
Michel Temer nunca había imaginado la posibilidad de ser presidente. Es cierto que la carrera que construyó al interior del mayor partido de Brasil, el PMDB, le permitió llegar a ser titular de la Cámara de Diputados a fines de los 90. Pero su imagen opaca y su comunicación distante y anticuada lo hacían un muy mal candidato. La vicepresidencia que le ofreció Dilma Rousseff en 2010 en el marco de la alianza de gobierno entre el PT y el PMDB parecía lo más alto que iba a llegar.
Sus perspectivas cambiaron cuando estalló la crisis política y económica del gobierno petista, y los distintos escándalos fiscales y de corrupción hicieron que se empezara a hablar de impeachment. Al ver que se le presentaba una oportunidad inédita, y que si no actuaba su propio partido podía terminar arrastrado por el terremoto, rompió con Dilma y comenzó a trabajar por el juicio político.
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Así se dio lo que nadie hubiera imaginado algunos años antes. El 12 de mayo de 2016 el Congreso decidió abrir el proceso contra Rousseff y la apartó temporalmente del cargo. Temer asumió la presidencia sabiendo que iba a terminar el mandato. Por eso introdujo importantes cambios en la política económica e institucional del gobierno desde el primer día. El 31 de agosto el Parlamento destituyó definitivamente a Dilma y lo confirmó como presidente hasta el 1 de enero de 2019.
"Estos primeros seis meses del gobierno de Temer estuvieron marcados por una considerable inflexión en el ambiente político e ideológico del país. La tendencia progresista que primó desde el final del régimen militar, y que encontró su cenit en el segundo mandato de Lula da Silva, a partir de 2013 pasó a ser contestada por una visible reacción conservadora. Por primera vez desde 1964 Brasil se está enfrentando a un cambio en la orientación de la opinión pública en provecho de la derecha y en detrimento de la izquierda", explicó Christian Edward Cyril Lynch, profesor de ciencia política en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, consultado por Infobae.
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Temer debe ser entendido como una expresión de ese cambio de época. El viraje entre su gobierno y el de sus predecesores no es sólo al nivel de las políticas. Sus estilos no podrían ser más diferentes. La política de los grandes discursos y de los actos masivos de Lula y Dilma contrasta con la extrema parquedad de la nueva administración.
"El temperamento del presidente —continuó Lynch— es conciliador y conservador, y está buscando promover los cambios considerados necesarios por la nueva alianza para corregir los errores de conducción económica que marcaron a la presidencia anterior y que llevaron a la inmensa crisis económica en la que se debate la nación".
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La búsqueda de legitimidad
"La gestión de Temer se pautó por la búsqueda de tres objetivos principales. Demostrar la legitimidad del gobierno y el cumplimiento de las normas constitucionales brasileñas a nivel internacional. Obtener apoyo interno de la clase política y de parte de la sociedad. Y aprobar medidas para sanear la crisis económica", destacó el sociólogo Eduardo Lopes Cabral Maia, profesor de la Universidad Federal de Santa María, en diálogo con Infobae.
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Los primeros dos objetivos fueron centrales al comienzo, ya que Temer era plenamente consciente de la precaria legitimidad con la que asumía. Sabiendo que Dilma había caído por el aislamiento del PT en el Parlamento, lo más urgente era conseguir el acompañamiento del grueso de la clase política.
"El Gobierno buscó apoyo interno a través de medidas en favor de diferentes categorías de la maquinaria pública —dijo Maia—. Se aprobaron reajustes salariales para funcionarios federales de los tres poderes y del Ministerio Público. También buscó adhesiones a través de la asignación de cargos ministeriales. Fueron nombrados ministros de más de diez partidos diferentes, incluso de líneas ideológicas contrarias a Temer en su propio partido. Así consiguió el apoyo de la clase política y de parte del funcionariado público".
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La otra pata del trabajo de legitimación fue limpiar la imagen de Brasil en el exterior, que había quedado bastante manchada por todas las polémicas que rodearon al impeachment. Esta tarea la emprendió sobre todo a partir de septiembre, tras la ratificación de Temer en el cargo. El personaje clave aquí fue el canciller José Serra, del PSDB, principal socio de la improvisada coalición gobernante. Su intención fue recomponer las relaciones con Estados Unidos y con la Argentina de Mauricio Macri, tomando distancia del eje bolivariano.

La apuesta por el ajuste
Una vez que consiguió mínimos niveles de aceptación nacional e internacional, Temer empezó a realizar algunos cambios de fondo en la economía. "El Gobierno está centrado en dos ejes. El primero es la reducción de los gastos públicos y la apertura para una nueva ola de privatizaciones e inversiones extranjeras en el país. El segundo es el desmonte del modelo desarrollista del período PT que, en sus mejores momentos, intentaba articular crecimiento económico con redistribución social", dijo a Infobae el politólogo Alfredo Alejandro Gugliano, investigador de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul.
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El programa de la administración Temer bien podría resumirse en una sola palabra: ajuste. El pemedebista asumió con un diagnóstico: la causa de que Brasil esté atravesando la peor crisis económica de su historia democrática, con una caída del PIB de 3,8% en 2015, es el excesivo gasto público, que desencadenó un déficit desproporcionado. También se podría buscar allí la fuente del conflicto político, ya que Rousseff fue destituida por maquillar las cuentas precisamente para disimular ese déficit.
"La crisis fiscal hace que el actual gobierno se limite a administrar el caos financiero en el que se encuentra el país. Hasta el momento, la marca del presidente ha sido implementar un ajuste fiscal que es visto con desconfianza por la población", afirmó Thiago Sampaio, profesor de ciencia política de la Universidad Federal do Pampa, en diálogo con Infobae.
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La iniciativa madre para cumplir con ese objetivo es la PEC 241, la enmienda constitucional que congela el gasto del Estado Federal por 20 años, limitándolo sólo a la inflación del año anterior. En octubre obtuvo media sanción de la Cámara de Diputados. Falta que la refrende el Senado.
"También fue promovida, por medio de un decreto presidencial, una amplia reforma de la educación secundaria. Igualmente, están en el horizonte reformas previsionales y laborales. Todas esas propuestas tocan directamente la base de apoyo de los partidos de izquierda: movimientos sociales, docentes, médicos, estudiantes secundarios, cientistas sociales y sindicatos", contó Lynch.
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Pero la política económica de Temer no preocupa sólo a los sectores del trabajo. A pesar de las distintas señales que ha intentado dar, también está teniendo dificultades para convencer a los inversores.
"El Gobierno cuenta con la desconfianza del empresariado en función de la poca claridad sobre el proyecto que pretende implementar —señaló Gugliano—. Hasta el momento las iniciativas presentadas tienen un fuerte carácter de estímulo a la apertura de la economía para las inversiones extranjeras, especialmente en el campo energético. Pero poco se está presentando en términos de propuestas para el empresariado nacional. Incluso la fuertísima FIESP (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) ya empieza a presentar sus primeras críticas".

Las amenazas que pueden frustrar el Plan Temer
"Temer no vive, de modo alguno, la crisis de gobernabilidad de Dilma. La falta de legitimidad que tenía en sus últimos meses de gestión le impedía aplicar cualquier medida efectiva que necesitara de apoyo legislativo. Temer viene demostrando que cuenta con el apoyo de la mayoría del Parlamento. La otra esfera de la crisis política se refiere a la sociedad. En gran medida, la situación se calmó. Cesaron las impresionantes manifestaciones contrarias a Dilma y al PT. En su lugar, ha habido movilizaciones de sectores de izquierda, como el PT, favorables a Rousseff y contrarios al presidente", dijo Maia.
El proyecto político de Temer enfrenta dos grandes amenazas. La primera es lo que mencionaba el sociólogo: si bien la calle no tiene la efervescencia que tenía durante el ocaso de la ex mandataria, hay un avance del malestar social, sobre todo entre los sectores que formaban parte de la coalición del PT.
"Después del impeachment de Dilma las manifestaciones disminuyeron. Pero eso no significa que el gobierno de Temer cuenta con el apoyo de la opinión pública. Su popularidad está entre las peores de los últimos mandatarios, y esto ha llevado a que evite algunas apariciones públicas", dijo Sampaio.
Ese descontento está dando lugar a una nueva oleada de protestas. En caso de profundizarse, podrían horadar la precaria estabilidad que parecía haberse alcanzado. "La PEC 241 está generando grandes movilizaciones sociales —dijo Gugliano—. Hoy tenemos una importante cantidad grande de escuelas y de universidades ocupadas. Los jóvenes se manifiestan contra la PEC y contra un conjunto de propuestas del gobierno que intentan reducir la libertad de cátedra, así como los recursos para la ciencia y la tecnología. Diversas categorías profesionales están amenazando con huelgas nacionales. No se puede decir que el país viva un momento de estabilidad política".

La segunda gran amenaza para el gobierno es el fantasma que tiene en vilo a toda la política brasileña: las investigaciones judiciales por los escándalos de corrupción. Si bien las principales figuras del PT han sido las más apuntadas porque sus responsabilidades eran mayores, el PMDB sabe que no puede estar tranquilo. De hecho, Eduardo Cunha, uno de los hombres fuertes del partido y presidente de la Cámara de Diputados durante el juicio político a Dilma, fue destituido y encarcelado por su participación en la trama negra de Petrobras.
"Semanas atrás, uno de los ministros más importantes de Temer, José Serra, fue denunciado por haber recibido más de siete millones de dólares en el esquema de caixa dois (fondos para soborno). Y hace algunos días apareció también un cheque por más de 200 mil dólares para los gastos electorales del mismísimo Temer, que está siendo investigado", apuntó Gugliano.
Aún más preocupante es la causa que investiga cómo se financió la campaña de 2014, que terminó consagrando a la fórmula Rousseff—Temer. En caso de avanzar, el proceso podría terminar eyectando al actual presidente del Palacio do Planalto.
"Los jueces del Tribunal Superior Electoral (TSE) tienen evidencias robustas de que la fórmula recibió financiamiento ilícito de las empresas investigadas en la Operación Lava Jato. Temer intenta convencer al tribunal de que analice las cuentas por separado, o sea, por un lado las suyas y por otro las del PT. Pero su pedido va en contra de la jurisprudencia y el propio juez relator del caso no parece convencido. En caso de que el TSE impugne la fórmula, si la Corte Suprema confirma la decisión, el Congreso Nacional tendría que elegir un nuevo presidente", concluyó Lynch.
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