
Regresaron los bombardeos norteamericanos a Irán, después que se firmara un Memorándum de Entendimiento, el cual ya había generado un distanciamiento con Israel. La decisión de negociar fue motivada por la cercanía con las elecciones de medio término, que tendrán lugar en noviembre de este año, con encuestas que favorecen a los demócratas, por lo que se buscó una salida que estabilizara el mercado del petróleo, reabriendo el estrecho de Ormuz, acuerdo que fue casi inmediatamente violado por Teherán, donde para paralizar ese estrecho, más que una marina de guerra solo necesita del funcionamiento habitual de los seguros, ya que basta cualquier incidente o la simple amenaza, para que se paralice la cobertura, tal como ocurriera en años anteriores con los Hutíes en el mar Rojo.
En todo caso, la negociación y su posterior fracaso demostró el insuficiente conocimiento que tiene EE. UU. de la región a pesar de su ya larga presencia, toda vez que victoria y derrota no significan lo mismo que en occidente, y Washington simplemente se equivocó al suponer que la superioridad militar y económica se traduciría en una ventaja diplomática o negociadora, y por ello, fue superado en la mesa de negociación por un país mucho más débil, lo que se notó desde la forma como se impuso el estilo iraní, aun antes que empezaran las negociaciones en Ginebra. Sus términos fueron los de la cultura del bazar que es mucho más que una tradición comercial, representando toda una escuela de negociación, paciente, compleja, atenta a las señales psicológicas de la contraparte, incluyendo el lenguaje no verbal. EE. UU. ingresó con objetivos claros y un cronograma, demostrando que mucha información tiene, pero como otras veces, su fracaso se debe no a la falta de datos sino lo que significan, la falta de comprensión de esa cultura, que especial atención le prestó al calendario electoral.
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Al final se debió reconocer el fracaso, que lo registrado en el papel nada significaba para Teherán, la razón que se ha repetido por 47 años, que no son interlocutores confiables. Este cambio en EE. UU. ha tenido consecuencias, ya que los distintos actores se adaptaron al nuevo escenario de distintas formas, por lo que ha habido modificaciones en su posición hacia Irán, tanto en los países árabes como en el propio EEUU. Es decir, como los vacíos de poder no se mantienen en la realidad geopolítica del mundo, ante el hecho que Irán se ha debilitado y ya no produce el temor que generaba en la región como tampoco dispone de la red de proxis que había creado en varios países, salvo Hezbolá y los Hutíes, es Turquía quien se ha fortalecido para llenar ese vacío en representación del islamismo, por lo que Israel ya ha comenzado a prepararse para un escenario de creciente probabilidad.
Pase lo que pase en Ormuz, el futuro conflicto entre Turquía e Israel es la nueva fractura y el eje creciente de enfrentamiento estratégico ante el debilitamiento de Irán, visible para todos menos para la Guardia Revolucionaria, que bien podría estallar en Siria, país donde está presente Israel en defensa de los drusos, pero donde también Turquía es la potencia dominante en el actual gobierno, tal como Irán lo fuera en apoyo de la dictadura anterior.
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Es también un conflicto que presenta novedades varias, toda vez que Turquía es parte integrante de la OTAN por razones que solo se explican por el hecho que esa organización fue creada en la guerra fría para detener el expansionismo de la ex URSS. Hoy, sus problemas internos hablan por sí solos, que quizás debió haber desaparecido junto con su rival del Pacto de Varsovia, ya que difícilmente Occidente y Turquía tienen los mismos amigos y enemigos, desde el momento que Erdogan está desde hace tiempo intentando acabar con el laicismo con el que Ataturk creó la Turquía moderna después de la primera guerra mundial.
Erdogan es expresión de la ideología de la Hermandad Musulmana en politica interna junto a su programa de islamización del país, y le crea desafíos profundos a Israel por un lenguaje descalificatorio de su existencia y que habla de recuperar Jerusalén para el islam, tal como existía en el imperio otomano. Desde la década del 60, Turquía ocupa un 1/3 del territorio de un integrante de la UE como Chipre, que con Israel hoy tiene una relación de mutuo beneficio en la explotación conjunta de gas del mediterráneo, proyecto que busca trasladarlo por un gasoducto, quizás por Bulgaria a Europa, en el que también participan los Emiratos y Grecia, el rival histórico de Turquía, y quizás, en el futuro, El Líbano.
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Todo se complica aún más por la relación espléndida que ha establecido Erdogan con Trump, quien llegó a Ankara a la cumbre de la OTAN, “exclusivamente” por que como dijera el presidente estadounidense “tenía lugar en la capital de Turquía”, aplaudiendo una y otra vez, que Turquía invertía en defensa el porcentaje del PNB que todavía algunos europeos no cumplen. Todo este lenguaje adquiere importancia por dos motivos, que Trump establece relaciones basadas en las impresiones personales por sobre los intereses nacionales, lo que podría influir, en el segundo y más importante motivo, que estaría considerando la entrega de aviones F-35 a Turquía, lo que acabaría con la actual superioridad aérea que Israel goza en el medio oriente.
Hay un tupido velo que dificulta entender todo lo que está pasando, toda vez que los aliados estadounidenses desearían que Washington pudiera contestar preguntas que hoy no está en condiciones de responder, por lo menos hasta que el resultado electoral despeje lo que puede y no puede hacer, y no es una, sino que son varias las interrogantes. La primera es si ahora EE. UU. estaría dispuesto a llegar hasta el final para acabar con el Estado Islámico, la segunda duda es si se convencieron de que solo el cambio de régimen puede lograr que Irán renuncie a la bomba atómica. La tercera interrogante es si para obtener aquello estaría dispuesto a apoyar una rebelión de los kurdos, y, por último, si Israel va a recibir el apoyo suficiente para seguir bombardeando e intentando terminar lo que se inició el 28 de febrero, en caso de que EE. UU. posteriormente decidiera no continuar.
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Sin embargo, tal como fue anticipado por especialistas, desde el punto de vista de EE. UU. este regreso a los bombardeos continúa debilitando militarmente a Irán. pero políticamente no se ha regresado a la situación del día anterior a su suspensión, toda vez que algunas dudas solo van a poder recibir respuesta después de otras elecciones ya fijadas para el 27 de octubre, día que va a decidir la continuidad de Netanyahu en condiciones que la Corte Suprema todavía no sentencia si es absuelto o condenado. En todo caso, la mayor sorpresa puede ser que la posición israelí no cambie mucho debido a que las políticas de defensa son de Estado más que de partido, por lo que seguramente con o sin su persona el escenario bélico con Teherán no debiera cambiar, como tampoco la situación de Gaza o el de conflicto creciente con Turquía. Sin embargo, si pudiera ocurrir en el caso de la Autoridad Palestina y el deseo de Trump que Gaza regrese a su seno, como etapa hacia el Estado Palestino.
Con sus bombardeos, EE. UU. causa un indudable daño a un Irán que cada vez tiene más dificultades para una respuesta mínima, por lo cual se concentra en atacar la industria petrolera de las monarquías árabes del Golfo, y cada vez son más escasos y distanciados los misiles que llegan a territorio israelí, debido a la fuerza con la que este responde y la total superioridad aérea que ha adquirido.
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El error de EE. UU. fue ingresar a negociaciones, toda vez que no se previó el hecho que las concesiones alimentaron la fantasía de un triunfo en Teherán, ya que, para ellos lo principal era la supervivencia de la República Islámica, con lo que una derrota militar se transformó en un triunfo político. Así pasó con el entierro demorado del Ayatolá Ali Jamenei, convertido en enormes actos de apoyo al régimen.
Durante años Irán dedicó esfuerzos y recursos para que su voz fuera muy escuchada en varias naciones de la región, como también una red de proxis dispuestos a intervenir con armas en la política interna de sus países en nombre de la República Islámica, como también atacar a Israel. Hoy, ese poder se ha deteriorado mucho, y no solo por la acción militar de Israel, sino que EE. UU. ha tenido éxito en atraer al gobierno libanés hacia una negociación no solo de reconocimiento de Israel sino también en un acuerdo para eliminar o reducir el poder militar y político de Hezbolá, es decir, de Irán en ese país.
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Por vez primera se están reuniendo en forma directa representantes de El Líbano e Israel, y todo apunta a relaciones plenas, aunque no se retire todavía el ejército israelí del sur del país vecino de donde han salido los ataques al norte de Israel. Se ha iniciado un proceso, en que las zonas o áreas que se consideren libres de presencia de Hezbolá se entregarían al ejército libanés, un éxito de Washington que ratifica lo logrado anteriormente con un acuerdo de delimitación marítima entre ambos países, que técnicamente están todavía en guerra, pero ahora Líbano tiene la posibilidad de recuperar su soberanía, la que había sido secuestrado desde Teherán.
Otro éxito ha tenido EE. UU. en Irak, con el nuevo gobierno, cuyo primer ministro fue recibido recientemente en la Casa Blanca, con elogios calurosos de parte de Trump, quien tuvo una relación tirante con su predecesor. Que la relación actual es positiva, se manifestó en el arresto con acusaciones de corrupción de ministros y otros altos funcionarios cercanos a Irán, incluso, milicias a favor de Irán fueron disueltas por estar interviniendo en los asuntos internos, lo que se agrega a la buena relación de Washington con el gobierno islamista que en Siria reemplazó a la dictadura de Al Asad, vínculos que son lo suficientemente buenos para que el gobierno haya interceptado en la frontera armas que iban desde milicias iraquíes a Hez bolá.
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Desde otro punto de vista, la reposición de sanciones que ha acompañado el regreso de los bombardeos a Irán, esta vez tiene más posibilidades de causar daño real porque la agresión a países que habían decidido mantenerse neutrales como Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos o Qatar esta vez ha paralizado el uso que Irán hizo por muchos años de sus sistemas bancarios para seguir operando con el resto del mundo. Esa válvula se ha cerrado para Teherán agregándose al regreso del bloqueo de todos sus puertos al tráfico marítimo, cerrando el ingreso de pagos por el combustible vendido.
La nueva realidad se expresa también en que las monarquías del Golfo no tienen una misma y única actitud hacia Irán, además que algunas de ellas piensan que EE. UU. no los defendió adecuadamente, ya que ese era el motivo por el cual tenían bases militares en su territorio. Hoy, sobresalen 3 líneas, la de Qatar que a pesar de los daños recibidos mantiene una actitud amistosa hacia el régimen iraní, fundamentalmente por la relación estrecha que tienen desde hace tiempo por yacimientos de gas, donde son importantísimos actores a nivel mundial.
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Un segundo camino es el de Arabia Saudita, que se ha alejado del proceso de acercamiento que estaba siguiendo hasta el 7 de octubre de 2023, aunque posteriormente Israel recibió apoyo, incluyendo el uso de su territorio para el ataque de junio del año pasado a Irán. Sin embargo, a pesar de los daños infligidos a sus instalaciones petroleras, el gobierno saudita ha mantenido un diálogo permanente con sus agresores, y ha respaldado los esfuerzos de Turquía y de Pakistán para encontrar una salida pacífica a la difícil situación en la que se encuentra la República Islámica. Además, Pakistán ha estacionado tropas como compensación al apoyo económico que recibe de Raid, trío de países que ha hablado de la creación de una especie de Frente Sunita al que también se podría agregar diplomáticamente Egipto.
La tercera actitud es la de los Emiratos Árabes Unidos, una federación de siete emiratos soberanos, situados en la costa este de la península arábiga, entre Omán y Arabia Saudita. A diferencia de las otras dos líneas, la de los Emiratos se ha distinguido por la forma valiente en que ha enfrentado la agresión iraní, confrontándolos militarmente, por lo demás, es el territorio que ha recibido más misiles desde Irán, más incluso que Israel, actitud que llevó a que éste, por vez primera trasladara su celebrada defensa contra misiles y cohetes a Dubái.
Los Emiratos han tenido su bautizo de fuego y han salido bien parados, lo que contrasta con la propia Arabia Saudita que posee armamento muy avanzado, casi al nivel de Israel, pero que no ha sido empleado en defensa de su territorio, a pesar de ser a nivel mundial el octavo país en gasto de adquisición. Hoy, ha decidido no confrontar a Irán, pero sí a sus proxis, ya que después de mucho tiempo volvió a bombardear a los Hutíes en un ataque al aeropuerto de Saná en Yemen.
Países y sociedades reaccionan en forma distinta ante una experiencia límite como puede ser una guerra, y así como en el pasado Qatar adquirió una línea política independiente a la vez que distinta de la de Arabia Saudita, incluyendo alianzas, un proceso similar parece estar repitiéndose con los Emiratos. En todo caso, lo que se inició como una simple diferencia en el Yemen, subió un escalón cuando se integraron activamente a los Acuerdos de Abraham, estableciéndose una relación tan mutua que es lo más cercano a un aliado de Israel en el medio oriente. Arabia Saudita no sólo no se integró a esos Acuerdos, sino que ha recibido en forma distinta la agresión iraní, ya que mientras los Emiratos la han respondido,en el caso saudita se ha puesto la otra mejilla.
El medio oriente, es siempre la zona del mundo donde mejor se combinan el fanatismo y el milagro, siempre sorprendiendo, siempre en ebullición, pero siempre en forma continua y permanente cambiando e intercambiándose las alianzas, realidad que siempre desconocen los que mucho opinan sobre una realidad tan diferente, opiniones que se hacen desde la comodidad de la lejanía, y por ello, casi siempre se dicen cosas equivocadas o no verdaderas.
Y también pueden volver a cambiar, ya que Arabia Saudita, Qatar, los Emiratos Unidos, todos trabajan para fortalecer salidas del gas y del petróleo que sean alternativa a Ormuz. Por ello, llamativo fue el hecho que en los días que estuvo abierto el estrecho, ningún país en el mundo entero se apresuró a aceptar la oferta de Irán de trato privilegiado en precio, lo cual indica que probablemente la interrupción forzosa se va a volver en contra de sus intereses permanentes, ya que son precisamente los países que hoy están acudiendo a territorio estadounidense a abastecerse, por lo que no solo podría ser el principal productor sino también consolidarse como el mayor exportador.
Otra sorpresa podría materializarse si quizás el nuevo oleoducto o gasoducto, podría terminar atravesando Arabia Saudita y Jordania para terminar exportándose desde algún puerto israelí, sorpresas de las que también tiene que precaverse Arabia Saudita, toda vez que va a tener que preocuparse de la pesadilla que representan los Hutíes, que por órdenes iraníes vuelven a hablar de atacar navíos en el Mar Rojo o impedir el uso del estrecho de Bab el-Mandeb que separa a Yemen de Somalia, y por donde sale parte del petróleo que no puede hacerlo por Ormuz.
Sorpresas que también pueden alcanzar a los propios Hutíes, ya que ha pasado desapercibido el hecho que Israel se transformó hace poco tiempo en el primero que reconoció la independencia de Somalilandia, la única parte de Somalia, que como país independiente además funciona bien como Estado. Ahora, basta observar el mapa para apreciar que, si se sigue fortaleciendo esa relación, Israel podría actuar desde un territorio que queda prácticamente al frente de Yemen, tal como lo hiciera con pleno éxito el Mosad desde un país vecino a Irán como es el caso de Azerbaiyán donde predomina el islam, pero que demuestra que son realidades mucho más complejas de lo que se advierte en el buenismo occidental.
Así como otros deben preocuparse de él, también deberá hacerlo Israel con una realidad donde algunos de los países más críticos, salvo por Irán y su red de proxis, no se encuentran en el medio oriente, sino que hoy se ubican en Europa y países occidentales. Pero, la realidad a la que va a tener que adaptarse y trabajar activamente para modificarla, se podría encontrar hoy en EE. UU., donde se da un llamativo cambio en el partido Demócrata, ya que no debe sorprenderse si pronto asumiera la conducción del partido un sector que propone cortar el apoyo económico y de armamento, que por lo demás refleja cambios en la opinión pública estadounidense que podrían conducir no a un simple distanciamiento, sino a intereses contrapuestos y por lo tanto, al fin de la alianza de hecho que ha existido bajo Trump y que podría manifestarse también si un aislacionista como Vance llega a ser el candidato presidencial republicano el 2028.
Hechos a los que hay que prestar atención, toda vez que la historia es a veces la política que fue, mientras que la política es a veces la historia en construcción.
Máster y PhD en Ciencia Política (U de Essex), Licenciado en Derecho (U de Barcelona), Abogado (U de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
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