
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue el primer mandatario en pronunicar su discurso en la 78° Asamblea General de las Naciones Unidas. Como es tradición, el jefe de Estado del gigante sudamericano abre las sesiones año tras año. Hizo hincapié en que resolver las desigualdades debería ser “el objetivo mundial para 2030″ y en que el diálogo es la única vía para recuperar la paz rota por la invasión rusa a Ucrania.
A dos décadas de su primera aparición en la ONU, comenzó hablando del cambio climático y las desigualdades. “Hace 20 años comparecía aquí por primera vez. Mantengo mi confianza en la humanidad. El cambio climático nos afecta a todos, destruye nuestros hogares y países. El hambre, que fue el tema central del que hablé hace 20 años, sigue afectando a millones de personas. El mundo es cada vez más desigual”, indicó.
Luego, manifestó: “Tenemos que superar la resignación que nos hace aceptar como natural esta injusticia. Hay una falta de voluntad política de los que gobiernan el mundo para resolver las desigualdades. En mi país, la esperanza ha vencido al miedo. Nuestra misión es unir a Brasil y construir un estado justo, soberano, libre y alegre”.
El jefe de Estado también expresó: “Brasil se reencontró con el mundo, ha vuelto para aportar su contribución ante los grandes desafíos mundiales. Volvemos a reivindicar el diálogo respetuoso con todos. La comunidad internacional está enfrascada en una serie de crisis: la pandemia, el hambre, la intolerancia, el racismo... Si tuviéramos que resumir estos desafíos con una palabra, esa palabra sería desigualdad. Ella es la fuente de todos estos desafíos, los hace más graves”.

“La importancia de erradicar la pobreza parece entumecida. Resolver la desigualdad tendría que ser el objetivo central para el 2030”, enfatizó; al tiempo que describió medidas que tomó en su país: “Lanzamos el ‘Plan hambre cero’ con unas iniciativas para reducir la pobreza. El plan hace foco en que los niños estén vacunados y vayan a la escuela”.
Siguiendo con una descripción de la política interna brasileña, acotó: “Vamos a combatir el feminicidio y seremos rigurosos en la defensa de los grupos LGTBQ+ y de las personas con discapacidad”.
Tras esos breves punteos sobre su nación, volvió a hacer referencia al cambio climático: “Actuar supone pensar sobre el mañana y encarar desigualdades históricas. La emergencia climática hace que sea urgente cambiar el rumbo”, subrayó.
Inmediatamente después se refirió a los BRICS: “La ampliación del grupo fortalece la lucha por un orden que dé cabida a la pluralidad del siglo XXI. Somos una fuerza que trabaja por un comercio mundial más justo. El desempleo y la precarización del trabajo ha minado la confianza de las personas; y el neoliberalismo ha empeorado la desigualdad económica y política. Su legado es una masa de personas excluidas y marginadas. Repudiamos a los que utilizan a los inmigrantes como chivos expiatorios”.
El mandatario brasileño luego se refirió a la libertad de prensa y puso el foco en Julian Assange: “Es fundamental proteger la libertad de prensa. Julian Assange no puede ser castigado por informar a la sociedad de manera transparente y legítima”, sostuvo.

Y en el apartado dedicado a los conflictos bélicos en el mundo, indicó: “No habrá prosperidad sin paz. Conocemos los horrores y sufrimientos que generan todas las guerras. Promover una cultura de paz es una obligación de todos nosotros”.
Respecto a la guerra en Ucrania, se limitó a expresar que “ninguna solución será duradera si no se fundamenta en el diálogo”.
Luego mencionó la situación política de Guatemala al decir que “hay un riesgo de que haya un golpe que empidiría que el ganador de las elecciones asuma”; y defendió a la dictadura cubana: “Brasil seguirá denunciando medidas como el embargo a Cuba y que se lo califique como un estado que patrocina el terrorismo”, expresó.
Por último, manifestó: “La desigualdad debe indignarnos por el hambre, la pobreza, la guerra y la falta de respeto al ser humano”.
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