Descodificación biológica original: el arte de escuchar el cuerpo

POR Verónica Salatino
Están quienes no pueden ni quieren ver más allá de la alopatía tradicional; y están quienes, cada vez más, se animan a ver al ser humano de manera integral y hasta relacionar que una descompostura pasajera está más asociada con alguna situación personal o laboral que con la
comida que la persona ingirió anoche.

En este último grupo se encuentran los que adhieren a la Descodificación Biológica Original (BDO) como complemento de la medicina.
"Para los acompañantes de Descodificación Biológica Original todo síntoma tiene su inicio en el momento en el que la persona vive un evento para el que no está preparada y éste es dramático. Lo que vive en ese instante a un nivel muy profundo de su ser no lo puede expresar y se encuentra sin solución para resolverlo. Es en ese momento en el que el cerebro descarga la
tensión vivida a través del cuerpo y lo hará siempre siguiendo un patrón concreto que mantiene una coherencia biológica", explica Ángeles Wolder Helling en su libro El arte de escuchar el cuerpo.

Con un largo recorrido en este camino, tanto en Argentina como en España, Ángeles–originalmente, Licenciada en Kinesiología (UBA) y en Antropología Social y Cultural (Universitat Autònoma de Barcelona)- explica que esta especialidad proviene de la teoría de las cinco leyes biológicas de la Nueva Medicina Germánica, "que hablan de que siempre antes de que aparezca un síntoma, la persona ha vivido un conflicto y ese conflicto es biológico, no es de carácter psicológico".

Según la especialista, que fundó el Instituto Ángeles Wolder, tanto en Buenos Aires como en España, y ofrece no sólo cursos sino también charlas y consultas (www.institutoangeleswolder.com), en toda situación desestabilizante que vivimos, tenemos un pensamiento, un sentimiento y una emoción asociada, incluso si no nos damos cuenta de
esto.

"Por ejemplo, si te sientes frustrada porque cada vez que estás con cierta persona discutes, la emoción asociada podría ser la rabia o la ira. Debajo de esa emoción aparece una sensación corporal, que podría ser una punzada en el estómago en el momento en el que estabas discutiendo. Toda esa cascada de pensamiento, sentimiento, emoción y sensación corporal corresponde a un evento concreto", explica la descodificadora biológica.

 

Entonces, ¿ante una misma situación, dos personas diferentes desarrollan los mismos síntomas?

¡No! "Tú y yo podemos vivir ahora mismo una discusión y tú lo puedes tomar como que no te puedes expresar porque eres muy educada y no me quieres contestar mal, y en cambio yo lo puedo vivir como algo muy feo porque tú me provocas mucho malestar", explica Wolder.

.¿Y si ambas lo vivimos de la misma manera, con la misma sensación? ¡Ahí, sí! Siempre y cuando sea con la misma tonalidad.

"Si las dos vivimos esto como una cosa fea que queremos eliminar rápido de nuestras vidas, las dos acabaremos haciendo una diarrea", suma, al tiempo que aclara que hay manifestaciones que son inmediatas y otras que pueden darse muchos años después.

Cambiar el chip
Desde que nacemos hasta los diez o doce años se produce lo que en descodificación biológica se conoce como la primera programación. Básicamente, durante ese período todos vivimos las cosas que luego repetiremos a lo largo de la vida por primera vez y el modo en el que las
experimentamos es cómo se nos quedará grabado y asociado. "

Todas esas cosas que vives una primera vez, luego las vas a repetir así hasta que lo aprendas, que lo integres, hasta que veas que eso sí ocurrió y no lo puedes cambiar, pero lo que sí puedes cambiar es la manera en la que
lo ves hoy", explica Wolder.

Y suma: "La descodificación es como una filosofía de vida que te
ayuda a entender, por ejemplo, por qué te torciste el pie, por qué llegas tarde, por qué escoges una pareja, por qué te vas de vacaciones a cierto lugar o, incluso, por qué miras ciertas cosas en la tele. Es mucho más que un síntoma, habla de la vida y de la forma que encontró el
organismo de sacar hacia afuera el estrés que se ha acumulado a lo largo de las diferentes situaciones".
Por lo tanto, para dejar de repetir ciertos síntomas o situaciones, se trata de cambiar el chip, reprogramarse.

descodificacion SF¿Sencillo? Para nada, pero la descodificación biológica ayuda a que lo logremos. Al menos, eso le pasó a Claudia Scarinci, a quien le apareció un mioma uterino apenas seis meses después de haberse realizado el último estudio.

Con más de 40 años, divorciada y un hijo adolescente, asegura que pensó lo peor: "En la primera consulta comprendí cuál fue el motivo y el objetivo del mioma uterino, que se manifestó una vez que mi único hijo comenzó la facultad y, además, en una zona de Buenos Aires que, según escucho en
los noticieros, es muy peligrosa. Comprendí que mi organismo me estaba ayudando en lo que yo emocionalmente no estaba pudiendo resolver, que tenía que ver con que me sentí impotente por no poder retenerlo en mi hogar".

A partir de entonces, según cuenta Claudia, tomó conciencia de sus creencias limitantes y modificó acciones en relación a su hijo. "El último estudio indicó que el mioma sigue siendo de nueve milímetros y no apareció ningún otro. Comprendí cuál fue el conflicto y la solución que
me aporta el síntoma, y de qué manera vivir sin repetir lo que me llevó a que mi cuerpo respondiera de esta manera", cuenta.

Al igual que Claudia, María Virginia Quintero también tuvo que reprogramarse para dejar de repetir las infecciones urinarias que sufría desde que tenía dos años.

"Algunas veces eran muy intensas y necesitaba tratamientos prolongados", explica. Virginia vivía en el extranjero y decidió regresar al país, motivada por su padre, pero una vez en Argentina se dio cuenta de que el trabajo, la casa y la situación familiar que supuestamente la esperaban aquí no eran
como creía. La historia que sigue incluye cólicos renales agudos, fiebre elevada, internaciones e infección en los túbulos colectores renales. Luego de dos años de estos cuadros reiterados, decidió apostar por la descodificación biológica.

 

"Mediante el trabajo terapéutico pude reconocer, y sobre todo volver a sentir, distintos momentos en mi vida en los cuales repetí el
patrón de mudanza, sensación de soledad, no tener lugar de pertenencia y esa tristeza a veces inexplicable", dice; y asegura que pudo "cambiar la historia", ya que no volvió a padecer las
infecciones intensas ni ninguna de esas sensaciones que las precedían. "He adquirido nuevas
herramientas para reconocer en mi cuerpo esas señales físicas, que son como un semáforo en
amarillo pidiendo atención".

Guía rápida

Si bien Ángeles aclara una y mil veces que no le gusta mucho esto jugar al diccionario y que todo depende de las sensaciones de cada uno, de cómo vive cada persona la situación traumática que le tocó, hay algunos síntomas y órganos que están muy relacionados con ciertas vivencias. Tomá nota:

– Hígado: es el órgano que almacena la glucosa y los nutrientes, por lo que es considerado el banco del organismo. "Una personalidad hígado, en este sentido de almacenamiento, es una persona que se va a vestir de manera muy austera, que va a ser muy ahorrativa, que va a tener la nevera siempre llena y, seguramente, vas a encontrar que en la vida de la madre, el padre o algún familiar directo ha habido carencias. Se transmite esta historia de falta", explica la autora de El arte de escuchar mel cuerpo.
– Ansiedad: es ni más ni menos que miedo al futuro, a algún tipo de enfermedad o a que
el cuerpo no acompañe.

– Celiaquía: en descodificación biológica la trabajan como a una alergia y, en este caso puntual, está relacionada con problemas de unión en la familia porque es la resistencia del organismo a integrar algo (el gluten).

– Colon irritable: "Son personas que no pueden tolerar las situaciones que están viviendo. Y, en este caso, además, hay que sumarle gases, y por momentos hinchazón y, en otros, diarrea; es decir, hay proyectos que no pueden llevarse a cabo".

– Retención de líquidos: según la especialista, está relacionada con la sensación de sentirse solo, abandonado y sin referentes.

– Várices: "es un conflicto reiterado en el tiempo de querer limpiar toda la porquería y suciedad de lo que uno está viviendo y no poder. Eso es lo que hace una vena: retira la sangre sucia. En este caso, no puede conseguirlo, por lo tanto, la persona se siente impotente y desvalorizada".

Para finalizar, Wolder recuerda que "la responsabilidad de lo que nos ocurre es debido a cómo interpretamos y vivimos los eventos".

Será hora de prestarnos más atención, escuchar a nuestro cuerpo y, sobre todo, poder descodificarlo.