Existe en Buenos Aires un lugar único en Sudamérica que nos lleva a un viaje en el tiempo de la evolución de las computadoras (personales e industriales) y consolas de videojuegos.

Equipos que van de los años 50 hasta la actualidad, se exhiben deslumbrantes en dos pisos con una disposición muy bien curada, vitrinas iluminadas, cartelería explicativa de cada aparato y la posibilidad única de volver a jugar al Pacman, Donkey Kong, Tetris y más.

El Museo de la Informática está ubicado en pleno centro porteño, muy cerca de Retiro
El Museo de la Informática está ubicado en pleno centro porteño, muy cerca de Retiro

Se trata del Museo de Informática de la República Argentina, ubicado en la calle Marcelo T. de Alvear al 740 de CABA, considerado uno de los 5 en su tipo en todo el mundo y el segundo en cantidad de aparatos, con un acervo de 35.000 unidades, después del Computer History Museum, que es el más grande del mundo ubicado en Silicon Valley, California, EEUU.

"Empezamos con dos computadoras, una IBM y una Apple, y llegamos a tener casi 1.600 máquinas en casa, hasta que con mi mujer, Alicia Murchio, decidimos levantar este museo, una experiencia increíble y muy educativa", explicó a Infobae su director Carlos Chiodini, un apasionado de la tecnología que como docente docente especializado en planilla de cálculo un día tuvo la inquietud de mostrarle a sus alumnos cómo eran los equipos y el software de los 80.

Dispone de una amplia colección de computadoras y consolas de videojuegos
Dispone de una amplia colección de computadoras y consolas de videojuegos

"Empecé a coleccionar computadoras porque siempre me gustaron. También me llamó la atención con la velocidad que descartábamos cosas. La informática y también la telefonía celular da cuenta de ésto. Y tenemos planificado hacer una exposición solo de celulares", comentó Chiodini sobre su impresionante patrimonio atesorado en los últimos 30 años.

Así, comenzó a coleccionar en su casa equipos de distintos años hasta que llegó a los 600. "Cuando ingresé una computadora vieja a mi cuarto, mi mujer me dijo: ´Hasta acá llegamos. Esta es una colección que tiene que ver la gente'. Entonces empezamos con la idea de la Fundación que la terminamos abriendo en 2010″, explicó el coleccionista.

Carlos Chiodini, un apasionado de la tecnología, dirige el museo junto a su esposa
Carlos Chiodini, un apasionado de la tecnología, dirige el museo junto a su esposa

Y agregó orgulloso: "En el mundo existen solamente 5 museos que se dedican de forma exclusiva a la informática y están ubicados en Argentina, Estados Unidos, Alemania, España e Inglaterra".

Basado en la premisa que la obsolecencia hoy está programada en tecnología: "porque no le vas a poder cambiar la batería o el software deja de estar actualizado", Chiodini además de coleccionar aparatos propios o comprarlos en ferias y exhibiciones, recibe muchas donaciones de particulares.

El público se muestra entusiasmado con la exhibición de aparatos que ya no se ven en hogares o empresas
El público se muestra entusiasmado con la exhibición de aparatos que ya no se ven en hogares o empresas

"Gente que heredó una computadora vieja de sus padres, que la tenía guardada en un cuarto o baulera de la casa. Y como ya no tienen valor de venta, antes de tirarla a la basura, la donan al museo para que nosotros la podamos exhibir. También muchas empresas desechan tecnología vieja y aceptamos lo que al museo le pueda servir", agregó.

Cuando los artefactos son recibidos y catalogados, los nombres de los donantes se hacen públicos vía el catálogo online o en su etiqueta de exhibición. Antes de ser exhibidos, los objetos pasan por una etapa de restauración. Cuando el museo desarrolla una exhibición, los curadores revisan una lista de objetos "candidatos" y elijen aquellos ítems que mejor se adecuan al tema y los mensajes de la muestra. De todos modos, todas las donaciones están catalogadas y almacenadas, y son accesibles al público vía catálogo online y para investigadores por pedido.

Computadores de los años 70 y 80 se muestran en funcionamiento
Computadores de los años 70 y 80 se muestran en funcionamiento

La colección de archivos consiste en equipos, manuales, libros, folletos de marketing, periódicos, reportes técnicos y otros tipos de documentación. El Museo de la Informática tiene convenios con universidades, como la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA) o la UNPA (Universidad Nacional de la Patagonia Austral), que tienen carreras de conservación y restauración de piezas viejas.

"En el museo coleccionamos y también restauramos equipos viejos. Ideamos un método de blanqueamiento del plástico amarillo para alcanzar calidad de exhibición. Es por eso que la UMSA nos manda a sus estudiantes para que hagan en el museo las prácticas pre-profesionales", informó.

Tesoros de otros tiempos

Entre los tesoros que alberga el museo se puede encontrar un osciloscopio, el primer videojuego de la historia, de 1958 con el juego Tennis for two. También, se observa una calculadora mecánica de 1876 hasta una computadora iMac Pro.

Las primeras computadoras personales con amplios teclados y pantallas mínimas
Las primeras computadoras personales con amplios teclados y pantallas mínimas

"Tenemos una réplica en tamaño real y funcional de la Ferrary Mercury II, que fue la primera computadora que se instaló en Argentina con fines educativos. La computadora, que pasó por un proceso de restauración durante cinco años, tiene 18 metros de largo y 8000 válvulas", remarcó Chiodini.

El museo también cuenta con una amplia exposición de la historia de las consolas de videojuegos. Ahora está expuesta la exhibición participativa GAME, que explora más de 40 años de videojuegos por medio de un recorrido visual, dinámico e interactivo de las consolas y juegos que marcaron una época y han tenido relevancia histórica y cultural.

La muestra GAME atrae a los nostálgicos y más chicos, con la posibilidad de jugar
La muestra GAME atrae a los nostálgicos y más chicos, con la posibilidad de jugar

En la exposición se exhiben consolas icónicas que representan la evolución de las distintas generaciones tecnológicas desde 1972 hasta la actualidad, con la posibilidad de experimentar videojuegos en sus plataformas originales, desde el mítico Pong, pasando por el PacMan, el Donkey Kong, el Tetris, hasta la Realidad Virtual.

También hay un sector de videojuegos diseñados en la Argentina. A través de un acuerdo del museo con ADVA (Asociación de Desarrolladores de Videojuegos de Argentina) es posible jugar a títulos argentinos como Orange Adventure, Pichon! o BlueRider.

Desde la primera generación hasta la última, un recorrido por las consolas de juego
Desde la primera generación hasta la última, un recorrido por las consolas de juego

"Nosotros hacemos arqueología informática. Queremos hacer cultura, no un negocio", remarcó el fundador del lugar, que dejó marcada su preocupación por la falta de apoyo y mantenimiento del proyecto, tanto a nivel gubernamental como privado.

Todo a pulmón

"Este año debimos comenzar a cobrar un bono contribución para visitarlo, ya que no podíamos hacer frente al pago de los gastos que genera. Antes de abrir el museo pedí ayuda a las autoridades. Me dijeron, cuando lo abras, hablamos´. Después de abierto, me dijeron ´No, el museo es muy chico. Cuando tengas un más grande, hablamos´. Lo tuve que cerrar porque no lo podía mantener", se quejó.

Consolas y cartuchos de juego son reparados y funcionan
Consolas y cartuchos de juego son reparados y funcionan

Y agregó: "Para reabrir este lugar, donde alquilo el local de dos pisos, tuve que vender un departamento. Cuando pedí ayuda y pude mostrar que estábamos en un lugar más grande, me dijeron que estábamos en el primer semestre y que debía esperar al segundo semestre que iba a ser mejor para que ellos pudieran subvencionar parte de su funcionamiento. Llegó el segundo semestre y no pasó nada. Mientras tanto aumentó todo, inclusive el dólar. La única respuesta que recibí siempre es un pero".

"También hay un tema grande con el tema de responsabilidad social de las empresas y compañías informáticas. No hay en el país la obligación de hacerlo como sucede en otros países, donde los museos de informática están esponsoreados por empresas tecnológicas", afirmó el docente, que recibe un bono anual de IBM de $ 54.000, que es igual al alquiler de un mes del local.

La voluntaria Antonella muestra el primer videojuego de la historia, de 1958 con el juego Tennis for two.
La voluntaria Antonella muestra el primer videojuego de la historia, de 1958 con el juego Tennis for two.

Toda esta fundación se maneja a través de unos 20 voluntarios que llegan convocados por las redes sociales y quieren conocer cómo trabajaba la tecnología vieja. Una de ellas es Antonella Mainini, una millennial de 25 años, cuyo padre era técnico de computación y se vio rodeada de computadoras y equipos para videojuegos desde su infancia.

Más allá de la exhibición, el museo brinda capacitación gratuita informática a lo que llaman "el grupo Grey Power", que son personas adultas. "Damos capacitación gratuita. Ayudamos a una franja olvidada: la gente que tiene entre 45 años y 65 o más y está trabajando. Ellos son los que tienen que actualizarse continuamente con los cambios tecnológicos", resaltó Chiodini, que dijo que "las empresas no invierten en gente de más de 45 años. Los califican de viejo y los descartan. Nosotros intentamos que ellos sigan trabajando y capacitándose para no perder su fuente laboral a raíz de los sucesivos cambios tecnológicos".

Un clásico de antaño: la consola Atari 2600
Un clásico de antaño: la consola Atari 2600

"También hacemos investigación de los equipos. Si hubiese un apagón informático general, el único que se va a poder comunicar es quien tenga un módem viejo, que funcionaba por teléfono, o el télex. Y esos los tenemos también", se ríe.

La institución está abierta al público en general los viernes y sábados de 16 a 20, con un bono contribución. Mientras que durante la semana, recibe grupos de colegios, universidades o centros de jubilados, todos ellos con entrada gratuita y cita previa. El Museo de Informática está ubicado en Marcelo T. de Alvear 740, en la ciudad de Buenos Aires.

SEGUÍ LEYENDO: