
Una astilla puede parecer un problema menor, pero una mala reacción inicial puede agravar la lesión. Evitar maniobras improvisadas y seguir de cerca la evolución de la herida es clave para prevenir infecciones y complicaciones mayores, ya que este tipo de lesiones, tan comunes como subestimadas, pueden pasar rápidamente de una molestia leve a un problema de salud más serio.
Aunque abundan los remedios caseros y los consejos en redes sociales, los especialistas señalan un único método seguro y eficaz para extraerlas, según detalla The Conversation. El procedimiento recomendado utiliza materiales comunes y sigue pautas profesionales para reducir riesgos.
Por qué no conviene improvisar al sacar una astilla
Una extracción incorrecta puede intensificar el dolor y facilitar la entrada de bacterias, lo que aumenta la posibilidad de infecciones. La piel, compuesta por la epidermis y la dermis, contiene numerosos receptores que incrementan la sensibilidad ante la presencia de una astilla.

Si permanecen fragmentos, pueden originar inflamación o pus, explicó Andrew Woods, profesor de enfermería responsable del análisis citado por The Conversation. Incluso una mala maniobra puede dejar restos que, con el tiempo, desencadenan infecciones profundas, abscesos o cicatrices permanentes.
Cuándo buscar atención médica
No siempre resulta adecuado intentar extraer la astilla en casa. Está contraindicado manipular astillas en el ojo o el párpado, ya que requieren atención médica inmediata en un centro especializado.
En tanto, las astillas situadas debajo de la uña (subungueales) suelen requerir intervención por parte de personal sanitario.

Además, es fundamental consultar a un médico si la astilla es de cristal, se encuentra oxidada, la persona afectada está inmunosuprimida o fue sometida a cirugía en los ganglios linfáticos, pues podría necesitar antibióticos o profilaxis antitetánica. En estos escenarios, la automedicación puede agravar el cuadro y retrasar el tratamiento adecuado.
El paso a paso recomendado por profesionales
El método validado por profesionales comprende varios pasos precisos. Primero, se deben lavar las manos con agua y jabón antes de manipular la zona afectada.
Las pinzas y la aguja biselada deben desinfectarse con alcohol o gel hidroalcohólico, permitiendo que los instrumentos se sequen bien antes de utilizarlos para evitar la contaminación de la herida. El uso de anteojos de aumento facilita la visualización de la astilla y previene maniobras dolorosas o errores durante la extracción.

Si la astilla se encuentra muy superficial, una aguja biselada puede levantar con suavidad la piel. La extracción debe realizarse con una pinza, siguiendo la dirección de entrada de la astilla en la piel, lo que disminuye el riesgo de que el fragmento se rompa.
En el caso de las astillas de madera, no se recomienda remojarlas en agua, ya que podrían hincharse y dificultar la extracción.
Solo si el fragmento no es de madera y la piel está muy tensa, se aconseja remojar en agua tibia. La paciencia y el uso de buena luz resultan fundamentales para lograr una extracción eficiente y menos dolorosa.
Cuidados posteriores y señales de alerta

Después de retirar la astilla, es apropiado lavar la zona con agua y jabón o aplicar una solución antiséptica. No se debe utilizar gel hidroalcohólico directamente sobre la herida, pues puede causar escozor.
Si se produce sangrado, conviene cubrir la zona con un apósito o una gasa limpia. Es fundamental asegurarse de que no queden fragmentos, sobre todo si la astilla penetró en ángulo o es profunda, en cuyo caso podría ser necesario recurrir a pruebas de imagen y atención médica, según The Conversation.

La observación posterior resulta esencial para evitar complicaciones. Se recomienda vigilar la herida durante los días siguientes y estar atento a signos como enrojecimiento, hinchazón, dolor persistente o secreción.
Una mala evolución puede derivar en problemas graves si no se actúa a tiempo. La clave está en emplear materiales limpios y atender cualquier síntoma anómalo sin demora.
Las astillas pueden parecer inofensivas, pero su manejo correcto es decisivo para la salud de la piel. La prevención y la pronta consulta con profesionales ante cualquier duda son determinantes para evitar secuelas.
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