Un experimento reveló cómo la empatía cerebral podría guiar las decisiones morales

Investigadores de la Universidad Nacional de Seúl y Estados Unidos demostraron que la mayoría prefiere repartir el daño antes que cargarlo sobre una sola persona. Cómo funciona este mecanismo

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Un mazo de madera oscura con mango sobre una base de madera clara en un escritorio de madera brillante. Al fondo, libros y paneles de madera difuminados.
El estudio utiliza resonancia magnética funcional para revelar cómo la equidad guía respuestas a dilemas de justicia social - (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un experimento sin precedentes realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Seúl junto con especialistas de Estados Unidos, se demostró que los estudiantes universitarios tienden a priorizar la equidad y la protección del más desfavorecido al tomar decisiones morales sobre el reparto de daño físico. Según los resultados publicados en PNAS Nexus, esta inclinación refleja una preferencia rawlsiana y se expresa en regiones cerebrales concretas, asociadas con la empatía y la valoración de consecuencias.

Para responder a la pregunta sobre cómo toman decisiones morales las personas en contextos de reparto de daño y qué mecanismos cerebrales están involucrados, el estudio identificó que la mayoría de los participantes prefiere estrategias que evitan cargar el mayor daño a la persona que se encuentra en peor situación, incluso si ello implica un mayor daño global para el grupo. Estas decisiones se vinculan a dos procesos neurales diferenciados: uno relacionado con la identificación empática y otro con la valoración de equidad.

Presentación del experimento y dilema ético propuesto

El experimento planteó a 52 estudiantes universitarios —dentro de escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI)— un dilema: elegir entre asignar un daño prolongado a una sola persona o distribuir una cantidad menor de incomodidad entre varios, lo que aumentaba el daño total del grupo.

En algunos casos, se presentaba una opción predeterminada que permitía a los participantes evitar tomar una acción directa, evidenciando así distintos enfoques morales. El desafío central era decidir si conviene proteger a quienes enfrentan la peor situación, aunque esto implique aumentar el daño global, o minimizar el daño total incluso si se sacrifica a un solo individuo.

Los datos muestran que los participantes optaron mayormente por repartir el daño y, en promedio, infligieron 68 segundos adicionales de exposición al agua fría al grupo para evitar que una persona recibiera una carga desproporcionada.

Ilustración de un hombre en un camino dividido, con dos mujeres llorando bajo una nube oscura a la izquierda y un grupo grande de adultos a la derecha.
El experimento mostró que el 59% de los universitarios prioriza la protección del más desfavorecido frente al bien colectivo - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Preferencia por la equidad y el enfoque rawlsiano

La investigación advirtió que la opción rawlsiana —priorizar la mejora de la condición del más desfavorecido— fue predominante. El 59% de las decisiones siguió esta estrategia, superando al enfoque utilitarista que busca minimizar el daño agregado y relegando el enfoque kantiano, enfocado en la inacción o el respeto absoluto de reglas, a un papel secundario.

Los resultados evidenciaron que los participantes asumieron un mayor daño total para el grupo si con ello evitaban que una sola persona sufriera en exceso. Según el informe, “la mayoría optó por distribuir el daño entre el grupo, lo que resultó en un daño mayor en general, pero con menor injusticia”.

Un modelo computacional respaldó que la preferencia rawlsiana se compone de dos dimensiones: la tendencia a reducir el máximo daño a un individuo (estrategia maximin) y un umbral subjetivo de cuánta carga extra es aceptable para el más perjudicado. Este balance explica mejor las diferencias individuales en decisiones morales que cualquier principio ético considerado de forma aislada.

Los enfoques morales frente al reparto del daño

El estudio distingue tres grandes marcos morales. El enfoque utilitarista, originado en la economía clásica y la filosofía moderna, prioriza minimizar el daño total o maximizar el bienestar global.

El enfoque rawlsiano, basado en las ideas de John Rawls, sostiene que la prioridad es proteger a quienes ocupan la peor posición, conforme a la llamada “estrategia maximin”. Esta postura rechaza que un mayor bien colectivo justifique el sacrificio de unos pocos.

Por su parte, el kantismo propone reglas morales inquebrantables. En este contexto experimental, el kantismo llevaría a evitar infligir daño activamente, incluso si ello deriva en un bienestar global superior. Sin embargo, los datos indican que los participantes priorizaron la equidad por encima de normas abstractas o la simple eficiencia en los resultados. Esta preferencia se vincula también al efecto de “singularidad”, es decir, la tendencia a ayudar más a un individuo identificable que a un grupo anónimo.

Dos cerebros estilizados con luces y conexiones. Fondo azul/morado con íconos de balanza, martillo judicial, siluetas humanas y una antorcha.
El experimento mostró que el 59% de los universitarios prioriza la protección del más desfavorecido frente al bien colectivo - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Bases cerebrales de la decisión moral

Las imágenes obtenidas por resonancia magnética funcional mostraron que las elecciones rawlsianas se asocian con la activación de redes de mentalización —como la unión temporoparietal derecha y la corteza prefrontal medial—, responsables de representar los estados mentales de otros, especialmente el de la persona más afectada.

A la vez, la dimensión del “umbral de aceptabilidad” activó regiones cerebrales relacionadas con la evaluación de valor y el equilibrio entre equidad y utilidad, incluyendo el caudado y el cíngulo. Según el estudio, “las imágenes cerebrales sugieren que la mentalización interviene en este proceso de toma de decisiones morales, junto con las redes de valoración”.

Estas evidencias sugieren que la preferencia por la equidad no proviene solo de reglas abstractas, sino de la interacción de procesos psicológicos y neurales distintos, que valoran tanto el bienestar de los más desfavorecidos como el equilibrio global del daño.

El experimento y sus implicaciones para comprender la moralidad

El diseño experimental garantizó que los participantes vivieran el nivel de incomodidad del test, y la confidencialidad de sus respuestas, junto con el convencimiento de que sus elecciones tendrían impacto real, contribuyó a evitar sesgos sociales o reputacionales.

A pesar de que la muestra del estudio corresponde a jóvenes surcoreanos y los propios autores advierten limitaciones para generalizar los resultados culturalmente, este enfoque experimental permite analizar dilemas similares presentes en la vida cotidiana y el diseño de políticas públicas. La inclinación a favorecer la justicia para el más desfavorecido, en vez de optimizar el bienestar general, podría ser clave para entender y diseñar leyes, políticas sociales y respuestas ante crisis globales.

Los investigadores subrayan que identificar los mecanismos psicológicos y neurales de la moralidad en sus múltiples dimensiones ayuda a comprender mejor cómo las normas de equidad y empatía guían el comportamiento social y político en distintas sociedades.