"Necesito cambiar de trabajo, necesito cambiar de trabajo, necesito cambiar de trabajo….", día y noche esta consigna te da vueltas en la cabeza, no te deja dormir, se dispara en cualquier momento. De repente, estás hablando de cualquier otra cosa con tu pareja y volvés a concentrarte en lo mismo. Mañana, tarde y noche, como el pajarito de la publicidad, las palabras te taladran la cabeza. ¡Basta, es tiempo de poner un freno!

"Es fundamental entender que los pensamientos e imágenes repetitivas (que pueden referirse a cualquier tema e ir cambiando), nos generan un estado de excesiva ansiedad; y, generalmente, para calmarnos, nos equivocamos, porque actuamos de manera compulsiva y esto no hace más que mantener la obsesión", explica el licenciado Santiago Gómez, director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, y agrega: "Las ideas obsesivas son 'ego distónicas', esto significa que la persona quiere eliminarlas porque perturban, y no puede".

Medí las consecuencias

(Getty)
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Así y en medio de este espiral sin fin, la persona pierde calidad de vida y capacidad de disfrute, lo que termina repercutiendo en las diferentes áreas de la vida, laboral, familiar, de pareja, con los amigos.

Pensemos en este ejemplo cotidiano:

María se encuentra en una fiesta y no logra divertirse porque está obsesionada pensando si cerró bien o no las hornallas de la cocina de su casa. Por lo tanto, más analiza los pasos que realizó, más duda y más se obsesiona, sin poder salir de la telaraña de sus maquinaciones.

Decí basta

Cortar con esta forma de movernos en la vida es posible. Algunas técnicas de la terapia cognitiva son realmente efectivas. Tomá nota:

-Interrupción o corte. Cuando aparece el análisis y las dudas sobre una determinada situación, no dar rienda suelta y cortar diciéndose "basta".

-Cambio de foco. Poner la atención en el exterior para salir de los pensamientos perturbadores.

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-Actitud de indiferencia con las imágenes que generan ansiedad.

-Aprender a reírse sobre las ideas irracionales, minimizándolas para que pierdan fuerza.

-Cuando aparecen ideas obsesivas, no entrar en el juego. Ponerse a hacer otra cosa.

La preocupación constante y la ansiedad van siempre de la mano y no son buenas compañías para tu salud. Vivir con el corazón en la boca y con la cabeza llena de malos presagios no te dará un segundo de paz, y lo que es más grave, impedirá que resuelvas aquello que te preocupa de verdad.

Ponerle fin a este hábito puede ser todo un desafío para una personalidad ansiosa, pero hay algunas pautas que pueden ser de utilidad:

(Shutterstock)
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-Quienes son proclives a preocuparse demasiado siempre están proyectando un futuro hipotético cargado de desgracias. Si alguien no les responde el teléfono, imaginan que esa persona fue víctima de algún accidente espantoso; luego, con mucho esfuerzo, descubren que lo más probable, es que no esté en casa.

-Consejo: mantené los pies en el presente, el futuro puede despertar incertidumbre.

-De la preocupación al insomnio hay un solo paso. Si un tema te obsesiona, no lograrás conciliar el sueño. De noche, todo se agiganta.

-Consejo: alejá el pensamiento molesto sin dudarlo un segundo y concentrate en descansar. Al día siguiente, con la mente despejada, podrás tomar mejores decisiones con respecto a lo que te inquieta.

-Hay personas que tienen un alto concepto de la preocupación y la consideran inseparable del cariño.

-Consejo: en lugar de decirle a una amiga que te preocupa que esté sola, salí de tu casa y pasá tiempo con ella. Seguramente, va a agradecer tu compañía, no tu preocupación.

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