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Por qué no conviene cerrar la puerta del lavarropas al terminar el ciclo

Un gesto automático que parece inofensivo puede explicar por qué la ropa y el electrodoméstico terminan en peor estado de lo esperado

Ilustración de una mujer sentada en el suelo, cubriendo su cara con las manos, junto a una lavadora abierta, una canasta con ropa y detergente.
Cerrar la puerta del lavarropas al terminar el ciclo retiene humedad y favorece olores en el interior. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cerrar la puerta del lavarropas apenas termina el ciclo puede parecer una rutina inofensiva, pero la humedad que queda atrapada en el tambor y en la goma favorece los malos olores y la aparición de moho.

Ese punto, repetido por expertas en limpieza citadas por El Mueble, una publicación especializada en hogar y decoración, coincide con recomendaciones más amplias de organismos internacionales y agencias de salud pública que asocian la humedad persistente con el crecimiento de hongos y bacterias en superficies interiores.

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Infografía sobre cómo evitar olor a humedad. Muestra un lavarropas ventilando, otro con moho y malos olores, y herramientas para limpiar sus componentes.
La goma del tambor concentra agua y residuos, y se vuelve un punto crítico para la aparición de moho. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Qué pasa cuando la humedad queda dentro de la lavadora

La clave no está en la ropa limpia, sino en el ambiente que permanece dentro del electrodoméstico después del lavado. Varias especialistas señalan que el olor a humedad suele concentrarse en la goma del tambor, una zona donde se acumulan restos de agua, suciedad y residuos de detergente. En los lavarropas de carga frontal, ese pliegue de goma funciona como un punto crítico porque retiene humedad durante horas si la puerta se cierra de inmediato.

Mujer de espaldas, con top blanco y shorts, se agacha frente a una lavadora blanca abierta metiendo ropa. Al fondo, una ventana abierta a un patio de vecinos iluminado.
Dejar la puerta entreabierta tras cada lavado acelera el secado de juntas y superficies internas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte en su guía sobre humedad y moho en interiores que el crecimiento microbiano aparece cuando existe agua disponible de forma suficiente y persistente.

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La entidad indica que la prevención de la humedad continua constituye la medida principal para reducir esos riesgos. Aunque el documento de la OMS se centra en edificios y ambientes interiores, el principio resulta aplicable a espacios cerrados y húmedos dentro del hogar, como el interior de un lavarropas.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El cajetín del detergente puede retener restos jabonosos que luego contribuyen al mal olor

Por qué dejar la puerta abierta ayuda a evitar olor y moho

La recomendación más repetida por las expertas consultadas consiste en dejar la puerta entreabierta durante varias horas tras cada lavado. El objetivo es simple: permitir que el tambor, la goma y las juntas se sequen antes de volver a quedar cerrados. Esa ventilación reduce el tiempo en que el agua permanece retenida y limita las condiciones que facilitan el moho.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) sostienen en su guía sobre limpieza de moho que la humedad constituye el factor que debe corregirse primero. El organismo también señala que las áreas húmedas requieren ventilación y secado, y que la limpieza por sí sola no resuelve el problema si la fuente de agua persiste.

Vista cercana de una persona con guantes amarillos limpiando el interior del tambor de una lavadora de carga frontal con un paño blanco.
Secar los pliegues del sello con un paño ayuda a eliminar humedad visible y pelusas acumuladas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esa misma línea, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) recomienda mantener una ventilación adecuada y controlar la humedad en espacios interiores para prevenir la reaparición de moho.

Ese criterio respalda un hábito doméstico concreto: si la puerta permanece cerrada después del uso, el interior conserva calor y agua residual. Si queda abierta, el aire circula y acelera el secado de las superficies donde más se concentran los olores.

Vista lateral de una persona metiendo ropa oscura en una lavadora blanca con la puerta abierta, en una habitación con luz cálida y una ventana al fondo.
La ventilación reduce el tiempo en que el agua permanece atrapada dentro del electrodoméstico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las zonas que conviene revisar y limpiar

Además de ventilar el interior, El Mueble recoge otro consejo frecuente entre especialistas en limpieza: secar la goma y sus pliegues con un paño limpio después de retirar la ropa. Esa medida apunta a eliminar el agua visible y a retirar pequeñas pelusas o restos que pueden quedar atrapados.

Los CDC indican que las superficies duras pueden limpiarse con detergente y agua, y recuerdan que no siempre hace falta recurrir a productos agresivos para quitar moho doméstico. La guía del organismo añade una advertencia precisa: nunca debe mezclarse lejía con amoníaco ni con otros limpiadores.

Vista de un lavadero con lavadora y secadora blancas apiladas, gabinetes de madera clara, un fregadero negro, una ventana y un jarrón con flores.
Las guías sanitarias señalan que corregir la humedad es el primer paso para prevenir hongos en interiores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La EPA, citada en materiales recientes de salud ambiental, también ubica la reparación de la humedad y el secado como pasos prioritarios antes de cualquier tratamiento adicional.

En un lavarropas, esa lógica se traduce en tres áreas de atención: la goma de la puerta, tambor y recipiente para el jabón. Son puntos donde se concentran agua, residuos jabonosos y suciedad. Limpiarlos con frecuencia reduce la acumulación que luego se transfiere al olor de la ropa.

Primer plano de un tambor de lavarropas de carga frontal abierto, mostrando el interior metálico y una acumulación de suciedad visible en la goma del sello.
La limpieza sola no resuelve el problema si persiste la fuente de agua en zonas húmedas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hábito simple con efecto preventivo

También existen otras prácticas de mantenimiento, como revisar el filtro de forma periódica y hacer lavados de limpieza según las indicaciones del fabricante. Esas rutinas no reemplazan la ventilación, pero la complementan. La combinación entre secado, limpieza regular y control de residuos resulta la forma más directa de evitar que el problema reaparezca.

La OMS plantea que la manera más eficaz de evitar los efectos de la humedad es impedir su permanencia en el tiempo. Los CDC y la EPA coinciden en que la ventilación y el secado rápido reducen el riesgo de moho en espacios cerrados.

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