La neurociencia vincula los beneficios de las artes marciales con la regulación emocional

Un reporte científico destaca que el aumento de oxitocina y la activación de mecanismos neurofisiológicos durante la práctica propician cambios duraderos en la capacidad de las personas para interactuar empáticamente

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las artes marciales tradicionales pueden potenciar la empatía al activar mecanismos neurofisiológicos vinculados al contacto físico y la regulación emocional (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Pueden las artes marciales desarrollar la forma en que las personas se relacionan con los demás? Recientes investigaciones recogidas por el Dr. E. Paul Zehr, neurocientífico que estudia lo sensor y motoro, en Psychology Today sugieren que dicha práctica va mucho más allá del esfuerzo físico: puede potenciar la empatía al activar mecanismos neurofisiológicos ligados al contacto, la interacción en pareja y la regulación emocional.

Diversos estudios neurofisiológicos sostienen que las artes marciales, cuando se practican con códigos morales y bajo supervisión, pueden impulsar la empatía y el comportamiento prosocial. La evidencia indica que quienes participan en entrenamientos tradicionales no solo mejoran sus relaciones dentro del dojo, sino que estas habilidades pueden trasladarse a la vida social diaria y favorecer el bienestar emocional de los practicantes.

Según el doctor Paul Zehr, autor de Becoming Batman, Inventing Iron Man, Project Superhero y Chasing Captain America, las raíces filosóficas de disciplinas como el karate de Okinawa enfatizan la importancia del “corazón y el carácter” por encima de la destreza técnica.

Bruce Lee y Chuck Norris
Películas como las de Chuck Norris popularizaron las artes marciales, pero enfatizaron más la acción que la filosofía ética de estas disciplinas (Crédito: Imbd)

En países como los Países Bajos, donde el investigador Guy Shpak desarrolla sus estudios, se subraya que los valores morales son esenciales en la formación marcial. En ese sentido, sostiene que las artes marciales tradicionales especifican códigos de conducta y rutinas físicas como elementos integrales, destacando valores como la autodisciplina, el coraje, el honor y la responsabilidad social.

Los valores y códigos en las artes marciales

El núcleo de varias escuelas tradicionales radica en principios que van más allá del combate. Guy Shpak señala que la responsabilidad social y el cuidado de los semejantes figuran entre los valores fundamentales de estas disciplinas.

Esta estructura moral distingue a las artes marciales de otros deportes competitivos al proveer una filosofía articulada que acompaña la rutina física. El doctor indica que la formación ética no es complementaria, sino parte inseparable de la práctica diaria. Los códigos de respeto hacia los compañeros y el autocontrol se presentan como herramientas para el cambio tanto individual como social.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El valor de la responsabilidad social en las escuelas tradicionales es central para la práctica de las artes marciales (Imagen Ilustrativa Infobae)

El entrenamiento físico y la empatía en acción

El contacto físico y el trabajo en parejas constituyen la base del entrenamiento marcial tradicional. Más allá de ser una confrontación agresiva, las rutinas de a dos, los agarres y los ejercicios de autodefensa proponen una interacción corporal consciente y sostenida. Este intercambio está presente en métodos como el jiu-jitsu y el karate, donde se establecen vínculos de confianza y comprensión mutua.

Durante las sesiones, el tiempo, el ritmo y el flujo compartido favorecen el desarrollo de la empatía. La clave no está solo en la fuerza, sino en la capacidad de adaptar movimientos en función del compañero, lo cual requiere sensibilidad y ajuste constantes.

Según Shpak, estos ejercicios activan redes neuronales especializadas, como las neuronas espejo, relacionadas con la imitación y la interpretación de las acciones ajenas. El proceso combina movimiento, percepción y regulación emocional, creando un ambiente favorable para el desarrollo de la empatía.

Oxitocina y neurociencia en las artes marciales

Un elemento central en estos mecanismos es la oxitocina, conocida como la “hormona social”. Investigaciones lideradas por Yuri Rassovsky, Anna Harwood, Orna Zagoory-Sharon y Ruth Feldman en Israel y en Los Ángeles mostraron que una sola sesión de jiu-jitsu puede aumentar significativamente los niveles de oxitocina tras la práctica. Este efecto se acentúa en ejercicios de agarre prolongado debido a la naturaleza del contacto físico.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La interacción física en el jiu-jitsu y el karate integra movimiento, percepción y regulación emocional, clave para el desarrollo empático (Imagen Ilustrativa Infobae)

Se observó que jóvenes de bajo riesgo presentan valores iniciales y máximos de oxitocina superiores, asociados a mayores cambios positivos en el comportamiento y la cognición post-entrenamiento.

Además, los investigadores identificaron una correlación entre la reactividad de la oxitocina y el cortisol —hormona vinculada al estrés— con efectos directos en el bienestar emocional.

Zehr destaca que estos hallazgos posicionan a las artes marciales como prácticas que pueden modular tanto el estado mental como la conducta, a través de mecanismos hormonales concretos.

Implicaciones científicas y aplicaciones sociales

A diferencia de otras actividades deportivas, el ámbito propio de las artes marciales tradicionales ofrece entornos seguros y regulados, promoviendo beneficios tanto físicos como cognitivos y sociales. El entrenamiento incluye desde el fortalecimiento corporal hasta el desarrollo de habilidades para la convivencia y la empatía.

Las artes marciales tradicionales ofrecen un entorno seguro y regulado que favorece el aprendizaje deportivo y el desarrollo personal (REUTERS/Edgar Su)
Las artes marciales tradicionales ofrecen un entorno seguro y regulado que favorece el aprendizaje deportivo y el desarrollo personal (REUTERS/Edgar Su)

Para Shpak, la práctica constante puede producir cambios cerebrales perdurables, facilitando la transferencia de la empatía aprendida hacia otros entornos sociales. Según Psychology Today, este enfoque sugiere que el entrenamiento marcial tradicional podría aplicarse en programas de educación y de integración para fomentar relaciones más empáticas.

Aunque queda por explorar más profundamente este campo, los estudios actuales muestran que la interacción física controlada y los marcos éticos favorecen la comprensión del otro. De esta manera, la estructura filosófica y los mecanismos neurohormonales de estas disciplinas pueden contribuir al desarrollo de individuos empáticos y socialmente responsables.

La integración de prácticas tradicionales marciales, cuando se realiza con regularidad y conciencia, tiene el potencial de ampliar la empatía en las personas y enriquecer la calidad de sus relaciones humanas más allá del ámbito del entrenamiento.