Un estudio advierte que los vasos de papel para café liberan microplásticos en las bebidas

Científicos detectaron fragmentos diminutos en líquidos calientes servidos en envases descartables y alertaron que ciertas capas internas multiplican la cantidad liberada

Vaso de papel con bebida caliente emitiendo vapor y diminutas partículas brillantes de colores sobre la superficie del líquido.
Los vasos de papel para café liberan microplásticos en la bebida por su revestimiento plástico al entrar en contacto con líquidos calientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cada mañana, millones de personas en todo el mundo pasan por una cafetería, piden un café para llevar y lo reciben en un vaso de papel. Lo que esa imagen cotidiana no revela es que el vaso, aunque parezca de papel, tiene por dentro una capa delgada de plástico que, al entrar en contacto con el líquido caliente, libera partículas plásticas microscópicas directamente en la bebida. Esos fragmentos, demasiado pequeños para verse a simple vista, ingresan al organismo.

Los microplásticos son partículas de plástico de entre 1 nanómetro y 5 milímetros de ancho, aproximadamente el grosor de un anillo de casamiento en su extremo mayor. Según Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), “probablemente sea seguro decir que los microplásticos están prácticamente en todas partes”.

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En 2020, se estima que 2,7 millones de toneladas de microplásticos se filtraron al medioambiente, una cifra que se espera duplique para 2040. Una vez en el entorno, estas partículas viajan a través del suelo, el agua, el aire y la cadena alimentaria, y pueden ingresar al cuerpo humano por ingestión o inhalación. Desde el PNUMA estiman que algunos adultos podrían consumir entre 39.000 y 52.000 partículas de microplásticos por año, según su ubicación y hábitos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Queensland (UQ), en Australia, analizó exactamente ese fenómeno en vasos de papel descartables recubiertos con dos materiales distintos: el polietileno (PE), un plástico convencional derivado del petróleo, y el ácido poliláctico (PLA), un plástico de origen vegetal presentado como alternativa biodegradable. La investigación fue publicada en ACS Food Science & Technology.

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El dato que cambió la mirada sobre los vasos descartables

Una pila de vasos de papel marrón sin texto y tres tapas sobre un mostrador de madera en una cafetería con fondo desenfocado.
Los vasos con revestimiento de PLA liberaron 11,6 microgramos por litro, frente a 0,9 microgramos por litro en los vasos con PE. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo del Queensland Alliance for Environmental Health Sciences sometió vasos descartables a agua caliente y midió la cantidad y el tipo de partículas plásticas que cada recipiente liberaba. Los vasos con revestimiento de PLA arrojaron una concentración total de partículas de 11,6 microgramos por litro, frente a 0,9 microgramos por litro en los de PE.

Pero la diferencia no se limita a la cantidad de partículas. Los investigadores hallaron algo que hasta ahora no se había documentado con claridad: los vasos de PLA liberan nanoplásticos, es decir, partículas plásticas de entre 10 y 1.000 nanómetros de diámetro. Son aproximadamente mil veces más delgadas que un cabello humano, según precisó el investigador Elvis Okoffo, coautor del estudio. En los vasos de PE, en cambio, no se detectaron nanopartículas.

Los análisis de superficie realizados por el equipo revelaron que el revestimiento de PLA sufrió deformación física tras la exposición al agua caliente, aunque sin degradación química detectable. Esto indica que las partículas no se desprenden por una reacción química, sino por el estrés físico que genera el agua caliente sobre el material.

“Los resultados muestran que los vasos de papel con revestimiento plástico liberan cantidades sustanciales de material plástico a escala micro y nanométrica cuando se exponen al agua caliente”, afirmó Okoffo.

Por qué el plástico “biodegradable” no equivale a seguro

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los microplásticos están en el aire, el agua, el suelo y la cadena alimentaria, y el PNUMA estima que algunos adultos consumen hasta 52.000 partículas por año. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El PLA es un polímero fabricado a partir de fuentes vegetales, como el maíz o la caña de azúcar, y se comercializa como una alternativa más sostenible al plástico convencional. Sin embargo, el estudio demuestra que su comportamiento en condiciones cotidianas de uso puede ser más problemático que el del PE en términos de liberación de partículas.

“Un vaso hecho mayormente de papel no significa que ese vaso sea libre de plástico, porque muchos contienen un delgado revestimiento plástico que les da resistencia al agua e integridad estructural”, explicó Okoffo. Esto expone una paradoja: los vasos promocionados como más ecológicos pueden implicar una mayor exposición del consumidor a microplásticos y nanoplásticos durante el uso diario.

Una investigación complementaria, publicada en Journal of Hazardous Materials: Plastics analizó datos de 30 estudios revisados por pares y realizó un caso de estudio con 400 vasos recolectados en Brisbane, Australia. Para ese trabajo, el equipo recorrió doce marcas populares de bebidas y determinó los materiales de sus vasos mediante espectroscopía infrarroja (una técnica que identifica la composición química de un material a partir de la luz que absorbe). El análisis confirmó que el PE es el recubrimiento plástico más frecuente en los vasos de papel de la ciudad, por lo que ese fue el material central del experimento.

Esa investigación también concluyó que la temperatura es el principal factor en la liberación de microplásticos, por encima del tiempo de contacto entre el líquido y el recipiente. Esto significa que dejar el café reposando mucho tiempo en el vaso importa menos que la temperatura a la que ese café entra en contacto con el plástico.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La temperatura resultó ser el principal factor en la liberación de microplásticos, por encima del tiempo de contacto entre el café y el vaso. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los autores observaron que, al pasar de agua fría (5 °C) a agua caliente (60 °C), los vasos de PE puro aumentaron su liberación de microplásticos en un 32,7%, tendencia que no se replicó en los vasos de papel con revestimiento de PE.

Según un artículo de The Conversation firmado por Xiangyu Liu, coautor del estudio, esto se explica por la diferencia de textura entre ambos tipos de vaso: los vasos de PE puro tienen superficies más rugosas, con más “picos y valles”, que facilitan el desprendimiento de partículas cuando el calor ablanda el material y lo hace expandir y contraer.

Los vasos de papel con revestimiento plástico, en cambio, presentan superficies más regulares, lo que reduce ese efecto. Si alguien bebe 300 mililitros de café por día en un vaso de PE puro, ingeriría alrededor de 363.000 microplásticos por año, según las estimaciones de los expertos.

Preguntas abiertas sobre la salud y pedidos de regulación

Que estas partículas lleguen al organismo no está en discusión: la pregunta que permanece sin respuesta definitiva es qué consecuencias tiene eso para la salud humana. “El impacto de las partículas plásticas en la salud humana es poco claro, y sabemos que los químicos del plástico no están pensados para ser consumidos”, señaló Okoffo en la gacetilla de la UQ.

Detalle de un dedo cubierto por un guante de látex celeste, mostrando microplásticos de colores variados y algunas fibras blancas adheridas a la superficie.
Los investigadores pidieron que los materiales en contacto con alimentos sean evaluados por su liberación de microplásticos y nanoplásticos, además de su sustentabilidad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El investigador fue cuidadoso al matizar el alcance de los resultados: “Esto no significa que la gente deba necesariamente dejar de usar vasos de papel, ni que el PLA sea intrínsecamente inseguro”. Aun así, llamó a ampliar el foco regulatorio más allá de la sustentabilidad ambiental.

“Los materiales usados en productos en contacto con alimentos deben ser evaluados no solo por su sostenibilidad ambiental, sino también por su comportamiento en cuanto a la liberación de partículas durante el uso cotidiano”, sostuvo Okoffo.

En esa línea, el investigador planteó que los consumidores deberían tener acceso a información sobre los materiales que revisten los vasos de papel, y que los organismos reguladores deberían evaluar si las pruebas de liberación de microplásticos y nanoplásticos deben incorporarse a la evaluación de seguridad de los materiales en contacto con alimentos. También llamó a los fabricantes a explorar revestimientos que liberen menos partículas plásticas al entrar en contacto con líquidos calientes.

“Al combinar un mejor diseño de producto, un etiquetado mejorado y conciencia pública, podemos ayudar a limitar la cantidad de plástico que ingresa tanto a nuestros cuerpos como al medioambiente”, concluyó.

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