Cuando hablamos de manos frías no nos referimos solo a lo que ocurre en invierno, sino durante todo el año. En algunas personas, esta característica se vincula a cuestiones naturales y no reviste mayor importancia.
Sin embargo, en muchos casos, cuando notamos las manos frías tanto en invierno como en verano, este síntoma puede alertar sobre un problema de salud subyacente.
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Entre las causas más frecuentes se encuentran los trastornos circulatorios, como las enfermedades arteriales periféricas. En estos casos, las arterias no funcionan correctamente y la sangre circula con dificultad por las manos, lo que genera esa sensación persistente de frialdad.
Otra causa habitual, especialmente entre las mujeres, es el hipotiroidismo. Se trata de una condición frecuente que afecta aproximadamente a ocho o nueve mujeres por cada hombre, y puede manifestarse con manos frías entre otros síntomas.
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La anemia también debe considerarse en estos casos. La anemia aparece cuando el organismo no produce suficientes glóbulos rojos saludables. Esto reduce la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos, lo que puede provocar sensación de cansancio y debilidad.
Además, el estrés crónico puede desencadenar vasoconstricción: los vasos sanguíneos se estrechan a raíz de la tensión y el aumento de adrenalina, haciendo que las manos se enfríen.
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Aunque en algunas personas tener las manos frías puede formar parte de su constitución, en muchas otras no. Por eso, es importante estar atentos y consultar con un médico para identificar la causa. Las manos frías pueden ser un síntoma al que vale la pena prestar atención.
Enfermedades poco frecuentes y manos frías
La Universidad de Utah, en Estados Unidos, también señala que, cuando esa sensación de frío no cede y los dedos no logran calentarse, puede alertar también de la llamada fenómeno síndrome de Raynaud.
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El doctor Christopher Goodenough, cirujano plástico y reconstructivo de la Universidad de Utah, explicó: “Los vasos sanguíneos que rodean los dedos se contraen de forma natural, pero el fenómeno de Raynaud es una respuesta patológica exagerada o antinatural a un estímulo frío”.
En esta condición, los pequeños vasos sanguíneos de las manos y los pies se contraen más de lo habitual ante el frío o el estrés, lo que reduce el flujo sanguíneo y provoca que los dedos cambien de color —a blanco, azul o morado— y generen dolor, hormigueo o entumecimiento. Cuando retorna la circulación, los dedos recuperan una tonalidad roja intensa.
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Sobre la importancia de consultar en casos persistentes, Goodenough añadió: “Puede progresar hasta el punto de que las personas no reciban suficiente flujo sanguíneo en los dedos de forma crónica, lo que puede provocar heridas. En los casos más graves, los dedos no reciben suficiente sangre y no pueden sobrevivir”.
Por eso, si los cambios de color o la molestia en los dedos se presentan en cada invierno o incluso aparecen heridas, es momento de acudir a un médico.
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* El doctor Daniel López Rosetti es médico (MN 62540) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Presidente de la Sección de Estrés de la World Federation for Mental Health (WFMH). Es autor de libros como: “Emoción y sentimientos” (Ed. Planeta, 2017), “Equilibrio. Cómo pensamos, cómo sentimos, cómo decidimos. Manual del usuario” (Ed. Planeta, 2019), “Recetas para vivir mejor y más tiempo” (Ed. Planeta, 2025), entre otros.
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