
El vino es mucho más que una bebida milenaria, es por ello que siempre puede sorprender. No solo con las novedades que propone constantemente, fundamentalmente debido al lanzamiento de las nuevas cosechas año tras año. También con los que existen hace años, porque los vinos siguen evolucionando en botella, con innumerables etiquetas que dan que hablar por historia, prestigio y valor.
A lo largo de más de 8000 años de existencia, está comprobada la influencia del vino en la evolución cultural del hombre en distintas civilizaciones, atravesando diversas épocas. Es ese significado cultural que lo diferencia de las demás bebidas, más allá de sus atributos y características específicas.
Por ejemplo, para la comunidad judía, la noble bebida significa fiesta y simboliza alegría, santidad, sabiduría y prosperidad. Por lo tanto, es protagonista en diversas festividades. El vino es central en rituales como el Shabat y Pésaj, elevando momentos cotidianos a lo sagrado, a través de bendiciones y brindis especiales (kidush). La vid se ve como un símbolo de vida, sabiduría y prosperidad. El Talmud (la obra fundamental de la tradición oral judía, compilando siglos de debates rabínicos sobre la ley -Halajá-, ética, costumbres y teología) afirma que “no hay alegría sin vino”.

Por otra parte, eleva momentos importantes (Shabat, bodas, etcétera), no para evadir la realidad sino para santificarla, conectando con Dios. Esa conexión divina, representa la unión entre el pueblo judío y Dios, siendo un elemento central en las ceremonias. Es por ello que se utiliza en la bendición al inicio del Shabat y de fiestas, honrando a Dios. A su vez, en Pésaj (Pascua), se beben cuatro copas para conmemorar la liberación de Egipto, recordando la sangre de los sacrificios. Cabe destacar que existen certificaciones especiales para Pésaj; vinos marcados con una P. Por último, en las bodas es parte integral de la alegría comunitaria y familiar.
¿Qué es un vino kosher?
El principal requisito de un vino para ser kosher es que debe estar elaborado bajo estricta supervisión rabínica. El proceso se llama kashrut. Las viñas deben ser orgánicas (y no abonadas en los últimos dos meses), y las uvas no deben tocar el suelo.
Además, debe ser manipulado exclusivamente por judíos para mantener su condición sagrada. Es decir que un vino es kosher si su producción cumple con las estrictas leyes dietéticas judías (Kashrut), lo que significa que todo el proceso, desde la cosecha de la uva hasta el embotellado, debe ser supervisado y realizado por judíos observantes, y solo practicantes pueden manipular las uvas, vinificar y embotellar el vino.

Un supervisor kosher (mashgiach) debe certificar que se siguieron todas las normas, con ingredientes y equipos kosher, garantizando la pureza ritual para el consumo judío. Otra de las reglas clave para un vino kosher es que están prohibidos los aditivos de origen animal (como gelatina o caseína) y la maquinaria debe ser limpiada ritualmente. La fermentación del mosto debe ser espontánea gracias a las levaduras indígenas (presentes en el viñedo) o usar levaduras kosher, y no se permite añadir levaduras no aptas. Incluso, los tapones de corcho y otros materiales deben ser de origen kosher, preferentemente de Israel.
Se suele realizar un ritual como el “Maaser” (diezmo), en el que se desecha una porción del vino.
¿Cómo son los vinos kosher de hoy?

Los vinos kosher (derivada de pronunciación yidis) o kasher (es la forma hebrea) hasta hace algunos años eran dulces y termo vinificados; se sometían a altas temperaturas para su pasteurización.
Hoy, sabiendo que la diferencia principal es la certificación religiosa y el control del proceso, y que eso no influye directamente en la calidad o en el carácter organoléptico del vino, todo consumidor puede disfrutarlos, porque cada vez hay más y en diversas calidades, incluyendo vinos tintos y blancos secos de alta gama. Para diferenciar bien a los vinos secos (generalmente de mejor calidad) de los vinos dulces, se agrega la denominación en la etiqueta “No Mevushal” que significa no pasteurizado, haciendo alusión a su mejor calidad.

Poco a poco empiezan a aparecer más etiquetas nacionales, que se suman a los vinos importados, principalmente de Israel, originarios de los Altos del Golán, la región vitivinícola situada al norte del país, reconocida por sus suelos volcánicos y gran altitud (entre 400 y 1200 msnm). Entre toda esta flamante oferta, conforman una nueva propuesta para todo amante del vino.
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