Elegir entre los saludos adecuados en contextos sociales y laborales se ha vuelto más complejo tras la pandemia y el auge del teletrabajo. El tradicional abrazo, el apretón de manos o el saludo a distancia ahora requieren decidir en segundos, adaptándose a nuevas normas de interacción. Expertos citados por TIME explican cómo tomar la mejor decisión en cada caso.
Saber si corresponde un abrazo, un apretón de manos o un saludo a distancia depende de leer señales rápidas: la mirada, la postura corporal, la orientación de los pies y la actitud general. Estas pistas permiten descifrar la preferencia ajena, considerando el grado de confianza y el entorno. No hay una fórmula universal, pero observar al otro y respetar su espacio ayuda a evitar situaciones incómodas.
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En los primeros segundos del encuentro, surge el dilema sobre el tipo de saludo más apropiado. Jessica Goldberg, especialista en comunicación y lenguaje corporal de la Universidad de Columbia, detalla para TIME un método sencillo: en los primeros cuatro segundos, es clave analizar la expresión de la persona. Una mirada cálida indica apertura, mientras que una evasiva sugiere reserva.

Luego, conviene observar cómo se orienta el cuerpo y hacia dónde apuntan los pies. Si el interlocutor se acerca de frente y con paso seguro, muestra interés en la conversación. Por el contrario, si desvía su cuerpo o sus pies, transmite duda o incomodidad.
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El movimiento de los brazos resulta igualmente revelador. Brazos abiertos sugieren disposición a un abrazo; si la persona sostiene objetos, cruza los brazos o extiende la mano, es probable que prefiera un apretón de manos o incluso saludar a distancia. El ritmo del acercamiento también importa: un paso entusiasta sugiere apertura, mientras que uno lento denota cautela.
Señales para elegir el saludo correcto según expertos
Interpretar estas señales puede ser un desafío, pero no es necesario ser un experto en lenguaje corporal. La doctora Tiffany Field, fundadora del Instituto de Investigación del Tacto de la Universidad de Miami, aconseja dejar que la otra persona tome la iniciativa: “Dejar que la otra persona tome la iniciativa es casi siempre lo más seguro”, afirma, según recogió TIME.
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Goldberg coincide y recomienda observar los movimientos para ceder el protagonismo a quien va delante. Así se evitan malentendidos, especialmente si existen diferencias de cultura, edad o confianza. Si la duda persiste en esos primeros instantes, lo prudente es permitir que el otro marque el tipo de saludo, una medida particularmente útil en eventos con desconocidos o donde las normas sociales no son claras.
Cuándo optar por abrazo, apretón de manos o saludo a distancia
Además de los gestos, la elección del saludo depende del vínculo y la formalidad del contexto. Goldberg destaca que, cuanto más formal la situación y menor la confianza, más recomendable resulta optar por un saludo a distancia o un apretón de manos. Si hay cercanía personal y el ambiente lo permite, un abrazo puede ser adecuado.
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En espacios laborales, la prudencia marca la regla. Lillian Glass, experta en comunicación de Florida, precisa: “Más allá del apretón de manos o un saludo a distancia, lo mejor es evitar el contacto físico en el entorno profesional”. El nivel jerárquico influye: Goldberg recomienda no iniciar abrazos con personas de menor rango en la empresa.

Cuando no se puede evitar un “abrazo seguro”, Blanca Cobb, especialista en comportamiento humano, sugiere mantener 60 centímetros de distancia, inclinándose solo desde las caderas y tocando solo los hombros, sin contacto de pecho a pecho. Así se transmite calidez sin ambigüedades.
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Cómo gestionar los límites personales y evitar malentendidos
Para quienes desean establecer límites claros, existen estrategias muy simples. Cobb propone sonreír y dar un pequeño paso atrás o hacia el costado, extendiendo la mano para un apretón, o elegir un gesto alternativo, como el choque de codos o la mano en el corazón. Estas señales ayudan a mostrar cortesía y cercanía, sin invadir el espacio personal.
Cuando hay desencuentros —por ejemplo, si una persona ofrece la mano y la otra busca un abrazo—, lo clave es reírse del momento y seguir con naturalidad. Goldberg sugiere desdramatizar e incluso bromear: “Me equivoqué, mejor nos damos la mano”. Reconocer el error con soltura suele desactivar la incomodidad y fomenta la empatía.
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Si es necesario rechazar el contacto físico, basta una sonrisa y una respuesta amable para mantener el clima cordial. Cobb insiste: “Se pueden poner límites físicos y aun así mostrar amabilidad y calidez”. No es necesario disculparse en exceso ni tomar el rechazo como algo personal, ya que pueden existir motivos culturales, personales o de salud para evitar el contacto.
La importancia del consentimiento y el respeto en los saludos
Anunciar que “uno es de abrazos” no siempre resulta apropiado. Blanca Cobb aconseja preguntar antes: “¿Estarías dispuesto a recibir un abrazo?”. Goldberg sugiere alternativas similares, como “¿Puedo darte un abrazo?”, lo que muestra respeto por la decisión del otro y evita dar por sentado que todos comparten la misma comodidad.
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Aceptar la respuesta del interlocutor sin insistencias es esencial para una comunicación fluida y para evitar una mala impresión. “Si insistes, podrías cerrar la puerta al diálogo”, advierte Cobb, según lo recogió TIME. Este cuidado reduce tensiones y favorece una convivencia basada en el respeto mutuo.

Evitar incomodidades: claves para una despedida elegante
Las situaciones incómodas se superan con naturalidad y, a veces, con sentido del humor. Goldberg recomienda bromear en caso de confusión: “Casi inventamos un saludo nuevo ahí”. De este modo, se relaja el ambiente y se restablece la interacción.
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Los especialistas —Cobb, Glass y Goldberg— coinciden, según relata TIME, en que mantener la calma y la confianza ayuda a que la otra persona no sienta vergüenza si rechaza el contacto físico. No es recomendable tomarlo como algo personal, cualquiera que sea el motivo.
Tomar el control consciente del primer instante del saludo, ya sea liderando o fijando los propios límites, permite decidir cómo interactuar sin dejarlo al azar. En apenas cuatro segundos, se define tanto la lectura del otro como la elección del espacio propio en la interacción.
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