Por qué la esponja de la cocina tiene dos colores y para qué sirve cada lado

El uso correcto de este elemento doméstico influye en la conservación de vajilla, limpieza diaria y prevención de contaminación cruzada

Manos con guantes azules vierten detergente verde sobre una esponja cerca de platos limpios y una pequeña planta en una cocina.
La esponja de cocina combina una cara suave con otra de mayor abrasividad. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La combinación de una cara suave y otra más rugosa permite adaptar el lavado al material y al tipo de suciedad. Los dos lados de la esponja de cocina cumplen funciones distintas, por lo que usarlos de manera adecuada ayuda a evitar rayones y a reducir el riesgo de trasladar residuos a utensilios limpios.

Por qué las esponjas de la cocina tienen dos colores

En el modelo más habitual, la parte amarilla está hecha de espuma absorbente y la verde es una fibra de mayor abrasividad. Los colores permiten reconocer ambas zonas a simple vista, aunque no existe una regla universal que asigne la misma función a cada color. La composición y etiqueta del producto son las referencias que deben orientar su uso.

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Infografía con la ilustración de una esponja y seis recuadros informativos con texto e íconos de limpieza doméstica sobre fondo beige.
La espuma absorbente retiene agua y detergente durante el lavado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La espuma retiene agua y detergente, y sirve para aflojar restos recientes con poca fricción. La fibra rugosa, en cambio, incrementa el arrastre mecánico sobre la superficie. Esa diferencia explica por qué una misma esponja puede resolver tanto el lavado diario como la limpieza de residuos adheridos.

La elección del utensilio de limpieza también tiene una dimensión sanitaria. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advierte que los microorganismos pueden diseminarse en la cocina y llegar a esponjas, mesadas, utensilios y alimentos. Por eso, mantener estos elementos limpios y separar las tareas que involucran alimentos crudos resulta relevante.

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Manos de un hombre lavando un plato blanco con agua corriente y una esponja con espuma en un fregadero de acero inoxidable.
La fibra rugosa ayuda a desprender grasa y residuos secos adheridos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para qué sirve cada lado y qué pasa si se usa el incorrecto

Para reducir el desgaste de la vajilla, conviene empezar por la cara menos abrasiva y aumentar la fricción solo cuando la suciedad lo exija. Una guía práctica es la siguiente:

  • Lado suave: platos, vasos, cubiertos, recipientes y superficies con suciedad reciente o ligera. También es la opción más prudente para utensilios con recubrimiento antiadherente y materiales que se rayan con facilidad.
  • Lado abrasivo: ollas, rejillas, fuentes resistentes y piezas sin revestimientos delicados que tengan grasa o restos secos adheridos. Debe utilizarse con presión moderada.
Una persona vierte lavavajillas azul de un envase transparente sobre una esponja verde y amarilla junto a un fregadero de cocina con limones.
La cara suave resulta adecuada para vasos, platos y utensilios delicados. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El uso de la cara rugosa sobre una superficie antiadherente, pintada, pulida o rayable puede dejar marcas y deteriorar su terminación. Antes de frotar un utensilio que no se conoce, es preferible probar en un sector pequeño y poco visible o consultar las indicaciones del fabricante.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda lavar platos, utensilios y mesadas con agua caliente y jabón después de preparar cada alimento. En el caso de tablas y otros elementos que tuvieron contacto con carnes, aves, pescados o huevos crudos, corresponde lavarlos antes de que entren en contacto con alimentos listos para consumir.

Manos de una persona sostienen una esponja jabonosa y un plato blanco junto a un grifo abierto en el fregadero de una cocina.
El enjuague y el escurrido reducen la acumulación de residuos en la esponja. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo desinfectar la esponja de la cocina después de usarla

Después de cada uso, la esponja debe enjuagarse para retirar restos de comida y detergente, escurrirse bien y dejarse en un lugar que permita la circulación de aire. La humedad y los residuos orgánicos favorecen la permanencia y multiplicación de microorganismos.

La Universidad de Minnesota señala que las esponjas tardan en secarse y que ese ambiente puede favorecer microorganismos como Salmonella y Escherichia coli.

Primer plano de una esponja de limpieza verde y amarilla sobre un soporte cerámico y una esponja amarilla más pequeña en un fregadero de cocina de acero inoxidable.
El recambio periódico evita continuar utilizando una esponja gastada o con mal olor. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para su sanitización, el mismo organismo propone estas alternativas, siempre que sean compatibles con el material y se respeten las instrucciones de seguridad:

  • Revisar que la esponja no tenga componentes metálicos y que sea apta para microondas. Tras enjuagarla y saturarla con agua limpia, puede calentarse en un recipiente apto durante un minuto de cada lado, con pinzas para manipularla al final.
  • Colocarla en el lavavajillas si el equipo cuenta con ciclo de sanitización y secado con calor.
  • Usar una solución sanitizante apta para superficies en contacto con alimentos, siguiendo la concentración y el tiempo de contacto que indique la etiqueta.

La sanitización reduce microorganismos, pero no reemplaza el recambio. La Universidad de Minnesota aconseja sustituir la esponja cada una o dos semanas, o antes si está gastada, conserva olor o se utilizó para limpiar una contaminación puntual.

Para limpiar derrames de alimentos crudos, una alternativa es emplear papel descartable y desecharlo luego, tal como sugiere la FDA.

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