
Cultivar una huerta casera favorece la salud personal y contribuye a la protección ambiental. Quienes buscan alimentos frescos y sostenibles encuentran en el jardín del hogar una opción práctica y beneficiosa. Los especialistas coinciden en que las huertas urbanas producen alimentos más nutritivos, reducen la huella de carbono y mejoran el bienestar general.
De acuerdo a un informe presentado por The Associated Press, las plantas cultivadas en casa capturan carbono, mejoran el suelo y aportan diversidad vegetal al entorno. Las frutas y verduras del supermercado suelen recorrer largas distancias en camiones, lo que incrementa las emisiones de gases contaminantes. Sin embargo, según el sitio The Old Farmer’s Almanac, destacan que la comida de kilómetro cero reduce el impacto ambiental al eliminar el transporte y almacenamiento prolongado.
Por su parte, Katherine Alaimo, profesora de la Universidad Estatal de Michigan Estados Unidos, afirma que la jardinería mejora la salud física, emocional y social. El esfuerzo de plantar, cuidar y cosechar requiere movimiento, promueve la alimentación variada y fortalece los vínculos familiares y comunitarios. Los productos de huerta se cosechan en su punto óptimo y mantienen más nutrientes que los alimentos procesados o almacenados durante largo tiempo.

Beneficios ambientales y reducción de emisiones
Las huertas caseras contribuyen a la sostenibilidad del planeta. Las plantas capturan y almacenan carbono en el suelo, previenen la compactación y refrescan el aire en patios y techos. Sustituir el césped por cultivos o aprovechar terrazas y balcones para la siembra incrementa la biodiversidad y favorece la presencia de polinizadores, como abejas y mariposas.
El impacto ambiental positivo se amplía al evitar el uso de fertilizantes y pesticidas industriales. El compostaje doméstico permite reciclar residuos orgánicos y enriquecer el sustrato de forma natural. Los jardines urbanos reducen la demanda de productos empaquetados y transportados, lo que disminuye el consumo de plásticos y combustibles fósiles. La producción local promueve la economía circular y la autosuficiencia alimentaria.
Las huertas escolares y comunitarias refuerzan la educación ambiental y crean conciencia sobre los ciclos naturales. Los niños y jóvenes que participan en el cultivo de alimentos desarrollan habilidades prácticas y valores ecológicos. La conexión con la tierra mejora la percepción del entorno y fomenta el respeto por los recursos naturales, afirma The Associated Press.
Beneficios sociales y para la salud

La actividad en la huerta involucra a personas de todas las edades y fortalece la cooperación familiar y vecinal. La jardinería ofrece beneficios emocionales al reducir el estrés, mejorar el ánimo y estimular la creatividad. El contacto regular con la naturaleza favorece el bienestar mental y disminuye la ansiedad.
El trabajo físico de sembrar, regar y cosechar promueve la actividad cardiovascular y la movilidad articular. Los productos frescos y madurados en el propio jardín aportan más vitaminas, minerales y antioxidantes que los que se venden en supermercados. La dieta se enriquece con alimentos variados, libres de aditivos y conservantes.
La recolección directa permite consumir frutas y verduras en su mejor momento, lo que maximiza el aporte nutricional. El aprendizaje de técnicas de cultivo y conservación impulsa la autonomía y el empoderamiento de las personas. La participación en ferias, intercambios y talleres refuerza la integración comunitaria.
Consejos para comenzar una huerta casera

El primer paso para iniciar una huerta consiste en planificar el espacio y reunir los materiales necesarios. La elección del sitio debe considerar la exposición solar, el acceso al agua y la protección contra heladas o vientos fuertes. El calendario de siembra varía según la región y la temporada, por lo que conviene informarse sobre las fechas óptimas para cada cultivo, destaca The Associated Press.
Los expertos recomiendan comenzar con especies de fácil manejo, como lechuga, tomate, zanahoria, rabanito y hierbas aromáticas. El uso de semillas orgánicas y sustratos naturales mejora el rendimiento y la calidad de los alimentos. La rotación de cultivos y el control biológico de plagas previenen enfermedades y mantienen la fertilidad del suelo.
La huerta puede instalarse en el suelo, en macetas o en cajones elevados, según el espacio disponible. La recolección regular y el consumo inmediato garantizan productos frescos y sabrosos. El registro de avances y resultados ayuda a perfeccionar la técnica y a disfrutar del proceso de aprendizaje.
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