Indígenas embera abandonan el parque Tercer Milenio en Bogotá, luego de un acuerdo con el Distrito

Los miembros de las comunidades embera katío y chamí llegaron a la capital en enero de 2020 y llevaban meses esperando soluciones a sus problemas.

Demonstrators wearing face masks hold flowers during a protest in front of a military battalion, against the reported rape of an Embera Chami indigenous girl by soldiers, in Bogota, Colombia June 29, 2020. REUTERS/Luisa Gonzalez
Demonstrators wearing face masks hold flowers during a protest in front of a military battalion, against the reported rape of an Embera Chami indigenous girl by soldiers, in Bogota, Colombia June 29, 2020. REUTERS/Luisa Gonzalez

Luego de tres meses de vivir en cambuches a las afueras del parque Tercer Milenio en Bogotá, un grupo de indígenas de la comunidad embera katío y chamí llegaron, este viernes 30 de octubre, a un acuerdo con el Distrito para abandonar el lugar.

De este acuerdo se generaron cinco compromisos, entre los que se destaca el pago de arriendos por un periodo de cuatro meses. El pacto se realizó entre la Alta Consejería para las Víctimas, la subdirección de asuntos étnicos e Integración Social con 15 de los líderes embera y establece que el gobierno distrital debe pagar los arriendos a las familias que habían ocupado ese espacio público, así como entregar mercados en noviembre y diciembre.

Integración Social, por su parte, entregará bonos de emergencia social durante cuatro meses a las familias identificadas en el lugar, luego de que encuentren un lugar para arrendar. Inmediatamente se hará un proceso de retorno y estabilización socioeconómica para ver si se deben extender las ayudas.

El Espectador recoge que, el Distrito tiene pensado realizar, el 30 de enero de 2021, una evaluación del avance de este proceso para determinar cómo seguir ayudando a estas comunidades.

Vladimir Rodríguez, director de la Alta Consejería para las Víctimas aseguró que se logró “avanzar en la concreción de algunos acuerdos que permitirán levantar progresiva y transitoriamente la toma de este lugar”.

El pasado 23 de octubre se logró avanzar en la concreción de algunos acuerdos que permitirán levantar progresiva y transitoriamente la toma de este lugar. Estas medidas implican que durante cuatro meses, mientras avanza el plan de retorno, con el liderazgo de la Unidad Nacional de Atención y Reparación de Víctimas y demás entidades del sistema, puedan tener un lugar de arriendo, así como la entrega de canastas alimentarias y bonos de Bogotá Solidaria en Casa.

Insistió en que es importante que el Gobierno Nacional lidere las gestiones necesarias para que estos miembros de las comunidades indígenas puedan retornar a sus lugares de origen, así como garantizar la seguridad en los territorios ancestrales.

Por su parte, la Alta Consejería dijo que los indígenas fueron ubicados en las localidades de su preferencia y en viviendas propuestas por la propia entidad distrital.

“Los contratos fueron firmados entre los arrendadores y las familias embera que se encontraban en el parque Tercer Milenio. Los recursos están siendo cancelados directamente a los arrendadores por un operador contratado por la Alta Consejería”.

Al menos 450 indígenas estaban viviendo en cambuches improvisados en el parque Tercer Milenio. La mayoría llegaron desde Risaralda y fueron víctimas del conflicto armado.

Las dos comunidades llegaron a la capital de Colombia en enero, luego de recibir amenazas de miembros del ELN y paramilitares, así como presiones de mineros ilegales.

Aunque en agosto se acordó el traslado de los embera al hospital transitorio de Corferias, al llegar les impidieron el ingreso, ya que allí solo se atienden pacientes infectados con COVID-19.

Ancízar Cheche, uno de los líderes de las dos comunidades, le dijo en su momento a El Espectador que, al momento de llegar, su tragedia se unió con la pandemia, por lo que han sido desalojados en varias oportunidades.

“Al llegar nos cogió la pandemia, pero desde ahí mi comunidad ha sido desalojada varias veces. Muchos de los que estamos aquí no tenemos dónde llegar. Hace un mes éramos 40 y no estábamos ni en el programa Bogotá Solidaria en Casa ni recibimos ayudas de la Unidad de Víctimas, pero el grupo ha crecido, porque no han tenido cómo pagar sus arriendos”.

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