En el universo de las nuevas formas de organización laboral, el término “microshifting” ha comenzado a ganar protagonismo tras su aparición durante la pandemia. Se trata de un concepto que redefine la ejecución del trabajo: consiste en cumplir con las responsabilidades laborales dividiendo la jornada en bloques cortos e intermitentes, ajustados según los propios patrones de productividad o necesidades personales. A diferencia de modalidades ya conocidas como el trabajo flexible, el trabajo híbrido o el teletrabajo, el microshifting lleva la personalización del horario al extremo, permitiendo que cada individuo decida en qué momentos del día —y durante cuánto tiempo— se dedica a su empleo, siempre que se cumplan los objetivos asignados.
Según The Guardian, el microshifting nació en un periodo de profunda transformación en las rutinas laborales, cuando el confinamiento forzó a millones de personas a replantear cómo y cuándo trabajar, al tiempo que debían responder a exigencias del hogar. Su propuesta recuerda a la microdosificación en otros ámbitos, pero aquí aplicada a la gestión del tiempo y la energía en el trabajo. La idea central es fragmentar la jornada tradicional para que encaje con la vida personal, en lugar de acomodar la vida al trabajo.
Funcionamiento práctico del microshifting

La aplicación del microshifting en la vida diaria se traduce en una flexibilidad radical en la organización del tiempo. Un trabajador puede optar por concentrar una hora de actividad laboral en la madrugada, seguido de una pausa prolongada para actividades personales —como practicar deporte o atender asuntos domésticos— y luego retomar las tareas profesionales en otro momento del día, incluso en horas nocturnas. No se trata de una simple desorganización, sino de una estrategia deliberada para ajustar el trabajo a las circunstancias y preferencias individuales.
Este modelo permite, por ejemplo, que alguien dedique la tarde a socializar o a obligaciones familiares y recupere las horas laborales por la noche. El secreto está en la intención: el microshifting no significa dejar el trabajo al azar, sino establecer microcambios en el horario para que el empleo se adapte a la vida diaria. Así, compromisos como el cuidado de los hijos, citas médicas, hacer compras o incluso un segundo empleo pueden integrarse en la rutina sin sacrificar el rendimiento profesional.
Motivaciones y beneficios para los trabajadores
La principal motivación detrás del microshifting es la búsqueda de un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal. Para muchos empleados, el horario tradicional de nueve a cinco resulta incompatible con las exigencias del hogar, la crianza, el desarrollo personal o la necesidad de generar ingresos adicionales. El microshifting surge como una respuesta a esta realidad, ofreciendo la posibilidad de compaginar el trabajo con otros compromisos sin que uno excluya al otro.

Según los datos citados en el informe de Owl Labs, casi un 30% de los trabajadores híbridos afirma tener un segundo empleo o actividad extra, lo que refuerza la necesidad de horarios laborales más adaptables. Además, existe una disposición a priorizar la flexibilidad por encima de la remuneración: el mismo informe indica que los empleados estarían dispuestos a sacrificar hasta un 9% de su salario anual si esto les permite acceder a un horario más flexible. La tendencia responde también al deseo de eliminar tiempos muertos y desplazamientos, permitiendo utilizar ese tiempo en actividades personales o familiares.
Datos y tendencias sobre el microshifting y el trabajo híbrido
La expansión del microshifting se produce en paralelo al crecimiento del trabajo híbrido, aunque no son equivalentes. El microshifting representa una evolución del trabajo híbrido hacia una personalización todavía mayor. Según datos del informe de Owl Labs, está aumentando la frecuencia de las visitas a la oficina entre trabajadores híbridos: el 34% asiste cuatro días a la semana, frente al 23% registrado en 2023. Sin embargo, la flexibilidad sigue siendo una prioridad.
El microshifting ya se encuentra en práctica: el 51% de los empleados programa citas personales durante el horario laboral convencional. Entre los trabajadores de la generación Z, este porcentaje asciende al 61%. Estos datos muestran que la frontera entre el tiempo personal y el laboral es cada vez más difusa, y que la tendencia hacia la fragmentación de la jornada ha dejado de ser una excepción para convertirse en una práctica extendida.

Impacto generacional y perfiles de quienes adoptan el microshifting
Aunque la generación Z es la que, en términos porcentuales, adopta con mayor entusiasmo el microshifting, el fenómeno no se limita a los más jóvenes. Los millennials, que suelen enfrentarse a múltiples responsabilidades —como la crianza de hijos o el cuidado de familiares— también se benefician de este enfoque flexible. Para ambos grupos, la posibilidad de ajustar el trabajo a sus necesidades vitales resulta especialmente atractiva, y la adopción del microshifting responde tanto a una preferencia cultural como a una necesidad práctica.
La tendencia sugiere que el microshifting no depende únicamente de la edad, sino de la naturaleza de las obligaciones extralaborales y la importancia que cada generación otorga al equilibrio entre trabajo y vida personal. Así, el microshifting se perfila como una opción válida para distintos perfiles, siempre que exista la autonomía suficiente para organizar la jornada a medida.
Productividad y percepción sobre los resultados del microshifting
La percepción sobre el impacto del microshifting en la productividad varía, aunque existen argumentos sólidos a favor de este modelo. Entre las ventajas, se destaca el ahorro de tiempo al evitar desplazamientos y la reducción de los periodos improductivos en la oficina. Al concentrar el trabajo en los momentos de mayor energía o necesidad, algunos sostienen que el rendimiento puede igualar o incluso superar al de la jornada tradicional.
Pese a estas ventajas, persiste la pregunta sobre cómo medir de manera objetiva la productividad bajo este esquema. La redefinición de los límites de la jornada laboral desafía a empleadores y empleados a replantear los criterios de evaluación. A medida que el microshifting gana terreno, la adaptación de las organizaciones se presenta como un desafío clave para el futuro del trabajo.
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