
Una investigación de la Dirección de Antinarcóticos de la Policía explica cómo la organización criminal de La Oficina, tejida desde Medellín, extendió sus redes en Tumaco, Nariño por el control de la producción y tráfico de cocaína, y desató una guerra entre narcos que se disputan la región. Pero luego de una ofensiva de las autoridades, se desarticuló y creó alianzas con sus principales enemigos: las disidencias de las FARC.
Por ser fronteriza con Ecuador, la región de Tumaco es proclive al narcotráfico. El 60% de la cocaína producida en Colombia se exporta desde sus selvas. Y el 16% de los cultivos de coca de todo el país están en esta zona del departamento de Nariño, según cifras de la ONU. Estas características la hacen de interés para las organizaciones armadas que se financian de rentas ilegales.
En los últimos años, Tumaco ha sido asediada por la guerra entre narcos que se disputan el control de la región, como Los Rastrajos, el Clan del Golfo, las disidencias de las FARC, la guerrilla del ELN, la Gente del Orden y las Guerrillas Unidas del Pacífico. Pero desde el 2017 un nuevo actor ingresó al mapa, la banda de La Oficina, aumentando la violencia de mafias.

En la investigación conocida por El Colombiano se afirma que el entonces cabecilla de La Oficina, Juan Carlos Mesa Vallejo, alias Tom, inició la incursión de la banda en el mercado del narcotráfico en el Pacífico Sur a principios de 2017. Hasta ese momento, solo enviaban compradores de droga a la región para atender la demanda de clientes mexicanos, centroamericanos y europeos.
Pero con la llegada de las disidencias de las FARC, la clientela negociaba directamente con actores de la región, cambiando la dinámica del comercio ilegal. Este grupo armado exigía a las otras bandas impuestos por la salida de los cargamentos, lo que aumentó los costos del negocio de La Oficia. Así que decidieron crear una red para obtener cultivos y laboratorios propios.
Así nacieron las Autodefensas Unidas del Pacífico -Aupac-, en cabeza de John Benítez Mejía, alias Cusumbo, un exsicario de Medellín y antiguo paramilitar del Clan del Golfo. De acuerdo con El Colombiano, fue él quien instaló a la subestructura de La Oficina en dos campamentos en la vereda Alto Guandipa, de 60 y 30 hombres cada uno.

Montaron tres cocinas para procesar clorhidrato de cocaína, amenazaron a la comunidad con patrullaje armado e implementaron extorsiones. Incluso, fueron visitados por socios del Cartel de Sinaloa, desde Guadalajara, México. Y entonces, comenzó la sangrienta confrontación, sobre todo con las disidencias de las FARC al mando de Víctor Segura Palacio, alias David.
En ese momento -recuerda el medio regional- el alcalde de Mosquera, Johan Vásquez, denunció el desplazamiento forzado demás de 250 familias a causa de la guerra entre narcos. Hubo atentados con granada y ráfagas, y hasta tiroteo en un funeral.
Pero las ofensivas de las autoridades dejaron sin cabecillas a la estructura criminal de Aupac. Los 19 hombres que le quedaron fueron desplazados por alias David, dos más de 19 y 21 años se entregaron a la Policía y La Oficina se desarticuló en Tumaco. Sin más remedio, ahora la banda criminal de unió a su principal enemigo, las disidencias de las FARC, para seguir comerciando con cocaína.
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