de un límite crítico debido a la acidificación.
El problema ocurre porque hay más dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera como consecuencia de las emisiones generadas por actividades humanas.
Ese gas se disuelve en el agua del mar, que se vuelve más ácida y perjudicial para muchos organismos marinos, especialmente aquellos que necesitan ciertos minerales para formar sus conchas y esqueletos, como los corales y algunos moluscos.
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La acidificación no solo afecta a la vida en el mar sino también a las personas que dependen de los océanos para su sustento y al turismo. “El tiempo se agota”, escribieron los investigadores.
Los investigadores detectaron que el 60% de las aguas profundas y el 40% de las aguas superficiales están muy cerca o han superado un límite crítico. Publicaron los resultados en la revista Global Change Biology.
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Superar ese límite significa que las aguas oceánicas han alcanzado un nivel de acidez que puede causar daños importantes a la vida marina y, por extensión, afectar negativamente la biodiversidad, el turismo y las economías que dependen de los recursos oceánicos.

Al tener en cuenta los resultados del trabajo, Steve Widdicombe, ecólogo marino del Plymouth Marine Laboratory del Reino Unido, quien no estuvo involucrado en el trabajo, advirtió que la acidificación en marcha es “una crisis ambiental y una bomba de tiempo económica”.
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En diálogo con Infobae, la primera autora del trabajo, Helen Findlay, doctora en oceanografía biológica del Reino Unido, resaltó: “Las regiones polares muestran los mayores cambios en la acidificación del océano en la superficie. Hoy ya sabemos lo suficiente para actuar y combatir la acidificación de los océanos”.
Sin embargo, también consideró que existen aspectos para investigar más el problema: “Se necesita trabajar para reducir las incertidumbres en la región costera, en cuanto a los impulsores y cambios en la química de los carbonatos, pero también en el mapeo de especies o hábitats vulnerables”.
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Sería importante también investigar las capacidades de atribución, junto con el desarrollo de indicadores biológicos, planteó.
“Una vez que tengamos algunos indicadores biológicos, podremos medirlos junto con los cambios en la química y analizar la atribución de los impactos a la acidificación de los océanos para comprender mejor cómo podemos gestionar nuestras interacciones con el océano y los ecosistemas”, añadió.
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Cuándo empezó la acidificación de los océanos

La acidificación de los océanos comenzó a registrarse con mayor precisión a partir de la Revolución Industrial, cuando las actividades humanas empezaron a aumentar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.
Esto se debió principalmente a la quema de combustibles fósiles y otros procesos industriales que han subido los niveles de CO2.
Los científicos empezaron a observar y medir los cambios en la acidez del océano más concretamente en la segunda mitad del siglo XX, a medida que la tecnología de monitoreo avanzó y los efectos se hicieron más pronunciados.
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La cantidad acumulada de CO2 transformó la composición química del océano. Findlay subrayó que “la vida oceánica no vive solo en la superficie; las aguas profundas albergan una gran variedad de plantas y animales”.
A medida que las aguas se vuelven más ácidas, muchas especies vulnerables corren el riesgo de desaparecer, afectando así a toda la cadena alimentaria.
Cómo se estudió el problema

Los científicos que hicieron el estudio publicado en Global Change Biology emplearon modelos computacionales junto con mediciones recientes de campo para comprender cómo la saturación de la aragonita disminuyó en diferentes partes del océano.
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“La aragonita es una forma cristalina de carbonato de calcio, un mineral esencial que muchos organismos marinos, como corales, moluscos y algunos tipos de plancton, usan para construir sus conchas y esqueletos. También algunos peces se ven afectados por la acidificación”, dijo a Infobae la doctora Betina Lomovasky, investigadora del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras del Conicet, en Mar del Plata, Argentina.
En el contexto de la acidificación de los océanos, la aragonita desempeña un papel crucial como indicador de la salud del ecosistema marino.
Los resultados son preocupantes, especialmente en las regiones polares y en áreas de afloramiento, donde los cambios son más intensos.
Los expertos revelaron que los océanos del mundo están llegando peligrosamente cerca, o incluso han superado, un umbral crítico relacionado con la saturación de aragonita.
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Aproximadamente, el 60% de las aguas profundas y el 40% de las aguas superficiales han cruzado este límite, definido por una reducción del 20% en la saturación de aragonito.
Esta condición plantea serias amenazas para los organismos que dependen de este mineral para construir sus estructuras, como corales y moluscos.
En base a las observaciones y el daño ya registrado, los investigadores sugieren que el límite de seguridad debería endurecerse a una reducción del 10% en la saturación de aragonito.
Qué recomiendan tras el estudio
El estudio ofreció una clara advertencia: es vital implementar políticas ambientales globales efectivas para combatir la acidificación de los océanos.
En la entrevista con Infobae, la doctora Findlay señaló que “la acción número uno es la reducción de emisiones de dióxido de carbono”.

Otras acciones deberían ser la implementación de actividades de gestión local que sean relevantes para la nación o región, expresó.
“Ya la Alianza Internacional para el Combate de la Acidificación Oceánica está trabajando arduamente para desarrollar información. Por ejemplo, alrededor del Reino Unido y Europa tenemos una gran cantidad de sumas adicionales de nutrientes a través de la escorrentía de los ríos desde la tierra. Esto puede causar acidificación local que amplifica el problema más amplio de la acidificación de los océanos”, comentó.
La gestión de nutrientes en los suelos y en la agricultura “ayudará a aliviar parte de la presión sobre el sistema marino que puede hacerlo más resiliente a la acidificación de los océanos”.

Otros lugares pueden beneficiarse de la restauración de hábitats de carbono azul, como los manglares, las praderas marinas y los bosques de algas. Esos cambios pueden mejorar localmente los impactos de la acidificación, aunque -reconoció- se necesita más investigación.
“En general, restaurar y proteger el hábitat de nuevo puede ayudar a dar resiliencia a los océanos”, afirmó.
En América Latina, existe la Red de Investigación de Estresores Marinos – Costeros en Latinoamérica y el Caribe (REMARCO), que monitorea la situación del problema de acidificación de los océanos que rodean a la región.
De acuerdo con la doctora Lomovasky, se están llevando a cabo diferentes estudios. Uno de ellos estudia cómo la acidificación puede afectar a organismos de explotación comercial y a otros que resultan importantes en la estructura de los ecosistemas marinos.
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