El error más común al guardar quesos y cómo evitar que se arruinen antes de tiempo

Las recomendaciones de organismos sanitarios ayudan a identificar señales de deterioro y a mantener los alimentos refrigerados en condiciones seguras

Ilustración en acuarela de un refrigerador abierto repleto de bloques, ruedas y cuñas de queso en todos los estantes.
La conservación del queso depende de su tipo, envase y temperatura de refrigeración. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El tiempo que un queso puede permanecer en la heladera cambia según su tipo, envase y la cadena de frío. La conservación segura del queso depende de mantenerlo a 4°C o menos, revisar las indicaciones del rótulo y distinguir entre variedades de mayor y menor humedad.

La humedad explica por qué algunos quesos duran menos

Los quesos frescos y blandos contienen más agua que los duros. Esa característica exige una vigilancia más cercana después de abrirlos y ayuda a entender por qué no existe un único plazo válido para todos los productos.

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La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda guardar los alimentos que requieren frío a 4°C o menos y revisar temperatura con termómetro de electrodomésticos.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) incluye, en sus pautas de conservación, referencias diferenciadas para varias categorías.

Infografía con ilustraciones de variados quesos, un termómetro digital y recuadros informativos con texto explicativo.
La heladera debe mantenerse a 4 °C o menos para reducir los riesgos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para quesos duros, como el cheddar o el suizo, señala hasta seis meses sin abrir y entre tres y cuatro semanas una vez abierto. Para quesos blandos, como brie, establece entre una y dos semanas en refrigeración.

Los plazos pueden variar según el proceso de elaboración y el envase, por lo que la fecha y las instrucciones del fabricante deben prevalecer cuando el producto las incluya. En términos prácticos, conviene identificar la categoría antes de decidir si un queso todavía está en condiciones de consumo:

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  • Frescos o muy blandos, como ricota, queso crema o cottage, requieren mayor atención y deben mantenerse bien cerrados.
  • Blandos, como brie o camembert, tienen una duración más limitada que las variedades duras.
  • Semiblandos o semiduros, entre ellos mozzarella, gouda o monterey jack, pueden conservarse durante semanas, según su humedad y empaque.
  • Duros, como parmesano, cheddar o suizo, suelen resistir más tiempo si se guardan de forma adecuada.
Interior de una heladera con quesos variados en recipientes y papel, una bola de mozzarella en agua y una pequeña fuente con cubos blancos.
Los quesos frescos y blandos contienen más humedad y requieren mayor vigilancia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El envase y la temperatura reducen los riesgos de deterioro

La FDA aconseja refrigerar o congelar los alimentos perecederos apenas se llega al hogar. También indica que los alimentos que necesitan frío no deben quedar a temperatura ambiente más de dos horas, o más de una hora cuando la temperatura ambiente supera los 32°C. Esta regla incluye el tiempo de preparación, servicio y consumo.

Para conservar el queso, la recomendación es mantenerlo en su envoltorio original hasta el momento de abrirlo. Luego puede guardarse en un recipiente limpio con tapa o en un envase correctamente cerrado.

Bloque de queso amarillo con moho verde y blanco, envuelto en plástico, sobre un estante de refrigerador. Se ven botellas de leche, frascos y fruta.
El moho propio de algunas variedades no siempre representan una señal de contaminación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El USDA aconseja no llenar la heladera de forma excesiva, porque el aire frío necesita circular para sostener una temperatura homogénea. Las medidas básicas para el almacenamiento son:

  • Verificar que la heladera esté a 4°C o menos.
  • Revisar la fecha y las condiciones de conservación impresas en el envase.
  • Cerrar o cubrir el queso después de cada uso para evitar contaminación y pérdida de humedad.
  • Evitar que los productos perecederos permanezcan fuera de refrigeración durante períodos prolongados.
  • No usar la degustación como única prueba de seguridad cuando hubo una interrupción prolongada de la cadena de frío.
Primer plano de una tabla de madera con una variedad de quesos, uvas rojas y verdes, nueces, albaricoques secos y una ramita de romero.
El envase original protege el alimento hasta el momento de su apertura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El moho visible no se evalúa igual en todos los quesos

El aspecto, aroma y textura deben interpretarse de acuerdo con el tipo de queso. Algunas variedades incorporan mohos como parte de su elaboración, por lo que una superficie con esas características no implica necesariamente que estén deterioradas.

En cambio, un envase hinchado, textura viscosa o cambios inesperados de color, olor o consistencia son señales que justifican descartar el alimento.

La guía de seguridad alimentaria de FoodSafety.gov, portal respaldado por organismos federales estadounidenses, diferencia entre quesos blandos y duros cuando estuvieron a 4°C o más durante más de dos horas.

Mano de una persona que toma un bloque de queso amarillo de un estante de supermercado lleno de quesos empaquetados.
Los quesos duros suelen conservarse durante más tiempo bajo condiciones adecuadas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para los blandos, recomienda desecharlos; para varios quesos duros, contempla su conservación. La indicación se refiere a una exposición puntual a temperaturas inadecuadas y no reemplaza las instrucciones específicas de cada etiqueta.

Ante un corte de energía, la misma entidad señala que una heladera cerrada puede mantener los alimentos seguros durante hasta cuatro horas.

Después de ese tiempo, los perecederos que hayan permanecido por encima de 4°C deben desecharse. También advierte que no se debe probar un alimento para determinar si es seguro.

Bandeja de telgopor con rebanadas de queso amarillo y moho verde azulado, envuelta en plástico. Al fondo, una bolsa de papel y una superficie de madera.
El queso abierto necesita permanecer cubierto o dentro de un recipiente con tapa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La congelación es posible, aunque puede cambiar la textura

La congelación es una alternativa, aunque el resultado varía según el contenido de agua. Las variedades duras suelen tolerarla mejor que las frescas.

Las pautas del organismo contemplan seis meses de congelación para ambos grupos, aunque la descongelación puede afectar la textura. Por eso, porciones pequeñas o producto rallado permiten retirar solo la cantidad necesaria.

La pauta central es combinar una temperatura estable, higiene durante la manipulación y respeto por las indicaciones de la etiqueta. Si las condiciones de conservación fueron inciertas o aparecen alteraciones ajenas a la variedad, las autoridades de seguridad alimentaria recomiendan desechar el producto.

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