
En los últimos años, dos términos tomaron un protagonismo inusual en el universo de las relaciones: “red flag” y “green flag” o bandera roja y bandera verde. Con el tiempo lograron instalarse y crecer en el habla cotidiana, en stickers de WhatsApp, posteos de Instagram para, luego, comenzar a mutar tanto a las charlas de amigos como al diván de terapia.
Como explica la psicoanalista María Fernanda Rivas a Infobae, estas expresiones “se originaron en relación a las relaciones afectivas, especialmente en el contexto de las citas, y se popularizaron a través de las redes sociales”. En su mirada, representan una metáfora social para nombrar aquello que antes permanecía más difuso: lo que nos incomoda o entusiasma en el otro.
La bandera roja encuentra su raíz en la historia: “Desde la antigüedad, la bandera roja se ha usado para lanzar una señal de peligro en el ámbito militar y avisar de la presencia de enemigos. En muchas culturas, el color rojo está asociado al riesgo y al peligro”, detalla Rivas. En el universo de la pareja, ese color funciona como alerta: algo acá no marcha como debería.

En oposición, la bandera verde simboliza espacios seguros, diálogo y calidez. Su llegada al habla cotidiana vino de la mano de la cultura digital, donde la identidad y las emociones se debaten en público, y muchas veces se buscan atajos para poner en palabras lo sentido.
Red flags: pequeñas señales, grandes advertencias
Las red flags o banderas rojas se volvieron un termómetro emocional casi instantáneo. De repente, ya no hay necesidad de dar mil vueltas: si algo duele, incomoda o despierta alerta, el cartel rojo se enciende.
La psicóloga Beatriz Goldberg describe: “La red flag es como una señal que la relación no es muy saludable. Conductas tóxicas o uno no se siente seguro o cómodo está en una zona de confort en el sentido de que sigue con la pareja por alguna razón que no puede cortar, pero está permanentemente en alerta”.
La gama de señales es amplia. Según Rivas, pueden incluir: “Control y manipulación del comportamiento del otro, limitando sus relaciones sociales, el uso que hace del dinero, las actividades que realiza”, o “críticas repetitivas, descalificación de los sentimientos”, junto a celos intensos, invasión de la privacidad y hasta violencia.

El especialista Charlie Huntington resume en el Berkeley Well-Being Institute la lógica, con una imagen tan clara como inquietante: “Las señales de alerta, en las relaciones interpersonales, son comportamientos o características de otra persona que sugieren que quizás no quieras pasar tiempo con ella”.
El impacto va mucho más allá de la incomodidad momentánea. Goldberg observa: “El nivel de estrés y cortisol es alto, la sensación de alegría o de confort, de ganas de ver al otro uno no lo siente tanto, realmente no se puede estar bien”. La autoestima y el ánimo quedan golpeados. Cada alarma, cada gesto de desprecio u hostilidad, deja marca.
Green flags: cómo reconocer la salud en una relación
No todo es advertencia. El lenguaje de las green flags o banderas verdes invita a mirar lo que suma, lo que acompaña y marca una diferencia positiva. En palabras de Rivas: “Green flag, por el contrario, alude a señales positivas que indican que la relación es saludable y equilibrada, como la comunicación efectiva, el respeto mutuo, la empatía y la confianza”.

El decálogo de las señales verdes incluye: escuchar con atención, respetar los límites, brindar apoyo genuino en los momentos difíciles y celebrar juntos los logros. La confianza aparece más allá de la rutina, y la conversación no se convierte en juicio. “Generar un clima en el que se pueda hablar de los sentimientos y preocupaciones sin miedo a represalias”, sugiere la especialista.
Desde la psicología aplicada, la orientación es clara: las relaciones fuertes y sanas se construyen, no aparecen de la nada. “Las grandes relaciones se forman, no se encuentran, y cada una de estas green flags es un punto de partida para crecer y mejorar juntos”, explican desde Psychology Today.
Las green flags no exigen perfección, sino consistencia. Se trata de sostener la empatía, el diálogo y el respeto como norte, entendiendo que el bienestar de ambos retroalimenta el vínculo.

Entre la moda viral y el aprendizaje real: los desafíos de la clasificación
Con los conceptos circulando en memes y hashtags, la frontera entre aviso útil y estereotipo es cada vez más delgada. Rivas advierte: “El modo en el que se aborda el concepto en redes sociales lleva a realizar simplificaciones que pueden inducir a error. No todos los comportamientos o rasgos que nos molestan de una persona tienen por qué ser señales de patología o malestar relacional”.
La proliferación de diagnósticos exprés puede llevar a registrar como alarmante una diferencia de opinión, una costumbre o un malentendido que, en verdad, no tiene nada de grave.
El llamado desde la psicología es a pausar, revisar patrones, escuchar y —si aparecen dudas razonables— consultar o conversar con especialistas. El colorido repertorio del amor, como en cualquier paleta, combina matices. A veces, lo rojo o lo verde solo anuncia lo que está por crecer, cambiar o transformarse.
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