Estos son los asuntos a tener en cuenta por el Gobierno colombiano para combatir el “gota a gota”

Las personas o empresas dedicadas al “gota a gota” pueden ofrecer préstamos que van desde los 100.000 pesos hasta los 20 millones de pesos con intereses superiores al 20 % mensual

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Acceder al "gota a gota" se volvió común en las personas que no han accedido al sistema financiero. FOTO: Reuters
Acceder al "gota a gota" se volvió común en las personas que no han accedido al sistema financiero. FOTO: Reuters

Diciembre y comienzos de año se puede considerar como una de las temporadas en las que más se endeudan los colombianos. Tanto microempresarios como personas de a pie suelen contraer deudas debido a las festividades, los regalos o los gastos extras relacionadas con las despedidas, las anchetas, primas, entre otras cosas.

Por esa misma razón, también son las fechas en las que más aprovechan los denominados “gota a gota” para promover préstamos no regulados con tasas de interés que se elevan entre el 15 % y el 50 % mensualmente y que promueven, no solo la ilegalidad, sino también, el acoso o la violencia.

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Este tipo de financiación que se presenta en diferentes regiones del país es una práctica que aún es muy utilizada por personas, comerciantes o microempresarios que no pueden acceder a un crédito formal, en parte por su historial crediticio o, tal vez, por su desinterés por ingresarse al sistema financiero.

Y es que de acuerdo con el último informe hecho por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane), este mecanismo de financiación para las microempresas creció el 75 % en el 2021 frente al 2019, lo que terminó representando la cuarta parte de créditos para este tipo de empresas. Asimismo, un estudio elaborado por la Universidad Central indicó que podrían llegar a mover aproximadamente 2.800 millones de pesos al día.

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Desde su punto de vista hay dos grandes asuntos a resolver por el Gobierno y por el sector financiero. El primero, según él, es el manejo de la información, es decir, el poder encontrar alternativas de datos para que en verdad haya una inclusión financiera en la que más personas informales puedan estar bancarizadas.

Lo segundo, es un asunto regulatorio, pues si bien los créditos digitales están vigilados por la Superintendencia de Industria y Comercio de cara a los derechos de los consumidores, no existe una ley en Colombia por medio de la cual se expidan las normas que regulen este tipo de actividad financiera, lo que genera de alguna u otra forma que también surjan modelos de “pagadiarios por internet”.

La tecnología, la clave de la inclusión financiera

El último informe presentado por Colombia Fintech señaló que en el país hay 322 startups dedicadas a desarrollar tecnologías inmersas en el sector financiero, de las cuales, el 33,11 % ofrecen servicio de crédito digital, seguido por la de pagos digitales (26,42 %), finanzas empresariales (10,37 %), Regtech (9,36 %), PFM & Wealthtech (8,63 %), entre otras categorías.

Adicionalmente, el informe asegura que el 76 % de la población activa dentro del sector financiero utiliza este tipo de tecnologías para llevar adelante diferentes trámites, algo muy positivo, puesto que demuestra que estás herramientas podrían llegar a ser la clave para enfrentar el “gota a gota”.

Soto Londoño señaló que las fintech pueden impactar este tipo de financiación ilegal con estrategias de nanocrédito para que no solo puedan pedir préstamos, sino que, además, los usuarios puedan acceder a otros productos financieros. Además, gracias a que son productos 100 % digitales, no requieren tantos trámites ni papeleos.

Si bien no se tienen datos certeros debido a que el “gota a gota” es un método clandestino y que puede ser utilizado para el lavado de activos, la Fiscalía General de la Nación determinó en un análisis que este tipo de personas o empresas ilegales pueden ofrecer préstamos que van desde los 100.000 pesos hasta los 20 millones de pesos con intereses superiores al 20 % mensual.

Frente a ello, Soto Londoño anotó que el combatir a estas bandas dependerá en parte de construir el futuro de la inclusión financiera, la cual deberá apuntar a educar y tener herramientas para que poblaciones vulnerables, no caigan en este tipo de préstamos, y tengan más oportunidades en el sector.

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