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Las personas negativas, las pesimistas, las "mala onda", aquellas que a la pregunta "¿cómo andás?" siempre responden con un "¡no sabés lo que me pasó!" o "¡tuve una semana terrible!", comparten algo en común: todas ellas han aprendido a lo largo de sus vidas a conducirse con esas actitudes. Y sin darse cuenta se convirtieron en amargados.

Preocuparse demasiado, lamentarse, maldecir… son algunas formas de comenzar. Por eso, el psicoanalista Paul Watzlawick desarrolla en su libro El arte de amargarse la vida la idea de que la realidad es una construcción de nuestros filtros de atención y de ideas que ponemos por sobre otras. Por eso, muchas veces nos alejamos de la realidad y, sin embargo, creemos que esa construcción (negativa) es lo real.

Usualmente, el amargado pone en marcha "estrategias" para seguir convenciéndose de que su vida es totalmente negativa. Algunas de ellas son las siguientes:

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-La única verdad es la suya: el amargado crónico ignora y desvaloriza al otro, para él, todos están equivocados y se convence cada día de que su opinión es la única correcta. Así, va por la vida comprobando que estamos yendo de mal en peor. Siempre encuentra motivos para rezongar y comprueba que su mala onda es fundamentada.

-Aferrarse al pasado: el famoso "todo tiempo pasado fue mejor" es la premisa clave del amargado crónico. Continuamente recuerda su juventud como un tiempo memorable, y eso lo ayuda a confirmar que el presente es un cúmulo de amarguras. Este mecanismo de pensamiento "de ensueños" hacia el pasado le permite revestir de rosa todo lo vivido, y recubrir con el negro más profundo los acontecimientos del presente.

Meterse siempre en problemas (aunque sean ajenos): si por casualidad al amargado le toca vivir una semana "tranquila", su mecanismo se activará y automáticamente encontrará algún problema ajeno con el cual engancharse. La política, alguna noticia de los medios, algún compañero de trabajo, un vecino o el tema que fuera, siempre encontrará una molestia, problema o conflicto con el cual involucrarse. Así, su misión cotidiana estará cumplida una vez más: ¡habrá encontrado algo de qué quejarse!

-Evitar el éxito: propiciar el propio boicot y victimizarse, grandes recursos del amargado. Puede generar sus propios pensamientos negativos y se anticipará a los hechos esperando siempre lo peor. Por este motivo,
va generando dentro suyo la negatividad necesaria como para que todo, efectivamente, le vaya saliendo mal. El negativo crónico realizará las peores profecías y, por supuesto, luego se esforzará por comprobar que se cumplieron.

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-Visualizar una única solución: siempre aplicará a los problemas del presente, soluciones que le funcionaron en el pasado. Así, nunca se da cuenta de la necesidad de cambiar de estrategias y recursos y no reconocerá
que debe abrir su mente a nuevas formas de resolución de los problemas. Claro, el tema reside en que muy en el fondo, esta persona no quiere resolver sus conflictos.

Prevenir y activar nuestra capacidad para vivir una vida plena y satisfactoria está a nuestro alcance, ¡solo necesitamos comenzar por atender esos cinco puntos!

Recorré tu camino

La ansiedad por el futuro, las obsesiones y la terquedad son tres características que definen a una persona negativa. Volver al pasado reviviendo escenas dolorosas, tener miedo a lo que vendrá y no abrirse a otras alternativas de acción o de pensamiento son actitudes muy frecuentes en quienes tenemos alrededor, y es probable que a veces seamos permeables a todo esto e incorporemos esos pensamientos sin darnos cuenta. Por eso, antes que nada debemos identificar y reconocer con quién estamos tratando y cuánto nos puede afectar este tipo de relaciones.

"No solo somos responsables de nuestra desdicha, sino que, del mismo modo, podríamos crear nuestra felicidad", explica Paul Watzlawick. Aunque parezca algo imposible o utópico, la felicidad siempre es una opción que está a nuestro alcance, podemos decidir ser creadores de nuestro bienestar y dejar de construir la desdicha.

No se trata de negar los problemas ni de resignarnos con una mirada ingenua, sino de saber que tenemos la posibilidad de afrontar cada episodio de nuestras vidas con una actitud que nos permita, en vez de
quejarnos, tomar el aprendizaje y levantar cabeza para continuar avanzando.

El que se deprime los domingos, el que espera con desesperación que llegue el fin de semana, para luego decir que "dos días no son suficientes", el que recién llega de sus vacaciones y ya se siente agobiado y no encuentra motivación para volver a comenzar… Nos rodean muchas personas con estas características y, al mismo tiempo, quizás nosotros mismos seguramente tengamos algo de este prototipo de "amargado crónico". No hay ventajas en vivir de esa manera, entramos en un círculo vicioso en el que la queja se convierte en norma, y el mal es la regla que rige
nuestra vida.

Por eso, cortar esta tendencia negativa se consigue con un fuerte deseo de cambio y mucha confianza en que existen otros miles de perspectivas. Existen tantas variables y tantas miradas como seres humanos en el mundo. No dejemos que las tendencias negativas del ambiente en que vivimos nos afecten, aprendamos a desarrollar un punto de vista propio y una nueva y personal manera de afrontar lo que nos toca en el camino.

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