
Es habitual escuchar música mientras se realizan actividades cotidianas como correr, cocinar o trabajar. Según los expertos, utilizar siempre la misma melodía durante estas acciones favorece la concentración y la productividad, ya que el cerebro se condiciona para entrar rápidamente en un estado de atención sostenida.
Friederike Fabritius, autora del libro The Brain-Friendly Workplace, explicó que emplea este método desde hace años. Su jornada comienza con las Variaciones Goldberg de Johann Sebastian Bach, una pieza que, según afirmó, le permite activar de inmediato su capacidad de concentración. “Con las primeras notas, mi cerebro reconoce la señal de que llegó el momento de enfocarse”, señaló.
“Podés condicionar tu cerebro para que fluya y se concentre escuchando siempre la misma música cuando el objetivo es concentrarte. Crea un ritual para tu cerebro y habrás conseguido una conexión muy fuerte”, indicó Fabritius a 20minutos. Su propuesta parte del principio de repetición: al utilizar una misma obra de forma constante, las primeras notas se transforman en un estímulo automático que dispara el enfoque.
La especialista subrayó que este mecanismo se apoya tanto en experiencias personales como en estudios científicos sobre el impacto de la música en el funcionamiento cognitivo. De acuerdo con su planteo, el uso reiterado de una pieza musical facilita que la mente entre en modo productivo con mayor rapidez.

Fabritius destacó que las obras clásicas, como las de Bach, resultan especialmente eficaces para este fin, ya que promueven la concentración sin incluir distracciones auditivas ni contenido verbal. Esto facilita la creación de un entorno mental estable y propicio para tareas que requieren atención sostenida.
Esta perspectiva se ve respaldada por una investigación publicada en Scientific Reports, donde se concluye que la música relajante y estructurada contribuye tanto al estudio como al descanso. Los autores del estudio recomiendan melodías con tempo moderado, patrones rítmicos previsibles y bajos niveles de ruido para favorecer el rendimiento cognitivo.
Por el contrario, estilos como el tecno o la música disco, caracterizados por su alta intensidad y variabilidad, pueden dificultar la concentración. Según el estudio, estos géneros introducen estímulos abruptos que alteran el foco mental, haciendo más difícil sostener la atención durante períodos prolongados.
Otro elemento clave en el enfoque de Fabritius es la duración de la pieza musical elegida. Las Variaciones Goldberg, con cerca de noventa minutos de extensión, permiten desarrollar bloques de trabajo largos sin necesidad de modificar la música, lo que contribuye a evitar interrupciones externas o decisiones innecesarias.

La neurocientífica advirtió que, a pesar de la efectividad del método, la respuesta emocional ante la música es profundamente individual. Algunas personas pueden reaccionar favorablemente a una composición concreta, mientras que otras no experimentan el mismo beneficio. Por ello, recomienda un proceso de prueba y error hasta encontrar la obra más adecuada para cada caso.
En los últimos años, esta estrategia ganó popularidad entre profesionales de diversas disciplinas, quienes buscan formas simples de mejorar su rendimiento sin recurrir a estímulos externos más invasivos. El uso planificado de la música se presenta como una herramienta accesible y de bajo costo para incrementar la productividad.
A medida que se profundizan las investigaciones sobre neurociencia aplicada y hábitos de trabajo, crece el interés en integrar recursos auditivos como parte de la rutina diaria. La creación de ambientes sonoros personalizados podría ser una de las claves para enfrentar los desafíos de concentración en entornos laborales cada vez más demandantes.
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