Se ha escuchado una y mil veces que las amistades prueban la fortaleza en las circunstancias adversas, cuando todo parece salir mal. Desde chicos enseñan y dicen que un buen amigo debe estar en las buenas, pero principalmente cuando atravesamos una crisis vital.

Así, se va forjando los vínculos centrados en estos preceptos y se prioriza la posibilidad de contener a los seres queridos, para ser el hombro de apoyo y secando la  lágrimas, confiados en que así demostraremos nuestra lealtad y compromiso.

Pero ¿qué ocurre cuando se está pasando un buen momento? En las buenas, ¿es importante contar con los amigos? ¿O no es tan necesario como cuando uno está triste? Desde la psicología, los expertos aseguran que el valor agregado que ofrece la amistad es el compañerismo y la contención, dos ejes fundamentales en la vida de todo ser humano en las buenas como en las malas por igual.

El desafío que se debe asumir, entonces, es no menospreciar el impacto de la alegría. Sentirse feliz, en plenitud, vitales, moviliza las emociones y la psiquis con la misma intensidad que estar angustiados o desahuciados. Entonces, ¿por qué nunca se deja de llamar a esa amiga que sufre porque se separó de su pareja, pero se olvida llamar a otra que acaba de iniciar un proyecto positivo para su vida? Nadie dice que no se debe llorar junto a el, pero es tiempo de entender la importancia de reír de a dos, también.

El 53% de las “amistades” no es recíproca (Shuttersotck)
El 53% de las “amistades” no es recíproca (Shuttersotck)

Los amigos del éxito

Se tuvo un ascenso en el trabajo. El conocer una persona especial que te hace sonreír todo el  día. Se logró resolver con el analista cuestiones familiares que venían siendo problemas desde hace mucho tiempo o hasta estar pasando el mejor momento de la vida, sin embargo uno se puede sentir solo.

Cuando se atraviesa una buena racha personal, es muy común que en  aparezcan "los amigos del éxito". Se trata de esas personas que solo acompañan en momentos de diversión y abundancia, con los que todo es risas y alegría, pero que se manejan con un alto nivel de superficialidad. En un carril opuesto transitan los amigos verdaderos: aquellos que conocen en profundidad y entienden los matices de cada persona.

Y aunque todos reconocen bien estos dos tipos inversos de relaciones, es frecuente que cuando se vive un buen momento se esté más cerca de esos "amigos por conveniencia" que de los reales. Y esto ocurre porque se asume como natural algo que es un error clave en nuestros vínculos: cuando uno está feliz, también necesita del afecto y el apoyo de los amigos del alma.

El estadounidense Tom Rath, autor de numerosos best sellers, plantea en su libro Amigos vitales: la gente que no puede permitirse vivir sin, que ser aceptados por nuestro grupo de pertenencia, por nuestros pares, completa nuestra plenitud: por eso es clave tener amigos que nos brinden su contención en los momentos difíciles y su alegría en los placenteros. En efecto, asegura el especialista, las relaciones que apuestan a la incondicionalidad–en las buenas y en las malas- brindan al ser humano beneficios tanto a nivel social como psicológico.

(iStock)
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Compartir es la clave

Para poder comprender el alcance de estas cuestiones, es importante pensarlas desde el corazón. ¿Cómo se siente una persona cuando rebosa de alegría, pero no se tiene con quién compartir? Ya no tiene tanta gracia. Lo mismo le pasa a los amigos, a los familiares y a todas las personas que uno quiere.

Necesitan de la compañía y el afecto especialmente cuando los motivos para festejar sobran, porque allí también se prueba la verdadera amistad. Se debe dejar de priorizar el cuidado de las relaciones como si fueran tareas pendientes en el trabajo, donde lo urgente es lo que anda mal y las tareas de mantenimiento quedan relegadas por "apagar incendios". En los vínculos, las cosas funcionan de otro modo.

Compartir con la incondicionalidad que implica estar en las buenas y en las malas es el gran desafío que se debe proponer para incorporarlo a la vida cotidiana.

Los 4 ejes de la amistad

1- Autenticidad. Se trata de expresar con claridad cómo nos sentimos ante el otro, incluidas las emociones negativas como la envidia o el desgano.

2- Cordialidad. Consiste en ser considerado con los afectos de uno de manera incondicional, respetando los deseos y acompañándolos en las malas y también en las buenas.

3- Empatía. Es desarrollar la capacidad para identificarse con lo que la otra persona siente y necesita. Para eso, la escucha activa se vuelve clave.

4- Apertura. Implica estar dispuestos a compartir todo lo que nos pasa, sin juicios de valor y con humildad, siendo capaces de dar y recibir afecto.Con nadie como con un amigo uno es capaz de ser totalmente honesto, abrirse sin miedo al ridículo y confiar en que el otro recibirá lo que le ofrezcamos sin objeciones. Y estos valores esenciales, ligados a la confianza y el afecto, aplican a todos los vaivenes por los que atraviesa una relación: los altos y los bajos.

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