
Por mucho tiempo Nueva Zelanda era un país casi desconocidoa para la mayoría, pero cuando se convirtió en el escenario de la versión cinematográfica liderada por Peter Jackson de la trilogía literaria de J. R. R. Tolkien de "El Señor de los Anillos" y la más reciente de "El Hobbit", su popularidad se acrecentó hasta convertirse en un destino elegido por millones de turistas que deseaban recorrer los maravillosos paisajes de la "Tierra Media".
Este edén salvaje y verde, mezcla a la vez el bullicio de las grandes ciudades con la vida silvestre. Está conformada por dos grandes islas: la Isla Norte -con volcanes inmensos y magníficas playas vírgenes, lugares para hacer surf e historia maorí-, y la Isla Sur -con viñedos eternos, glaciares espectaculares y lagos de aguas cristalinas-. Además, hay muchas islas de menor tamaño, entre las que se destacan la Isla Stewart, con apenas unos pocos habitantes y donde la naturaleza se vive en estado puro.
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Pero, además de ser el centro de una de las sagas más famosas de la cultura popular y de uno de los mejores equipos de rugby a nivel internacional, los All Blacks, su belleza natural atrae anualmente a millones de visitantes, que arriban a este increíble país -notoriamente aislado geográficamente del resto del mundo- en busca de aventuras, buenos momentos y paisajes de ensueño. Y una de sus mayores estrellas es Waitomo, hogar de unas cuevas fluorescentes que se iluminan en la oscuridad gracias a un fenómeno natural asombroso.
Waitomo se encuentra al sudeste de la región de Waikato en la Isla del Norte. Es una región rural, donde predominan las aldeas, cuyas poblaciones no superan las 500 personas, y con gran predominancia de habitantes de origen maorí. Los turistas que llegan a este lugar arriban para visitar sus célebres cuevas, algunas de las cuales son el hogar de unos pequeños insectos que crean un efecto luminoso simplemente sorprendente.
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Aunque parezca increíble, las luces que se ven en estas cuevas tan icónicas de Nueva Zelanda son millones de pequeños gusanos fluorescentes. Este bichito es, en realidad, la larva del insecto Arachnocampa luminosa, que brilla tanto que crea una especie de vía láctea dentro de las grutas. Parece salido de Avatar, pero es una más de las bellezas naturales que parecen inspiradas en un cuento de hadas.
La larva del gusano Arachnocampa luminosa es nativa de Nueva Zelanda y sólo se lo puede encontrar en este país -por eso se lo conoce comúnmente como el "gusano fluorescente de Nueva Zelanda". Esta especie prefiere los lugares húmedos de las cuevas o de los bosques. Su nombre maorí es "titiwai", que significa "Proyectado sobre el agua", debido a su reflejo en las lagunas y ríos dentro de las cuevas en las que se encuentran.
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La especie fue catalogada por primera vez en 1871, cuando fue recolectada de una mina de oro. Al principio, investigadores pensaban que estaba relacionada genéticamente con el escarabajo fluorescente europeo, y luego se descubrió que se trataba de la larva de un gusano, y que nada tenía que ver con el otro insecto. En 1891 se la llamó Bolitiphila luminosa, antes de que se le cambiara el nombre de manera definitiva al actual en 1924.
Las cuevas y ríos subterráneos de Waitomo -cuyo nombre deriva de las palabras maoríes "wai" (agua) y "tomo" (agujero)- crean un laberinto sobrenatural que nace debajo de colinas verdes. Se hacen constantes tours tanto a pie como en bote. También se puede descender haciendo rapel o tirolesa, una de las actividades que más prefiere la gente joven que llega a esta región.
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Las cuevas fueron creadas gracias a la erosión producida por los fuertes y constantes flujos acuáticos subterráneos que fueron tallando a través del tiempo -miles y miles de años- las rocas de piedra caliza generando así grutas. Algunas son dueñas de increíbles estalactitas que crecen desde el techo y de estalagmitas que nacen desde el suelo de las cuevas, formados durante siglos por el goteo de agua. Estos lugares además están "decorados" con estas miles de galaxias de gusanos nativos.
Obviamente, hay tanto para explorar sobre la superficie como bajo tierra. Las cascadas de Marokopa están entre las más visitadas de Nueva Zelanda. Se ubican en el bosque de Tawarau, a tan sólo unos kilómetros de las Cuevas de Waitomo. Es un lugar ideal para el trekking y las caminatas. También se destaca el puente natural Mangapohue, un arco de piedra caliza de 17 metros de largo para no perderse. Para saber todo sobre la historia de las célebres cuevas, el Waitomo Museum of Caves es el lugar indicado para sumergirse en este increíble fenómeno natural de Nueva Zelanda.
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