
El deseo sexual no tiene horario, sin embargo, por distintos factores, sobre todo culturales, se ha naturalizado la noche como el momento más adecuado.
Para los jóvenes, más liberados de responsabilidades, cualquier momento del día puede ser una buena ocasión para tener sexo; luego, ya adultos, el estrés de la vida cotidiana lo va desplazando a la calma de la noche, cuando los cuerpos están mejor dispuestos, tanto física como mentalmente.
La nocturnidad del sexo tiene sus beneficios y sus riesgos. Existe evidencia de que mejora el descanso, permitiendo un sueño más profundo y ayuda a decantar los problemas del día y a mejorar la percepción de estos (no se sienten tan terribles como antes).
No obstante, el sexo nocturno necesita que la libido venga aumentando durante el día hasta encontrar la ocasión para que se active y se consume en la relación sexual.

La biología acompaña este proceso: la dopamina energiza, mejora la voluntad y sube el deseo, la oxitoxina promueve el abrazo y todo el contacto corporal, además, durante la tarde/noche, el cortisol baja y con él disminuye la sensación de estrés.
Los riesgos se miden según la activación del sistema de creencias: “Hay que tener sexo cuando él/ella quiere”, “mañana me tengo que levantar temprano”, “tengo que acostar a los chicos y quedo agotada”, “no me queda resto para nada”, “había programado terminar la serie y ahora lo no voy a poder”, etc.).
Si bien muchas de estas conjeturas tienen visos de realidad, están pensadas para el sexo genital, sin considerar que el contacto cuerpo a cuerpo ya es placentero y no tiene porqué llegar siempre al coito.
Discronaxias sexuales

Las discronaxias sexuales son los desacuerdos por el momento del día para tener sexo. En las parejas convivientes suele ser un problema y cada uno defenderá su punto de vista.
Muchas veces, lo que comienza como una falta de consenso, se convierte en una lucha de poder que abarca otras áreas más allá de lo sexual.
Si las discronaxias no son profundas se pueden resolver los fines de semana o los días libres de trabajo, logrando mayores índices de acuerdo.
Los hombres suelen defender el sexo nocturno, en cambio las mujeres pueden preferir el sexo durante la mañana, cuando están más descansadas. La relación entre mayor ansiedad, los cambios hormonales durante la menopausia y el cerebro multitasking, son algunos factores que promueven el sexo matinal en las mujeres.
Intimidad en crisis
La intimidad actual está idealizada. Se espera el momento especial, que los cuerpos estén preparados, la libido en niveles altos, una buena previa con cena y champan, que los chicos estén con sus abuelos y que sea todo felicidad y sexo.

Todo esto puede ser posible pero no accesible para la mayoría de las personas. Generar un momento de intimidad supone despejar el panorama de exigencias diarias para mirarnos, comunicarnos con los sentidos, tocarnos y si es posible, tener sexo.
La intimidad se hace real si dejamos de lado tantas conjeturas que se presentan cuando se piensa en ella: que el trabajo, que los chicos, que el estrés, que la falta de ganas; pareciera que todo conspira contra ese instante de placer.
¿Si asumimos tantas responsabilidades para cumplir con las demandas externas, por qué no podemos asumir que la intimidad también es una grata responsabilidad que tiene múltiples beneficios?
Planificar en la semana momentos para el encuentro puede ser una opción, más que idealizar ese instante que nunca llega, es mejor acordar un día (que puede ir cambiando) para dedicarle a la pareja (con mensajes, alguna sorpresa, salidas, hablar temas más profundos, mirarse y tocarse sintiendo al otro).
Para algunos agendar un día (aunque sea cambiante) es demasiado frío, falto de romanticismo, a lo cual respondo: “Entre idealizar y agendar, es mejor lo segundo, el romanticismo no es una idea abstracta, es una acción concreta que surge de la conexión de los cuerpos y de las ganas de estar juntos”.
*El doctor Walter Ghedin (MN 74.794) es médico psiquiatra y sexólogo
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