Argentina vs. España, dos potencias del vino: cómo formaría la selección de varietales inspirada en la Scaloneta

De Europa a Sudamérica, dos tradiciones enológicas exhiben historias, métodos y sabores propios. Una recorre siglos de denominaciones de origen; la otra combina herencia y creatividad en cada etiqueta. Qué distingue a cada origen y cómo se conformaría el once ideal de cepas nacionales para la final de este domingo

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Primer plano de una mano que sostiene una copa de vino tinto. Al fondo, un televisor muestra un partido de fútbol con jugadores y banderines celestes y blancos.
El Viejo Mundo vitivinícola prioriza el origen y la tradición, con regulaciones estrictas y denominaciones de origen reconocidas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las comparaciones suelen resultar odiosas, pero muchas veces ayudan a comprender mejor de qué se trata. Se habla mucho del Viejo Mundo y del Nuevo Mundo en torno al vino, y presentan diferencias marcadas, aunque mantienen una relación estrecha.

El primero refiere a los vinos elaborados en los países tradicionales de Europa (Francia, Italia, España). Allí, los vinos se identifican por su origen y no importa de qué variedad están hechos.

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Champagne, Chianti, Borgoña y Rioja son algunos de los más reconocidos. Todos están regulados por Denominación de Origen, una legislación privada que define áreas, cepajes, rendimientos, crianzas y estibas, con el fin de potenciar las ventajas diferenciales de cada zona. La historia y la consistencia han convertido a estos en los vinos más prestigiosos del mundo.

En cambio, los del Nuevo Mundo (Argentina, Estados Unidos, Australia, Chile) no están regulados de la misma manera y las variedades adquieren gran importancia. Existe total libertad para crear, aunque la falta de historia limita su prestigio. Sin embargo, en estos países, los mejores vinos se producen siguiendo métodos tradicionales, a partir de un solo viñedo con características únicas.

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Hombre de espaldas con camiseta de Argentina y copa de vino, mira un partido de fútbol en televisión rodeado de banderas argentinas y de España.
España y Argentina destacan como grandes animadores del consumo mundial de vino, cada una con su propio arraigo cultural (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por lo tanto, España y Argentina se destacan entre los países que más animan las copas del mundo. Sin embargo, como ocurre en los principales países productores, los vinos importados no suelen tener éxito. En primer lugar, porque las costumbres locales pesan mucho.

En el caso de España, los vinos más tradicionales son los de Rioja, la Denominación de Origen Calificada más importante de la península ibérica. También destacan otros tintos de renombre como Ribera del Duero y Priorat; Rueda y Rías Baixas en blancos, y Jerez como el gran vino generoso del sur. La historia vínica en España está vinculada a la expansión del Imperio Romano y, con el tiempo, las costumbres se arraigaron por regiones y comunidades autónomas. Esto genera tradiciones muy marcadas, especialmente en la gastronomía, donde el vino ocupa un lugar central.

A la Argentina, la vitis vinifera llegó con la conquista española. Pero la industria local se consolidó gracias a la influencia de Sarmiento y la llegada de inmigrantes a fines del siglo XIX. Curiosamente, aunque españoles e italianos fueron mayoría, las uvas y métodos más adoptados fueron los franceses.

Hoy, aunque España forma parte de la comunidad europea y su ubicación es estratégica, enfrenta la misma escasez de vinos importados que la Argentina. Este último país, además de estar lejos de los grandes mercados, tiene una economía que dificulta el desarrollo del sector de vinos importados.

Dos hombres y una mujer con camisetas de Argentina brindan con copas de vino. Una mesa con quesos, fiambres, pan, uvas y botellas de vino.
La historia del vino en Argentina comenzó con la llegada de la vid de la mano de los españoles y se consolidó con la inmigración europea (Imagen Ilustrativa Infobae)

La imagen y el posicionamiento de los vinos de un país es relativa. Más allá de los niveles de calidad, resulta necesario comparar con el resto. Así, el Malbec argentino puede competir de igual a igual con los mejores vinos del mundo, como lo demuestran los reconocimientos en concursos internacionales y calificaciones extraordinarias en publicaciones especializadas, incluso de 100 puntos.

No hay que olvidar que, en una época reciente, todo lo importado parecía mejor que lo nacional, al menos en la percepción colectiva. Luego llegó la revalorización de lo propio y, con ella, el reconocimiento de la industria local. Aunque hay aspectos en los que es difícil competir, en vinos la Argentina se destaca ampliamente.

Ser un gran país productor ofrece ventajas y desventajas al consumidor. Entre las primeras, se encuentra la gran oferta en todos los niveles de precio. La diversidad en las góndolas es notable y siempre aparecen vinos nuevos para probar.

Otra ventaja son los eventos y cursos que fomentan la cultura del vino. Al ser un país productor y tener al vino como bebida nacional, el auge se refleja en ferias, exposiciones y catas en todo el país. Los cursos también crecen por la demanda del público, lo que incentiva el interés y permite una mayor presencia del vino en los medios de comunicación. Pero no todo es favorable para el amante del vino local.

Una mesa de madera con copas de vino tinto, un plato de quesos, embutidos, aceitunas y pan, con un televisor de fondo mostrando un partido de fútbol de la FIFA.
El Malbec argentino ha logrado reconocimiento internacional, compitiendo con los mejores vinos del mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)

La gran oferta oculta una de las mayores falencias del mercado interno: la posibilidad de disfrutar vinos importados. No es responsabilidad de la industria, sino de la economía, ya que los vinos llegan a precios que no reflejan su calidad. A igualdad de condiciones, siempre habrá más y mejores opciones nacionales. No obstante, algo comienza a modificarse.

Por la estabilidad del dólar y la inflación, y por una incipiente apertura, resurgen los importadores y aparecen nuevos actores. Aunque aún no representan una porción significativa del mercado, sí constituyen un nicho. Al menos, quienes desean conocer vinos importados hoy disponen de más opciones. ¿Por qué debería ser posible acceder a vinos extranjeros? Para ampliar el paladar, comparar y comprender el nivel alcanzado por los vinos nacionales.

En España, zonas de gran historia y prestigio como Rioja y Ribera del Duero tienen a la Tempranillo como protagonista, con terruños únicos y etiquetas icónicas como Vega Sicilia Único.

La Argentina tampoco se queda atrás, con regiones de renombre internacional como Luján de Cuyo y Valle de Uco, y una variedad admirada: Malbec. La composición de los suelos y la diversidad climática confieren a los vinos argentinos una identidad propia. Esto no significa que sean mejores que los españoles, pero sí que pueden competir de igual a igual, para que los consumidores del mundo elijan su preferido.

Cuatro personas, incluida una mujer con top blanco, y un camarero en una mesa con vino, copas, tabla de charcutería, dos cubos y botellas en un viñedo.
Ser productor de vino ofrece diversidad y una amplia gama de precios en el mercado local (Imagen Ilustrativa Infobae)

En cuanto al consumo, España ocupa el sexto lugar internacional con 940 millones de litros, mientras que en la Argentina se consumen 750 millones, ubicándose en el octavo puesto. Respecto a superficie de viñedos, España es líder con 919.000 hectáreas, aunque no es el principal productor, puesto que ocupa Italia con 44,4 millones de hectolitros; España es tercera con 28,7 millones de hectolitros. La Argentina también destaca con 196.000 hectáreas (octava) y 10,8 millones de hectolitros (sexta).

Más allá de los números, son los vinos los que marcan la diferencia. Cuando el mercado es global, el tiempo se convierte en un aliado. En esto, España lleva ventaja por su historia y porque su gastronomía tiene mayor difusión internacional, lo que impulsa el comercio de sus vinos. Además, es uno de los países europeos más visitados por turistas, lo que también contribuye a la promoción de sus productos.

En solo 25 años, la Argentina logró avanzar notablemente. El auge de los vinos es evidente, con una calidad comparable a la de los máximos referentes. El éxito del vino argentino no se basa solo en la relación precio-calidad, sino en su significado, que trasciende la variedad y el estilo.

Actualmente, la Argentina genera impacto en el mundo, no solo por su coyuntura, sino también por el fútbol. Messi y su generación difunden el mensaje argentino en todos los rincones, lo que impacta positivamente en el turismo, la gastronomía y los vinos. Hoy, Malbec es sinónimo de Argentina, y la selección de fútbol de Scaloni representa un símbolo que moviliza por su esfuerzo y entrega, generando admiración y respeto hacia lo argentino.

En materia de maridajes, siguen predominando las costumbres regionales: la paella combina mejor con rosados españoles, los mariscos con Albariño gallego, las tapas con finos y manzanillas, y el chivito con Rioja o Ribera del Duero. Las carnes rojas a la parrilla se disfrutan más con Malbec, las empanadas con Torrontés y el locro con vinos a base de Criolla. Por eso, resulta enriquecedor conocer vinos al visitar zonas vitivinícolas, ya que hay sabores que no pueden viajar.

Lejos de significar una amenaza para el vino local, probar productos de otros países permite sentir mayor orgullo por lo propio. En el mundo del vino no hay ganadores ni perdedores, solo buenos vinos, y son pocos los países capaces de producirlos.

¿Cómo sería la Selección Argentina de vinos?

Tres hombres con camisetas de Argentina sostienen botellas y copas de vino tinto. Una bandera argentina se ve detrás de ellos. Hay barriles de madera en el fondo.
El Malbec ocupa el lugar de estrella indiscutida entre los vinos argentinos, como Messi en la selección nacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fútbol y el vino son dos pasiones argentinas, lo que invita a relacionarlas. Muchas veces, los vinos se describen con adjetivos que también se aplican a las personas. Así surge la idea de una selección argentina de vinos, inspirada tanto en las características de los varietales como en las capacidades de los jugadores de la “Scaloneta”.

Para el técnico argentino, la base es el funcionamiento del equipo campeón apoyado en una figura. Para el vino argentino, la base es también la diversidad, sustentada en una personalidad que, aunque no tan reconocida mundialmente como Messi, sigue ganando prestigio.

Entonces, si la Argentina jugara un Mundial de vino y debiera presentar un equipo con once varietales, inspirados en los jugadores de la Selección, ¿cuáles serían?

Arquero

1 - Merlot. Si bien le cuesta brillar como a la gran mayoría de los arqueros, el Merlot siempre está y aporta lo suyo. En los blends, aporta su elegante firmeza, como si fuera una muralla que le brinda seguridad al equipo. Un vino al que le cuesta lucirse en estas tierras, pero cuando se lo exige, dice presente.

Es cierto que el Dibu Martínez es más estridente que el Merlot, pero no hay que olvidar que esta uva es la protagonista de uno de los mejores vinos del mundo. Y él es uno de los mejores arqueros.

Botella de vino Malbec oscuro con etiqueta con el texto Día de la Bandera Argentina y la fecha 20 de junio. Fondo borroso de bandera argentina celeste y blanca.
Cada varietal argentino puede asociarse a un puesto clave dentro de un equipo titular imaginario (Imagen Ilustrativa Infobae)

Defensores

2 - Tannat. Hace falta ser fuerte y estar muy bien armado para poder frenar los ataques adversarios y cabecear todo lo que llegue al área. Por eso, el Tannat —uno de los mejores cepajes tintos que por aquí se dan en la altura— puede ocupar este puesto. Además de su generosa entrega frutada, sus taninos duros y ásperos pueden agradar a simpatizantes, a la vez que espantar a los contrincantes.

No hay dudas de que el Cuti Romero es duro como el Tannat.

6 - Petit Verdot. Es claro que la pareja central de cualquier equipo debe ostentar firmeza y poseer amplios recursos, tanto para defender como para atacar. Así es el Petit Verdot argentino: un vino que puede pasar desapercibido si comparte cartel en un blend o saltar a la fama como varietal, o como ese goleador al que se la dejan picando cerca del área.

Tanto Licha Martínez como Otamendi han demostrado firmeza y habilidad para salir jugando cuando es necesario.

Mesa de madera con tres platos de empanadas, una botella de vino tinto y cuatro copas llenas. Al fondo hay una bandera de Argentina.
Los titulares del vino argentino combinan tradición, innovación y adaptación al gusto internacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

3 - Syrah. En esta posición hay que saber cuándo ser delicado y cuándo sacar a relucir los dientes porque el lateral debe ser de ida y vuelta. También hay que ser generoso para subir y bajar constantemente al ritmo del equipo, como el Syrah que siempre está para dar una mano y que tiene en San Juan una cantera prometedora. Pero que se va a tener que esforzar mucho en cada partido para ser reconocido debidamente.

Así es Tagliafico cuando se proyecta por la banda, rápido como un Syrah rosé o más rendidor como un buen exponente tinto.

4 - Chardonnay. Otro que tiene que trabajar partido por partido para que la prensa y la hinchada local lo respete. Posee firmeza y volumen de juego, pero a la vez puede ser ligero y veloz, tanto en el paladar como en la cancha. Condición indispensable tanto para un jugador que debe defender y colaborar en ataque, como para ser un gran vino blanco argentino.

Nahuel Molina posee características de jugador de toda la cancha, pero siempre por su carril.

Mediocampistas

5 - Cabernet Sauvignon. Siempre le cuida las espaldas al Malbec, lo sostiene en la botella y juntos conforman quizás el mejor vino nacional. Pero también puede hacerlo en la cancha. Aunque no es una posición para destacarse, cuando surge un gran exponente —de esos que se recuerdan toda la vida, como los grandes Cabernet nacionales— deja huella. Puede ser delicado, pero aporta la firmeza que exige este puesto, garantizada por esos taninos siempre presentes.

En ese puesto, Leandro Paredes ha demostrado clase para definir y aportar siempre lo suyo, pensando en grande y con calidad.

Ilustración de acuarela muestra dos manos, dos copas de vino tinto, una botella sirviendo y tres velas encendidas sobre una mesa de madera.
Como en el fútbol, el éxito del vino argentino radica en la combinación de figuras consagradas y nuevos talentos en el equipo titular (Imagen Ilustrativa Infobae)

8 - Bonarda. Desde hace tiempo, viene siendo el ladero del Malbec en los clásicos y en los ya casi olvidados “Borgoña Nacionales”. Sin embargo, hoy las exigencias reclaman un mejor desempeño de su parte. Hay días en que parece estar preparada y responde a la altura de las circunstancias, y otros en que no lo logra. Por eso, para alcanzar la fama de manera definitiva, debe entrenar mucho más duro. Quizás el Este mendocino sea el lugar adecuado para lograrlo.

Rodrigo De Paul ya no tiene que demostrar nada, su lugar dentro de la cancha está ganado, y su despliegue es tan bueno y tan argentino como los mejores Bonarda.

11 - Pinot Noir. Otro que debe ser ligero para llevar peligro de gol al área contraria, sin la responsabilidad de sobresalir, ya que también debe prestar atención a la marca y su posición en la cancha. Aunque en el mundo los Pinot Noir gozan de gran fama —de hecho, es “el jugador” más caro—, el ímpetu de los nuevos exponentes patagónicos genera muchas expectativas. Destacan por su despliegue, templanza, elegancia y delicadeza, cualidades que también posee Enzo Fernández.

Delanteros

10 - Malbec. Sin duda, así como Messi es el mejor jugador argentino, el Malbec es el mayor exponente que se elabora en el país. Es, además de diferente a todos, quien mejor representa a la Argentina en el mundo. Puede ser verborrágico, como lo era Diego, o más reservado, como es Messi, pero siempre resulta expresivo, jugoso y muy agradable. Ojalá, algún día, el mundo se rinda a los pies del Malbec, como lo está haciendo con Messi.

7 - Sauvignon Blanc. Es ligero y muy agradable, también refrescante y profundo, especialmente cuando las uvas provienen de Patagonia, el Alto Valle de Uco o la Quebrada de Humahuaca. Siempre se muestra brillante en la copa y muy expresivo, tanto en nariz como en boca. En todo eso se parece a un buen delantero que se desplaza por todos los sectores, es vivaz en el frente de ataque y brilla en la selección argentina: Julián Álvarez.

9 - Torrontés. Es un goleador al estilo Lautaro, de esos que puede convertir desde cualquier lugar o enviar la pelota a la tribuna, pero siempre logra arrancar una sonrisa en la platea. Por eso, algunos lo aprecian más que otros. Lo mismo ocurre con el Torrontés, el blanco más argentino, capaz de despertar asombro, aunque también tiene detractores que no disfrutan de su carácter atrevido e ímpetu. Pero cuidado con el gran Torrontés, porque, igual que el Toro, puede sorprender en el último minuto.

Una ilustración de una mesa con varios platos de empanadas, copas con vino tinto, una botella de vino y la bandera de Argentina.
La diversidad de la “alineación” vitivinícola argentina permite responder a diferentes estilos y preferencias de consumo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Banco de suplentes vínico

En el banco de la Selección Argentina de fútbol hay muchos titulares que alternan según la estrategia que elige Scaloni. De la misma manera, en el vino existen varios que pueden ocupar un lugar principal.

Semillón. Otro que siempre estuvo presente y que aporta gran firmeza en el fondo, aunque todavía no haya logrado lucirse. Es un vino que, si se lo propone, puede conquistar paladares, siempre por la senda de la austeridad y la regularidad. Representa la efectividad, algo esencial para un gran defensor, como ha demostrado ser Facundo Medina.

Viognier. Posee todas las condiciones para reemplazar en su puesto al Chardonnay, incluso con un perfil más vistoso por su mayor expresión frutal. La firmeza de su potencia alcohólica es la base de su juego, la misma con la que Montiel ingresó a la cancha cada vez que fue necesario.

Tempranillo. Un vino que ha demostrado una buena adaptación al suelo argentino y que, poco a poco, se ganó la aceptación del público, más allá de ser el más admirado en España. Por sus características, es otro jugador de amplios recursos, con aparente madurez y firmeza, pero también suelto y afrutado. Esto le permite ser protagonista en defensa, en el medio o en el ataque, como el joven Nico Paz.

Cabernet Franc. Todo indica que su lugar está en el medio de la cancha. Puede desempeñarse muy bien como reemplazo del Cabernet Sauvignon, ya que también posee taninos firmes. Además, puede ocupar el lugar del Bonarda, especialmente en los nuevos ejemplares del Valle de Uco, con una atractiva carga frutal. La gran incógnita es si algún día podrá calzarse la 10 del Malbec. Aunque Alexis Mac Allister ya demostró que sí es posible.

Pinot Gris. Resulta difícil encontrarle un reemplazante al Torrontés. Sin embargo, hay un jugador que también tiene personalidad. Puede ser veloz y agresivo, pero también muestra mucha picardía, sobre todo en el final de boca. Aunque no abundan, los pocos que existen generan expectativas. Giuliano Simeone ha demostrado poseer esa picardía; solo necesita tiempo.

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