
La costumbre de quitarse los zapatos antes de entrar a una casa es una tradición milenaria arraigada en diversas culturas alrededor del mundo. Aunque en Occidente esta práctica no era tan común, la pandemia de COVID-19 la ha puesto de nuevo en el foco debido a razones sanitarias y de higiene. Esta costumbre tiene sus raíces en antiguas civilizaciones asiáticas, donde se consideraba una muestra de respeto y pureza, además de ser una necesidad práctica.
Razones científicas y estudios
Desde el punto de vista científico, quitarse los zapatos antes de entrar en casa puede ayudar a reducir la propagación de microbios y patógenos. Un estudio realizado en 2017 analizó las suelas de los zapatos de 280 participantes y descubrió que el 26,4% dieron positivo para Clostridium difficile, una bacteria altamente contagiosa y peligrosa.
Otro estudio de 2022 encontró coincidencias entre las cepas de C. difficile presentes en los zapatos de trabajadores sanitarios y las cepas que sufrían los pacientes hospitalizados en un 74% de los casos. Un análisis de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2023 reveló que más de la mitad de las partículas de polvo de interiores proceden del exterior, y los investigadores advirtieron que en el calzado puede haber desde plomo hasta materia fecal.
Sin embargo, los expertos consideran que el riesgo de contraer enfermedades por caminar con zapatos dentro de casa es relativamente bajo para la población general, a menos que haya bebés o niños pequeños que puedan llevarse a la boca lo que encuentran en el suelo.

El origen cultural de la tradición
La costumbre de quitarse los zapatos antes de entrar a una casa tiene raíces profundas en diversas culturas antiguas. En Asia, particularmente en China, se planteaba como una necesidad debido a la arquitectura tradicional de las viviendas y la costumbre de sentarse en el suelo. Los textos antiguos como el Liji y el Zhuangzi abordaban esta práctica como parte de la etiqueta y los ritos.
En Japón, el clima húmedo y las calles sin pavimentar contribuyeron a que se adoptara esta práctica para evitar ensuciar los pisos de tatami. Además, la influencia de los textos confucianos chinos reforzó esta idea. Las viviendas japonesas cuentan con un área específica llamada genkan para dejar los zapatos.
En la India, la práctica de quitarse el calzado al entrar a un hogar o lugar sagrado también tiene una larga historia enraizada en tradiciones hindúes y budistas. Se considera un gesto de respeto y pureza, similar a otras culturas asiáticas. En algunas civilizaciones antiguas de Medio Oriente y el Mediterráneo, como la mesopotámica y la fenicia, también existía la costumbre de descalzarse en determinados contextos, aunque no se extendía necesariamente a las viviendas particulares.

Simbolismo y religión
Históricamente, estar descalzo se ha vinculado con la humildad y el respeto. Muchas prácticas religiosas, como el budismo, el hinduismo y el islam, incluyen quitarse los zapatos antes de entrar a lugares sagrados como muestra de pureza y limpieza.
En el islam, la costumbre se extiende a los hogares, pues se considera un espacio sacrosanto. Los creyentes deben lavarse varias partes del cuerpo, incluidos los pies, antes de rezar. Asimismo, en el Imperio Otomano, el uso de pantuflas para estar en casa dejó su legado en varios territorios que formaron parte de su dominio.
Varias religiones antiguas también incorporaron la costumbre de quitarse el calzado como símbolo de respeto y humildad ante lo sagrado. En el judaísmo, por ejemplo, se menciona a Moisés descalzo ante la zarza ardiente. En el cristianismo, algunos monasterios adoptaron esta tradición para mantener la pureza de los lugares de oración.
Más allá de las razones prácticas, quitarse los zapatos al entrar en casa tiene un significado simbólico y cultural profundo. Representa dejar las preocupaciones del mundo exterior en la puerta y entrar en un espacio más íntimo y personal.
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