Por qué leer antes de dormir es mucho más que una costumbre para los niños

Especialistas en desarrollo infantil señalan que la frecuencia importa más que la duración y que sus efectos son medibles desde los primeros meses, incluso en bebés que aún no comprenden palabras

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Ilustración de una mujer con gafas y un niño rubio sentados en un sillón azul leyendo un libro. Detrás hay una chimenea de ladrillo y una estantería
La lectura en voz alta a bebés estimula el desarrollo cognitivo y emocional desde los primeros meses de vida según especialistas en desarrollo infantil (Imagen Ilustrativa Infobae)

La lectura en voz alta a bebés y niños pequeños, recomendada por especialistas en desarrollo infantil, se ha consolidado como una de las prácticas más efectivas para potenciar habilidades cognitivas y emocionales desde los primeros meses de vida.

Incorporar la lectura diaria a bebés y niños pequeños aporta beneficios comprobados en el desarrollo del lenguaje, el fortalecimiento del vínculo afectivo y la preparación para la etapa escolar, según la Clínica Cleveland. La doctora Kimberly Churbock, pediatra de la institución, destaca que la lectura en voz alta tiene efectos positivos en distintas fases de la infancia.

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Leer en voz alta a bebés y niños pequeños, de acuerdo con la Clínica Cleveland, impulsa el crecimiento del vocabulario, promueve la socialización y refuerza la seguridad emocional. Esta práctica cotidiana mejora la preparación para el aprendizaje escolar y fortalece la relación con los cuidadores gracias a la atención personalizada.

Un estudio difundido por la Clínica Cleveland indica que incorporar la lectura en la rutina de los más pequeños fortalece el desarrollo lingüístico y emocional desde los primeros meses de vida. Los especialistas recomiendan iniciar este hábito en etapas tempranas para favorecer la adquisición de habilidades cognitivas y sociales antes de la escolarización formal.

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Una madre sonriente sostiene a su bebé mientras le lee un libro abierto con patrones geométricos en blanco y negro.
Una madre lee a su hijo bebé un libro de alto contraste en blanco y negro, diseñado para la estimulación visual y cognitiva de los infantes que aún no distinguen colores, promoviendo el desarrollo temprano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cómo elegir libros según la etapa de desarrollo

Seleccionar libros adecuados depende de la edad del niño. Para recién nacidos, se aconseja optar por materiales en blanco y negro o de alto contraste visual, ya que aún no distinguen bien los colores. La voz del cuidador resulta beneficiosa para los bebés, independientemente del contenido del texto.

A medida que los bebés comienzan a manipular objetos, se recomienda introducir libros de cartón grueso, con imágenes llamativas, texturas variadas y elementos interactivos. Las rimas y la repetición facilitan el reconocimiento de palabras y patrones sonoros.

Durante la etapa de niños pequeños, los libros interactivos con solapas y distintas texturas mantienen el interés. Conforme avanzan en edad, resulta conveniente elegir libros con mayor cantidad de palabras para favorecer el desarrollo del lenguaje y la ampliación del vocabulario.

Para niños en edad escolar, es útil ofrecer variedad en los formatos: desde cuentos ilustrados hasta novelas gráficas. Según la Clínica Cleveland, esta diversidad fomenta la autonomía y aumenta el interés por la lectura, permitiendo que los niños elijan de acuerdo con sus preferencias y nivel de comprensión.

Beneficios de la lectura en la infancia temprana

Madre e hijo sentados juntos señalando imágenes en un diccionario ilustrado bilingüe sobre una mesa
Fomentar la participación activa, como señalar ilustraciones y usar distintas voces, incrementa el interés y apoya la comprensión lectora en niños pequeños (Imagen Ilustrativa Infobae)

La doctora Churbock identifica cinco beneficios principales de leer durante la infancia. El primero es el impulso en el lenguaje: “Leerles cuentos a los bebés y a los niños pequeños es muy importante… Les ayuda a aprender a hablar y les proporciona herramientas para desarrollar habilidades sociales y emocionales”, afirma la pediatra.

En segundo lugar, la relación afectiva se fortalece. Compartir la lectura genera seguridad en los menores y consolida el vínculo con sus cuidadores. “Leer juntos ofrece atención personalizada que ayuda a fortalecer el vínculo”, señala la doctora Churbock.

El tercer beneficio corresponde al aprendizaje emocional. Escuchar historias y observar expresiones faciales permite a los niños imitar gestos y sonidos, lo que estimula el desarrollo cerebral. Comprender emociones a través de los libros favorece una mejor comprensión emocional desde edades tempranas.

Como cuarto punto, la creación de rutinas resulta clave. La lectura diaria, especialmente antes de dormir, ayuda a los menores a anticipar el momento del descanso y refuerza la regularidad en sus actividades, lo que contribuye a establecer hábitos saludables en la vida cotidiana.

El impacto en la preparación escolar es el quinto beneficio. Investigaciones citadas por la Clínica Cleveland consignan que cerca de la mitad de los estudiantes en algunos países inicia el jardín de infancia sin las habilidades lingüísticas básicas para aprender a leer. Estos hábitos tempranos contribuyen a superar esa desventaja y permiten que los niños lleguen mejor preparados a la etapa escolar, con mayor confianza y apertura al aprendizaje.

Consejos para fomentar el hábito de la lectura en casa

Un niño pequeño sentado en el suelo con juguetes, conversa con un adulto que le lee un libro. Al fondo, televisor y tableta apagados en un mueble.
Libros con alto contraste visual y texturas variadas son ideales para estimular la percepción y el interés de los recién nacidos durante la lectura (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para consolidar estos beneficios, la constancia es fundamental. La doctora Churbock, especialista en pediatría del desarrollo, recomienda leer todos los días, aunque solo sean algunos minutos, priorizando la frecuencia sobre la duración de cada sesión.

Permitir que el niño explore los libros a su propio ritmo es otra recomendación destacada. Los menores pueden sostener los libros de diferentes formas o pasar páginas a su manera; esto forma parte del proceso de descubrimiento. La especialista considera fundamental respetar los intereses del niño, incluso si solicita repetir la misma historia en varias ocasiones.

La participación activa incrementa el interés: señalar ilustraciones, crear voces distintas o imitar sonidos de animales enriquece la experiencia y apoya la comprensión. Según la pediatra, “imita sonidos de animales, prueba voces graciosas, deja que toquen las diferentes texturas o que levanten las solapas”.

Aceptar que la perfección no es necesaria ayuda a los padres a estar más tranquilos. Si los niños se mueven o no mantienen la atención de manera constante, la actividad sigue siendo valiosa. Asistir a la biblioteca, compartir lecturas en grupo y dar ejemplo leyendo por placer refuerza el aprendizaje y el interés en la lectura.

Con el tiempo, los niños adquieren autonomía como lectores. Sin embargo, muchas familias valoran especialmente los momentos compartidos y conservan un recuerdo afectivo de sus libros favoritos en la infancia.

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