
Un nuevo estudio relacionó la exposición a determinados compuestos químicos persistentes con un envejecimiento biológico más rápido en hombres de mediana edad, una advertencia que llama la atención sobre los riesgos silenciosos de los llamados “químicos eternos”, presentes en productos cotidianos desde mediados del siglo XX.
Estos resultados acrecientan la preocupación global por los efectos acumulativos de los PFAS —siglas de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— y cuestionan la seguridad de sus alternativas industriales más recientes.
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La investigación fue publicada en la revista Frontiers in Aging.
Qué son los PFAS

Las sustancias PFAS, diseñadas para proporcionar resistencia al agua, la grasa y el calor, se utilizan desde la década de 1940 en materiales tan diversos como impermeables, tapicería, utensilios de cocina antiadherentes, envases alimentarios y espumas para extinguir incendios. La estructura química de estos compuestos, particularmente la cadena carbono-flúor, les confiere una durabilidad inusitada: pueden persistir en el medio ambiente durante mil años.
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El mercado actual mantiene más de 12.000 variantes de PFAS activas, a pesar de la existencia de normativas internacionales dirigidas a restringir solo una fracción de estos compuestos —los denominados PFAS “legado”— cuya relación con problemas como el cáncer y enfermedades cardiovasculares ya ha sido documentada. La posibilidad de modificar ligeramente la estructura molecular permite a la industria sortear las regulaciones y lanzar nuevas formulaciones con perfiles legales renovados, aunque en buena parte se desconozcan sus riesgos.

La investigación, liderada por Xiangwei Li, epidemiólogo de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, se centró en dos de estas variantes que actúan como alternativas recientes: ácido perfluorononanoico (PFNA) y perfluorooctanosulfonamida (PFOSA), este último precursor de otro PFAS clásico, el PFOA. Al explicar el alcance del trabajo, Li expresó: “Estos hallazgos sugieren que algunas alternativas recientes de PFAS no son necesariamente reemplazos de bajo riesgo y merecen una atención seria por su impacto ambiental”.
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Según el doctor Eric Topol, uno de los investigadores médicos más citados a nivel mundial, la presencia de PFAS en la vida diaria representa un riesgo creciente para la salud pública, especialmente para niños, mujeres y jóvenes adultos. Los PFAS son compuestos químicos resistentes que no se degradan ni en el ambiente ni en el organismo. Según el experto, están en el aire, el agua, los alimentos y en numerosos productos domésticos, generando una amenaza invisible y persistente. “No desaparecen. Simplemente los acumulamos”, explicó.

El origen del análisis fue una base de datos pública obtenida del estudio estadounidense National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), que entre 1999 y 2000 recopiló muestras de sangre de 326 adultos mayores de Estados Unidos, hombres y mujeres, para evaluar la presencia de once tipos distintos de PFAS.
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Los análisis revelaron que el PFNA y el PFOSA estuvieron presentes en la sangre de cerca del 95% de los participantes, un dato que indica una exposición extendida entre la población general.
Para estimar la edad biológica de cada participante y su posible aceleración, el equipo empleó 12 relojes epigenéticos desarrollados recientemente que determinan este parámetro en función de la metilación del ADN, considerada hoy un indicador más preciso del envejecimiento biológico que la tradicional medición del acortamiento de los telómeros.
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El estudio identificó que, en hombres de 50 a 64 años, las concentraciones elevadas de PFNA constituyen un fuerte predictor de envejecimiento epigenético acelerado según algunos de estos relojes moleculares, mientras que en mujeres dicho efecto no se detectó. No se hallaron diferencias significativas en los niveles de PFAS al comparar por sexo ni por edad, pero sí una relación clara entre estos dos compuestos y el envejecimiento en varones de mediana edad.

Sobre la posible razón de esta diferencia, Li puntualizó: “Sospechamos que los hombres pueden tener mayor riesgo porque los marcadores de envejecimiento que analizamos están muy influidos por factores como el tabaquismo, que pueden aumentar los daños provocados por estos contaminantes”.
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En los hombres, la acumulación de PFAS puede reducir los niveles de testosterona, perjudicar la calidad del esperma y aumentar los riesgos de cáncer testicular y de riñón, según estudios. Estudios previos muestran que las mujeres parecen eliminar ciertas PFAS más rápido que los hombres debido al embarazo, la lactancia y la pérdida de sangre menstrual. Estudios también han descubierto que la diferencia en la acumulación de PFAS entre mujeres y hombres se reduce después de la menopausia.
La exposición al PFOSA también se vinculó con biomarcadores de envejecimiento, aunque mediante vías parcialmente diferentes. Ya-Qian Xu, epidemióloga e integrante del equipo, aportó: “La mediana edad es una ventana biológica sensible donde el organismo se vuelve más vulnerable a los factores estresantes asociados a la edad, lo que podría explicar por qué este grupo responde con mayor fuerza a la exposición química”.
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Los autores subrayaron que su diseño no permite demostrar una relación causal directa, sino únicamente una asociación: podría haber otros factores propios de los hombres de mediana edad que expliquen tanto su nivel de exposición como su ritmo de envejecimiento biológico acelerado. No se hallaron asociaciones similares entre otros PFAS estudiados y los biomarcadores de edad biológica.
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