Un estudio explica cómo el oso pardo sobrevivió en Europa durante 175.000 años

La investigación analiza los cambios ambientales atravesados por la especie y revela las claves evolutivas que permitieron su permanencia en el continente europeo a lo largo de decenas de milenios

Ilustración a témpera: oso pardo caminando en paisaje nevado y pradera con flores, siluetas de osos y mandíbulas fósiles en el suelo.
Los osos pardos habitan Europa desde hace al menos 175.000 años y sobrevivieron a glaciaciones, periodos templados y cambios en el alimento (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Durante al menos 175.000 años, los osos pardos han habitado Europa, enfrentando transformaciones ambientales extremas como glaciaciones, periodos templados, cambios en la vegetación y variaciones drásticas en la disponibilidad de alimento.

Este fenómeno ha sido objeto de un estudio liderado por Anneke H. van Heteren, de las Colecciones Estatales de Historia Natural de Baviera (SNSB), y publicado en la revista científica Comptes Rendus Palevol.

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El equipo investigador sostiene que la capacidad de supervivencia del oso pardo se explica por su flexibilidad ante los cambios climáticos. El estudio subraya que la especie resistió la extinción y se mantuvo activa y adaptativa a lo largo de los milenios, incluso cuando otras especies de úrsidos desaparecieron.

Según los científicos, esta supervivencia se relaciona directamente con su habilidad para responder a las circunstancias ambientales sin perder su identidad como especie.

La mandíbula del oso pardo mantuvo una arquitectura general estable, pero incorporó variaciones biomecánicas que mejoraron la masticación según cada periodo climático (neusitas/Wikimedia Commons)
La mandíbula del oso pardo mantuvo una arquitectura general estable, pero incorporó variaciones biomecánicas que mejoraron la masticación según cada periodo climático (neusitas/Wikimedia Commons)

Adaptaciones anatómicas de la mandíbula y su papel en la resiliencia de la especie

El éxito evolutivo del oso pardo radica en su capacidad para modificar aspectos específicos de su mandíbula en función de las condiciones climáticas.

El estudio revela que, aunque la arquitectura general de la mandíbula se mantuvo estable durante decenas de miles de años, existieron pequeñas variaciones biomecánicas relacionadas con la masticación. Estas modificaciones permitieron a la especie aprovechar mejor los alimentos disponibles en cada periodo, conservando su naturaleza omnívora.

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La adaptación no representó una evolución hacia especies diferentes, sino la capacidad de ajustar sutilmente la estructura mandibular según las exigencias ambientales. Esta flexibilidad favoreció su supervivencia, especialmente frente a especies más especializadas como el oso de las cavernas, que terminó extinguiéndose.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Los investigadores analizaron cerca de 200 mandíbulas fósiles y actuales con morfometría geométrica tridimensional para reconstruir la evolución del oso pardo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Metodología científica y hallazgos del estudio sobre mandíbulas fósiles y actuales

Para alcanzar estas conclusiones, los investigadores analizaron cerca de 200 mandíbulas de osos pardos, tanto fósiles como actuales, incluyendo restos de osos de las cavernas, osos polares y diversas subespecies modernas. El análisis se realizó mediante técnicas de morfometría geométrica tridimensional, permitiendo medir con precisión la forma ósea a través de modelos digitales en 3D.

El equipo centró su atención en puntos anatómicos donde se inserta el músculo masetero, responsable de la fuerza de mordida. Se observó que pequeñas modificaciones en esta zona cambiaban la capacidad del animal para triturar distintos tipos de alimento según el clima.

Los resultados mostraron que, durante las fases más frías del Pleistoceno, los osos pardos desarrollaban mandíbulas con mayor fuerza de trituración. En los periodos cálidos, la configuración era distinta y adaptada a una dieta menos exigente en esfuerzo masticatorio. Este patrón se repitió varias veces en el registro fósil al alternarse fases frías y cálidas en Europa.

Oso pardo (Europa Press)
El estudio detectó que cambios en la inserción del músculo masetero modificaban la fuerza de mordida y la capacidad de triturar alimentos en el oso pardo (Europa Press)

Comparación con otras especies de osos y ventajas de la omnivoría

El estudio contrastó la mandíbula del oso pardo con la de otras especies, como el oso de las cavernas, especializado en dieta vegetal, y el oso polar, adaptado a una alimentación carnívora. A diferencia de estos extremos, el Ursus arctos mantuvo un diseño mandibular intermedio, sin especialización extrema.

Esta condición omnívora resultó ser una ventaja evolutiva, ya que permitió a la especie modificar aspectos anatómicos menores para aprovechar los recursos de cada periodo climático, sin depender de un solo tipo de alimento. Así, el oso pardo no necesitó cambiar por completo, sino que bastaron pequeños ajustes que incrementaron su eficiencia alimentaria y capacidad de adaptación.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La comparación con el oso de las cavernas y el oso polar indica que la omnivoría y los pequeños ajustes anatómicos dieron al oso pardo una ventaja para enfrentar el cambio climático actual (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué implica para el cambio climático actual

Los científicos concluyen que la diferencia observada entre las mandíbulas de los periodos fríos y cálidos tiene relevancia estadística, lo que indica que el clima influyó más que el simple paso del tiempo.

Entre las hipótesis para explicar la rápida adaptación del oso pardo están la plasticidad fenotípica (capacidad de desarrollar características físicas según el ambiente vivido durante el crecimiento) y posibles mecanismos epigenéticos, que permiten modificar la actividad genética sin alterar el ADN.

El estudio plantea que la evolución del oso pardo se produjo mediante pequeños ajustes anatómicos, no transformaciones radicales, y que esa flexibilidad puede aportar claves para comprender cómo los grandes mamíferos podrían responder al cambio climático actual.

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