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Los demonios pueden entrar a un alma a través de los celulares y de las películas de terror estadounidenses, y aunque no está permitido por la Iglesia, también se puede exorcizar con llamadas de teléfono. Esas fueron las principales revelaciones que dio el padre Andrés Cárdenas, párroco de El Espinal, en el departamento de Tolima, luego de asistir a un curso de exorcismo en Roma, Italia.

Durante una semana -relata The New York Times-, veteranos cardenales transmitieron sus conocimientos en clases magistrales sobre cómo eliminar a Satanás desde un celular, cómo liberar a los musulmanes de la magia negra y cómo gritarle al demonio; impartidas en la Universidad Pontificia Regina Apostolorum.

Uno de los conferencistas fue el arzobispo Emmanuel Milingo, de Zambia (África), que en la década de 1990 adquirió reconocimiento en Italia por ser un curador espiritual y exorcista. Pero ha tenido una relación complicada con el Vaticano, por casarse en una boda grupal con una mujer coreana y por ordenar como sacerdote a cuatro hombres casados, por los que fue excomulgado.

Y otro de los instructores fue el cardenal albano Ernest Simoni, de 89 años, que describe los exorcismos como "instrumentos científicos espirituales" y de quien el padre Cárdenas aprendió que los exorcismos pueden realizarse con celulares, aunque está prohibido por la ley eclesiástica.

De hecho, según el medio estadounidense, Cárdenas, de 36 años, también utiliza la tecnología en el oficio y admite que la magia negra puede trasmitirse por la pantalla de los teléfonos y por las películas de terror. Además, explicó que los demonios entran por la parte posterior del cerebro y que las personas que han sufrido traumas en la infancia, como abusos sexuales, son propensas a la homosexualidad y a que les entren seres malignos más agresivos que causan tendencias suicidas.

El cura colombiano aseguró que decidió tomar el curso porque "es un don" que quiere compartir en su comunidad. Es uno de los 300 católicos que asistieron a la decimotercera edición del curso anual, por el que cada uno pagó 372 dólares. Y que, consideran, está más vigente que nunca por el aumento del mal a causa -dicen ellos- de internet y del ateísmo.

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