Un restaurante chaqueño a las puertas del Impenetrable se consagró como el mejor de Argentina por su cocina sustentable

Ubicado en Juan José Castelli, el proyecto liderado por Alina Ruiz recibió un prestigioso premio gracias a una propuesta basada en productos regionales, preservación del monte nativo y saberes ancestrales

Chef Freepik
La gastronomía argentina se afirma con proyectos ligados a la identidad regional, los productores locales, la estacionalidad y los saberes artesanales /Freepik
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Actualmente, la gastronomía argentina se caracteriza por su diversidad: proyectos ligados a la identidad de cada región, el trabajo con productores locales, la atención al ciclo de los ingredientes y el uso de saberes artesanales.

Hay nombres propios que refleja esta dinámica. Mauro Colagreco, chef con ocho estrellas Michelin en cinco países, ha destacado por su colaboración con productores de cercanía y el respeto por los ciclos naturales. En Buenos Aires, Gonzalo Aramburu dirige el único restaurante argentino con dos estrellas Michelin renovadas, mientras que Gabriel Oggero (Crizia) y Dolli Irigoyen también representan el reconocimiento internacional, esta última con el Icon Award de The World’s 50 Best Restaurants (2023).

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Estos cuatro chefs integraron el jurado de la octava edición del Prix Baron B – Édition Cuisine, que distingue a restaurantes comprometidos con la sustentabilidad y el impacto positivo en sus comunidades.

El premio principal fue para Anna Restaurante de Campo, ubicado en Juan José Castelli, Chaco, y liderado por Alina Ruiz.

Un hombre sentado y una mujer de pie sonríen. El hombre sostiene un manojo de hojas verdes. Vegetales frescos sobre una mesa
Anna Restaurante de Campo, de Alina Ruiz en Chaco, ganó la octava edición del Prix Baron B – Édition Cuisine

Los otros dos finalistas fueron “Crujiente”, de Ushuaia, Tierra del Fuego, encabezado por Leandro Giménez y Camila Fernández; y “Alcanfor”, de Villa Crespo, Ciudad de Buenos Aires, a cargo de Julián Galende.

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La ceremonia tuvo lugar el 27 de agosto en el Faena Art Center, donde la emoción dominó el ambiente desde el primer instante. Productores, cocineros, referentes del sector y prensa especializada se reunieron para presenciar una final que prometía celebrar la excelencia y la innovación. Los tres equipos finalistas llegaron al evento tras un extenso proceso de selección que valoró la integración con el medio ambiente, la mirada transformadora y la calidad técnica de cada propuesta.

Durante la jornada, los cocineros finalistas presentaron sus platos y expusieron sus proyectos en vivo ante el jurado. La sala se llenó de aromas, relatos y miradas atentas, mientras cada equipo defendía su visión y su vínculo con el territorio. Anna Restaurante de Campo llevó la cocina chaqueña a la mesa, con un lingote de cabrito, chanfaina y papel de ordeñe, elaborado con productos regionales.

Corte de carne asado servido con salsa verde, salsa oscura, una esfera empanada y un crujiente sobre un plato blanco
Anna Restaurante de Campo presentó una cocina chaqueña con cabrito, chanfaina y productos regionales, mientras Alcanfor y Crujiente defendieron sus identidades territoriales

Alcanfor presentó un cordero grillado acompañado de milhojas de repollo, puré de cebolla caramelizada, naranjas quemadas y demi-glace de cordero. Crujiente eligió rendir homenaje a la costa y huerta de Tierra del Fuego con su plato “Costa y Huerta”, hecho con mejillones de banco, papines locales, garum de róbalo y salicornia.

El jurado, presidido por Mauro Colagreco y conformado por figuras de trayectoria internacional, enfrentó una decisión difícil. Cada propuesta reflejaba una identidad marcada, un profundo respeto por el territorio y un trabajo comprometido con la sustentabilidad y la innovación. La deliberación fue extensa y estuvo acompañada por la expectativa del público y la emoción visible en los cocineros.

Finalmente, la tensión de la espera culminó con el anuncio del proyecto ganador. El corcho bañado en oro, tallado por el orfebre Juan Carlos Pallarols, fue entregado entre aplausos y lágrimas. El equipo ganador obtuvo, además, una pasantía en el multipremiado restaurante Mirazur, junto a Colagreco, y un reconocimiento económico tanto para ellos como para los otros dos proyectos finalistas. La ovación se extendió a todos los participantes, que recibieron el reconocimiento del jurado y del público.

Alina Ruiz impulsa Anna, restaurante de campo en Finca Don Miguel, en las puertas del Impenetrable Chaqueño, con una cocina basada en lo que produce en su propio territorio desde hace más de 15 años.

Ruiz explicó a Infobae que en la finca la familia decidió preservar 20 hectáreas de monte nativo dentro de un total de 50 hectáreas: “No es solo por conservar el monte, sino porque entendemos la importancia que tiene ese monte nativo en pie para nosotros y para mantener vivas y sanas las cincuenta hectáreas”.

Ilustración de un chef sonriente cosechando lechugas en un huerto con varias camas de cultivo, un cobertizo, un árbol y una cesta de vegetales.
Alina Ruiz sostiene su proyecto en el Impenetrable Chaqueño con conservación de monte nativo, ganadería regenerativa, apiario, saberes ancestrales y cocina de estacionalidad

La cocinera sostuvo que sin esa conservación se dificulta aplicar la ganadería regenerativa y mantener un apiario de 50 cajones para obtener miel de la flora local. También afirmó que ese enfoque no responde a una tendencia: “El respeto por la tierra está desde siempre; no es tendencia, no es moda, es algo que se nos inculcó y que tomamos como una práctica, como una forma de vida”.

En su propuesta, trabaja con huerta, corrales y monte nativo, recupera saberes ancestrales de comunidades, revaloriza frutos del monte y cocina con estacionalidad, con técnicas contemporáneas y aprovechamiento integral de los alimentos.

La octava edición del Prix Baron B – Édition Cuisine ratificó el potencial transformador de la gastronomía argentina. Proyectos de todo el país se presentaron para concursar, mostrando que la excelencia puede surgir tanto de una finca chaqueña como de una cocina urbana en Villa Crespo o de una mesa íntima en Ushuaia. La diversidad fue la verdadera protagonista de una noche en la que la identidad local, la innovación y el compromiso con el entorno se celebraron como los nuevos pilares de la cocina argentina.

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