
"Limpia. Como una persona." Así dice sentirse por estos días Kaylee Muthart, de 20 años, quien se hizo conocida tiempo atrás por haberse arrancado los ojos con sus propias manos. Ese día estaba tan drogada que no pudo controlar sus impulsos más primitivos.
El punto de quiebre fue dramático. Sucedió en la mañana del pasado 6 de febrero frente a una iglesia de Anderson, Carolina del Sur, donde vive. En un ataque psicótico y de alucinación luego de haber consumido una cantidad no determinada de metanfetamina, Kaylee se sacó esos hermosos ojos celestes que tenía sin pensarlo.
Horas antes había discutido ferozmente con su madre. Es que esta le había indicado que en pocos días más ingresaría a un centro de rehabilitación para curar la adicción que la estaba matando.

De inmediato fue trasladada al hospital Greenville Memorial. Allí, no pudieron hacer nada para salvar su vista. Permaneció en unidad de terapia intensiva unos días y un mes más para su recuperación. Al salir tomó conciencia de que debía hacer un cambio profundo en su vida, de lo contrario no se prolongaría mucho más.
"Me siento como una persona. Me siento yo misma, no siento como que esté persiguiendo algo. Se siente, realmente, muy bien. De la forma en que funcionó es la forma en que Dios hizo que funcionase, es así… pero preferiría que sucediera más que estar atrapada en ese mundo", dijo la joven en una entrevista concedida a la revista People.


Al salir de la internación, Kaylee regresó a casa de su madre, quien la acogió con un amor único, sabiendo que debía comenzar con su hija una nueva vida. No solo la recuperación a su terrible adicción, sino una en la que ya no podría valerse por sí sola, al menos hasta que aprendiera a moverse por sus propios medios sin poder ver absolutamente nada.
Fue por eso que debió comenzar un entrenamiento intensivo de movilidad y orientación, básico para poder trasladarse en un principio dentro de su hogar y luego en la vía pública. La fortaleza de Kaylee fue sorprendente: soportó estoicamente la tristeza de saber que nunca más iba a poder ver y no tuvo recaídas en su adicción.
Tanto Kaylee como su familia se esfuerzan día a día para prosperar. Comenzó a aprender a tocar la guitarra y desde hace unas semanas hasta comenzó a seguir películas de Netflix. ¿Cómo lo hace? Por medio de los audios descriptivos que poseen algunas de las series y filmes de esa plataforma.


"Soy una persona muy optimista", asegura la joven de 20 años, quien además reconoce que la fe en Dios la ayudó en el momento más crítico de su corta vida. Y disfruta de algo tan humano que lastima saberlo: dormir. Es el momento más placentero y contradictorio de sus días. Es cuando sueña en colores, esos que la metanfetamina le robó. "Es como poder volver a ver. Es reconfortante porque está lleno de colores. Me gusta dormir porque es como si pudiera volver a ver", relata.
Kaylee recuerda sus días más oscuros. "Las personas que realmente consumen drogas comprenderán que las drogas son capaces de hacer las cosas que me hicieron a mí. Compartir mi historia podría hacer que se den cuenta de eso, o podría alentarlos a detenerse".
Respecto al cambio que hizo en su cabeza, la joven expresó: "No se puede caminar por la vida pensando que nunca va a haber dolor. Esa vida es solo un gran campo de batalla. Tienes que luchar por ti mismo, nadie más va a pelear por ti, la forma en que pelearías por ti mismo".
El próximo 3 de julio será un día muy especial para Kaylee. Será cuando se someta a una nueva operación. Esta vez para que le coloquen prótesis artificiales en sus órbitas oculares. Seguirá siendo ciega, pero quiere al menos recuperar el brillo celeste que alguna vez tuvieron sus ojos. Su alma lo recuperó.
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