Bosque La Esperanza, un espacio creado en honor a las personas que murieron de covid-19

Busca, además, contribuir a las iniciativas de preservación, que tiene el Gobierno, contra el cambio climático

Colombia ha sembrado más de 38 millones de árboles. Cortesía CAR.
Colombia ha sembrado más de 38 millones de árboles. Cortesía CAR.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la Corporación Ambiental Empresarial (Caem), filial de la Cámara de Comercio de Bogotá en alianza con la Fundación Parque Jaime Duque, lanzaron el bosque La Esperanza. Es un espacio natural que se creo pensando en hacer homenaje a las personas que murieron contaminadas con covid-19 y en el que se proyecta la siembra de 70.000 árboles nativos con el propósito de proteger el país de los efectos del cambio climático.

De acuerdo con la Revista Semana, la siembra es financiada por el Gobierno nacional en memoria de las víctimas de la pandemia y el lugar se llamará Bosque La Esperanza, ubicado en el kilómetro 34 de la Autopista Norte, en la ciudad de Tocancipá. A pesar de estar localizado muy cerca de Bogotá, será un parque nacional en el que todas las regiones estarán representadas. Las especies nativas que se sembrarán son nogal, cedro, guayacán, roble, mancle, mano de oso, caucho sabanero o aliso, esto teniendo en cuenta que son las especies que mejor se dan en este tipo de clima.

La adecuación del bosque La Esperanza tiene un costo de 4.200 millones de pesos. De esa cifra, el Minambiente aportará 2.940 millones y la Caem contribuirá con 1.260 millones, según comunicaron las entidades.

Esto hace parte de la campaña “Sembrar nos une” con la que se busca reforestar el territorio nacional con más de 180 millones árboles para el 2022 como meta nacional.

Un proyecto similar existe en el la Reserva Natural El Pajonal de Cogua, a 70 kilómetros de Bogotá, donde han sido sembrados en su memoria 3.000 árboles que dan vida al Páramo de Guerrero. Esta iniciativa de reparar uno de las reservas naturales más destruidas del país comenzó hace 5 años. La diferencia entre los proyectos es que en este los familiares de los muertos por covid-19 liberan las cenizas de las victimas en un acto simbólico.

El Páramo de Guerrero es un recurso vital del embalse del Neusa, que abastece de agua a la sabana y el norte de Bogotá. Pese a que la despedida de muertos por covid comenzó hace unos meses, esta practica la han llevado acabo miles de familias desde 2015 que se volvió una alternativa para despedir a sus seres queridos al tiempo que rehabilitan el ecosistema, devastado por la explotación desenfrenada del suelo.

La reserva que esta ubicada a 3.400 metros sobre el nivel del mar se ha convertido en un espacio para que muchos colombianos para llevar el duelo fuera de los estándares tradicionales de funeraria, iglesias y ceremonias.

De acuerdo con la pagina de Colombia Reserva todo comenzó. “Llevar a cabo un proceso de restauración es complejo y costoso, por lo que en la busqueda de obtener recursos propios permanentes que aseguren la continuidad de la labor de restauración hemos implementado el programa de Bonos Exequiales “Renacer”, mediante el cual se siembra un árbol nativo a nombre de un ser querido fallecido”.

Un ejemplo es el caso de Carlos Eduardo Gutiérrez que sembró, junto a cuatro árboles, las cenizas de su esposa María Emilse Rodríguez, fallecida a los 64 años el pasado 20 de mayo por covid-19 con la ayuda de sus dos nietos gemelos.

En homenaje de mi amada esposa que falleció por covid (…) me pareció excelente y fabuloso venir a dejar las cenizas en un espacio libre y creo que va a estar en paz”, dijo Gutiérrez a la agencia Efe después de afirmar con una sonrisa que “nunca había visto una tierra tan hermosa” como en la que acaba de esparcir los restos de María Emilse.


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