
La ilustradora y escritora chilena Paloma Valdivia visitó Argentina en el marco del Filbita, el festival de literatura infantil que se realizó hasta el domingo en la ciudad de Buenos Aires. Aseguró que "la literatura para niños puede hablar de todos los temas, aunque siempre debería dejar una esperanza".
"Los niños tienen menos herramientas para procesar emociones, por eso los problemas planteados deben tener alguna salida, además es fundamental un mediador cuando el tema es muy complejo o doloroso y generar espacios de conversación", dijo Valdivia.
Su trabajo forma parte del White Ravens, etiqueta que la Biblioteca Internacional de la Juventud otorga a libros que merecen atención mundial por su universalidad, estilo y diseño artístico y literario excepcional y a menudo innovador.

– ¿Qué lecturas la llevaron por el camino de la ilustración?
– Libros que me leía mi mamá, como los cuentos de la colección Cuncuna, creada en el gobierno de Allende. Todas las familias los teníamos porque eran vendidos en quioscos a precios económicos. Y por supuesto Mafalda, gracias a Quino aprendí el concepto de viñeta y muchas palabras difíciles para un niño como democracia, jet set, economía mundial y plutocracia.
– Muchos de sus libros parecen autobiográficos, como Lo que me pasó a mí cuando vos naciste o Los de arriba y los de abajo, que reflexiona sobre vida y muerte ¿Qué aporta la ilustración en ese proceso?
– Son ventanas al mundo, transmiten información y emociones. Los niños se vinculan primero con las imágenes y luego, al leer solos, las recorren recordando las palabras y aprenden a articular las historias. Tienen el poder de atraer y encantar, un buen dibujo es una entrada infalible a cualquier tema.

– Ha ilustrado clásicos como Duerme negrito, canción que en la Argentina popularizaron cantores icónicos como Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa; o la Caperucita roja que Gabriela Mistral convirtió en poesía a partir del original de Charles Perrault, donde la niña muere ¿Cuál considera que es la potencia de los clásicos?
– Los escogí porque son el cuento y la canción que me cantaban antes de dormir. Esos relatos se transforman en parte de la vida y en recuerdos poderosos porque están acompañados de situaciones, personas, lugares y tiempos pasados. Al reilustrarlos se mantienen vigentes y se tiene la posibilidad de presentar una nueva versión que va a depender de la época y sus muchas variantes. Los clásicos conectan las infancias de los niños actuales con los niños que ya fueron, crean vínculos invisibles que atraviesan generaciones completas.
Fuente: Télam
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