
¿Hasta donde puede torcer la opinión de aquellos que no quieren vacunarse? Esta es la pregunta que se ha hecho un grupo de investigadores para saber la eficacia que tiene el pase sanitario a la hora de provocar un cambio de conducta entre las personas que rechazan recibir una vacuna anti COVID.
Mientras avanza la variante Ómicron, desde Francia a Alemania, se ha reforzado el uso habitual, como en muchos otros países de Europa, del código digital QR de su certificado COVID-19 para poder entrar en restaurantes, cines, teatros, museos y otros espacios cerrados. Incluso, en países como Italia, el documento puede ser requerido para ingresar al trabajo.
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Un estudio publicado en la revista The Lancet Public Health ha concluido que los certificados COVID-19 pueden aumentar la adopción de la vacuna contra el coronavirus en países con una cobertura de inmunización menor.
El trabajo, desarrollado por el Centro Leverhulme de Ciencia Demográfica de la Universidad de Oxford en el Reino Unido, examinó datos de seis países y constató que el “green pass” propició en la mayoría un repunte en sus campañas de inmunización, si bien detectó diferencias entre ellos dependiendo de los niveles anteriores de cobertura y disponibilidad de vacunas.
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Según el estudio, los certificados COVID han provocado un aumento de la vacunación 20 días antes, con un efecto duradero hasta 40 días después de su introducción en países con una cobertura de vacunación inferior a la media de los países analizados.
Si bien ya son muchos los países que exigen este tipo de certificados, que confirman prueba de pauta completa de vacunación, test diagnóstico negativo de la enfermedad o haber pasado por la infección, para poder acceder a determinados eventos y locales públicos, hasta ahora no había evidencia científica sobre su papel para impulsar la vacunación.
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El estudio publicado en The Lancet vincula los datos de los pases sanitarios introducidos entre abril y septiembre de 2021 con la adopción de la vacunación en seis países en los que eran legalmente obligatorios: Dinamarca, Israel, Italia, Francia, Alemania y Suiza. El analisis toma un modelo para estimar cuál habría sido la adopción de la vacuna sin los certificados en cada uno de los seis países, comparándolos, a través de un analisis estadísticos, con naciones sin esta exigencia sanitaria.
Las evaluaciones demostraron que en los países donde las tasas de vacunación eran previamente bajas, la introducción del “green pass” se relaciona con un aumento significativo en el número de dosis administradas.
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Entre los datos, por ejemplo, en Israel se produjo un incremento de 243.151 de aplicaciones (teniendo en cuenta lo sucedido desde 20 días antes de la implantación de la medida a 40 días después); 127.823 en Francia; de 64.952 en Suiza y de 66.382 en Italia.
Contrariamente, en Alemania y Dinamarca, donde las tasas o umbral de vacunación eran más altas antes de exigir los pasaportes Covid, no se produjo un incremento significativo de la vacunación.
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Dinamarca los introdujo en abril, cuando la oferta de vacunas era todavía limitada a pesar de que la demanda era elevada y su objetivo principal con esta medida, según el trabajo, fue aumentar las pruebas antes de asistir a lugares públicos, en lugar de fomentar la vacunación, “lo que pone de manifiesto los múltiples objetivos o consecuencias potenciales de las políticas de certificados COVID-19″.

Melinda Mills, una de las principales firmantes del trabajo y directora del Centro Leverhulme de Ciencias Demográficas de la Universidad de Oxford, indicó al respecto: “Nuestro estudio es una importante primera evaluación empírica de si los certificados de COVID-19 pueden formar parte de esta estrategia”, en referencia a torcer la voluntad de los reacios a recibir un inoculante para contrarrestar la infección por coronavirus.
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“Observamos un aumento significativo que se produjo 20 días antes de su introducción y que se prolongó hasta 40 días después, si bien el contexto de la vacunación preexistente, las dudas vacunales, los niveles de confianza en las autoridades y la trayectoria de la pandemia fueron cruciales para este impacto”, ha señalado la experta, en un comunicado.
La investigacion tambien a mostrado la eficacia del instrumento entre las poblaciones jóvenes. Según el estudio, en “los países donde sí se observó una subida de las tasas de vacunación, los incrementos fueron especialmente notables en la población menor de 30 años”. Uno de los casos fue en Suiza, donde el pasaporte se usa sólo para acceder a locales de ocio nocturno y eventos masivos. En este país la subida en la aplicación de vacunas se observó únicamente en personas de menos de 20 años. Para el estudio, un ejemplo de eficacia como una herramienta que podría valorarse para estimular la vacunación en ciertos grupos.
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Mas allá de estas conclusiones, los responsables del análisis sostuvieron que “es necesario investigar otros factores, como el nivel socioeconómico y el origen étnico, para comprender plenamente a quiénes podrían dirigirse los certificados”. El estudio además cuenta con limitaciones como la falta de acceso a datos detallados sobre el consumo diario de vacunas por edad.
Otro estudio británico
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Otro trabajo anterior, también publicado en The Lancet, había tratado de determinar la oportunidad del uso de un certificado COVID. Un grupo de investigadores realizó una encuesta nacional a gran escala en el Reino Unido de 17.611 adultos entre el 9 y el 27 de abril de 2021.
El objetivo era medir el impacto de la introducción de pasaportes de vacunas para la inclinación de aceptación de una vacuna entre grupos sociodemográficos.

El trabajo encontró que una gran minoría de los encuestados informó que los pasaportes de vacunación para uso doméstico (46,5%) o viajes internacionales (42,0%) no los harían más o menos inclinados a aceptar una vacuna COVID y una minoría considerable de los encuestados también afirmaron que “definitivamente” aceptarían una vacuna COVID-19 y que los pasaportes de las vacunas los harían más propensos a vacunarse (48,8% para uso doméstico y 42,9% para viajes internacionales).
Sin embargo, el trabajo determinó que la introducción de pasaportes de vacunas probablemente disminuirá la inclinación a aceptar una vacuna COVID-19 una vez que se haya ajustado la intención de vacunación inicial.
Esta disminución es mayor si se requiriera pasaportes para uso doméstico en lugar de para facilitar los viajes internacionales. Ser hombre y tener títulos universitarios se asocia con una menor inclinación a vacunar si se requiriera pasaportes para uso doméstico (teniendo en cuenta la intención de vacunación de referencia), mientras que las personas religiosas tienen un mayor inclinación que los ateos o agnósticos.
El cambio en la inclinación está fuertemente relacionado con la intención de vacunación declarada, los grupos sociales comprendidos, pero también vincular cómo estos se agrupan en grandes áreas urbanas.
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